

Fray Francesco Ielpo, custodio de Tierra Santa (d), mira el lignum crucis de Santo Toribio de Liébana, sostenido por el Obispo de Santander (España), Mons. Arturo Ros. | Crédito: Diócesis de Santander.
El máximo representante de la custodia franciscana en Tierra Santa ha reflexionado sobre el sentido del sufrimiento durante un importante evento litúrgico celebrado en España. Durante su intervención, enfatizó que "la cruz no se explica con palabras", sino que requiere ser vivida en comunión con Jesucristo para encontrar consuelo y luz en medio de las dificultades.
Esta declaración tuvo lugar en el marco del hermanamiento oficial entre el Santo Sepulcro y el histórico Santuario de Santo Toribio de Liébana. Este enclave español destaca por ser uno de los cinco lugares santos de la Iglesia Católica a nivel global, compartiendo dignidad con Jerusalén, Roma, Santiago de Compostela y Caravaca de la Cruz. Cabe destacar que la comunidad franciscana cuida en este lugar desde los años 60 del siglo XX la reliquia del lignum crucis, considerada la pieza de mayor tamaño de la cruz de Cristo que se conserva en todo el planeta.
Un vínculo espiritual basado en el sacrificio supremo
Tras una estancia de varios días recorriendo distintas localidades de la Diócesis de Santander, el religioso participó en la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz. En esa jornada festiva, presidió la homilía de una eucaristía solemne concelebrada junto al obispo local, Monseñor Arturo Ros.
Durante su predicación ante los fieles congregados, el custodio definió a la basílica española y a los santos lugares de Jerusalén como "dos lugares unidos por un mismo misterio. El misterio de la cruz. El misterio de un amor que llega hasta el final".
Asimismo, al analizar los textos bíblicos proclamados durante la liturgia, comparó la etapa actual con el concepto del desierto, al cual describió como "el lugar de la prueba" donde se desvanecen los falsos apoyos humanos y surge el dilema fundamental sobre la verdadera fuente de confianza espiritual.
La paradoja del madero y la verdadera dimensión del amor divino
Profundizando en el simbolismo del madero sagrado, el sacerdote cuestionó cómo un elemento históricamente asociado a la ejecución y al suplicio pudo transformarse en el máximo emblema de redención para la humanidad. Ante esta disyuntiva, argumentó que la respuesta radica en la forma en que obra la providencia divina.
"No exaltamos el dolor, la violencia, la muerte. Exaltamos el amor que, en medio del dolor y de la muerte, permanece fiel hasta el final", aseveró el religioso, puntualizando que contemplar la cruz revela de manera definitiva hasta dónde Dios es capaz de amar.


El predicador contrastó los intentos humanos por evadir el dolor mediante la fuerza o la autosuficiencia con la actitud de entrega adoptada por Jesús. De este modo, explicó que la auténtica esperanza cristiana no promete una existencia exenta de adversidades, sino la certeza de que ya no existe sufrimiento alguno en el que Dios no pueda estar presente.
Respuesta cristiana ante el conflicto en Oriente Medio
Haciendo alusión al contexto actual que padece Medio Oriente, el representante franciscano calificó la realidad de la región como "un largo desierto hecho de guerra, miedo, violencia, sufrimiento y falta de perspectivas", un escenario donde numerosos creyentes se cuestionan dónde es posible hallar destellos de optimismo.
Frente a este panorama desolador, su mensaje desde el Gólgota fue claro al rechazar respuestas simplistas, prefiriendo apuntar hacia el madero sagrado para recordar que Dios no ha abandonado al hombre y que la tragedia del suplicio desemboca en la promesa del sepulcro vacío.
El sentido último del hermanamiento
Para concluir los actos conmemorativos, el custodio insistió en que la relevancia de unir espiritualmente ambos santuarios radica en la misión compartida de custodiar el mensaje central de la fe. Mientras el templo jerosolimitano proclama la magnitud del amor divino, el monasterio lebaniego perpetúa la memoria histórica de que dicho sacrificio alcanzó su culminación en la cruz.
"Este es el camino de nuestra fe: del desierto a la confianza, de la tentación al abandono en Dios. De la cruz a la vida, de la herida a la esperanza", concluyó el prelado ante los asistentes.








