

Hombres judíos ortodoxos realizan el ritual "Tashlich", durante el cual "los pecados se arrojan al agua para que los peces los consuman", en la ciudad costera israelí de Netanya, el 30 de septiembre de 2025, antes del Día de la Expiación, o Yom Kippur, el día más importante del calendario religioso judío. Crédito: Jack GUEZ / AFP
Un puente de entendimiento entre tradiciones
Frente a la inminente llegada de una de las festividades más solemnes del judaísmo, la jerarquía eclesiástica de Estados Unidos ha querido poner de relieve los profundos lazos espirituales que unen a católicos y judíos. Este acercamiento busca consolidar un espacio de fraternidad y amistad y comprensión genuinas entre ambas confesiones religiosas, promoviendo el respeto mutuo en un contexto global complejo.
El pronunciamiento institucional coincide con la proximidad de Yom Kippur, reconocido universalmente como el día de mayor recogimiento y significado espiritual dentro del calendario litúrgico judío. Esta conmemoración milenaria se caracteriza por jornadas de ayuno riguroso y expiación espiritual, celebrándose habitualmente entre los meses de septiembre y octubre. Las estimaciones para el próximo ciclo señalan que la festividad iniciará al caer la tarde del 20 de septiembre y concluirá al anochecer del 21 de septiembre de 2026.
La llamada a la introspección y la renovación
Mediante un mensaje audiovisual difundido el 18 de septiembre, Mons. Joseph Bambera, obispo de Scranton y máximo responsable del comité ecuménico e interreligioso de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), profundizó en el sentido trascendental de esta fecha. El prelado indicó que la conmemoración hebrea "invita a un examen profundo del año que ha pasado y a un compromiso con el año que comienza".
Asimismo, el representante de la Iglesia católica estadounidense subrayó la dimensión comunitaria y personal del arrepentimiento durante estas fechas tan señaladas. En su alocución, enfatizó que "en el centro de esta celebración está el reconocimiento de que nuestras relaciones con Dios y con los demás nos llaman continuamente a la reflexión, al arrepentimiento y a la renovación, para considerar cómo podemos vivir con mayor fidelidad y generosidad".
Compromiso firme contra cualquier manifestación de odio
Uno de los ejes centrales de la intervención episcopal fue la condena categórica a las actitudes discriminatorias. Mons. Bambera hizo hincapié en la imperiosa necesidad de "rechazar el antisemitismo en todas sus formas". En la misma línea, recordó que los fieles católicos tienen el deber moral de oponerse activamente a esta lacra social, al tiempo que se esfuerzan por adquirir un mayor y más profundo conocimiento de la tradición judía y de su pueblo.
Para respaldar esta postura institucional, el obispo rememoró los fundamentos del Concilio Vaticano II, trayendo a colación la influyente declaración conciliar Nostra aetate. Dicho documento histórico repudió de forma tajante la práctica del antisemitismo "en cualquier momento y por cualquier persona", poniendo de relieve las raíces comunes y los nexos históricos insoslayables entre la antigua fe de Israel y los cimientos del cristianismo.
El valor estratégico del diálogo interreligioso
Lejos de concebirse como un mero ejercicio académico o diplomático, el entendimiento entre diferentes credos posee una misión transformadora en la sociedad contemporánea. Según la perspectiva del obispo de Scranton, el diálogo interreligioso "no es simplemente un intercambio de ideas", sino un puente que "crea amistades, genera confianza y nos ayuda a reconocer nuestras responsabilidades unos hacia otros".
Hacia el tramo final de su intervención audiovisual, el prelado extendió sus mejores deseos a toda la comunidad judía, despidiéndose con la utilización de la fórmula tradicional empleada durante estas fechas solemnes: un afectuoso deseo de "Gmar Chatima Tov" para todos los espectadores y creyentes que celebran este periodo sagrado.








