24 septiembre, 2026

El "niño equilibrista", hijo de padres divorciados, se enfrenta a un juego de lealtades. | Crédito: Shutterstock.

Según un estudio presentado en 2024, “la probabilidad aproximada de que un matrimonio termine en divorcio estaría en torno al 50% en números redondos” en España. Esta es una realidad que golpea a la sociedad y a la que no es ajena la Iglesia Católica.

Por ello, el Centro de Orientación Familiar (COF) de la Diócesis de Cuenca presentó recientemente el programa “Niño equilibrista” que, siguiendo el modelo de grupos de ayuda mutua, atiende a hijos de padres separados y divorciados.

La directora del COF, Marta Guillén Tena, en conversación con ACI Prensa, explica que el nombre del programa hace alusión al “equilibrio de lealtades” al que un hijo hace frente ante la ruptura de sus padres que, en muchas ocasiones, se produce como un litigio en el que quedan en medio. “Deben tener la suficiente libertad y conciencia como para saber que pueden querer a su padre y a su madre igual”, añade.

Por eso, “necesitan fundamentalmente sentirse escuchados y ver reconocido su dolor”, así como que se les transmita que sus padres, “pase lo que pase, siempre serán sus padres”.

La situación de estos niños supone un desafío para la Iglesia desde el momento en que predica la santidad del matrimonio y su unidad indivisible. También por la dificultad que estas situaciones ofrecen a la hora de exponer el concepto de Dios Padre.

“Niño equilibrista”, por otro lado, es un concepto amplio que también alude a adolescentes, jóvenes e incluso adultos que “pueden identificar a ese niño equilibrista que llevan en el corazón”.

“Parece que no se enteran, pero se enteran”

En el origen remoto de este proyecto se encuentra una respuesta habitual de los padres que acuden en busca de ayuda al COF de Cuenca, a ser preguntados por los hijos. “Lo que nos transmitían los padres es que los hijos estaban bien”, describe la directora.

Sin embargo, la realidad es que “los niños, parece que no se enteran, pero se enteran” de lo que están viviendo y por eso pusieron en marcha el programa específico que tiene un año de duración.

Allí se les facilitan herramientas de comunicación con sus padres, sus iguales y otras figuras de referencia como abuelos, profesores o catequistas y se les enseña a diferenciar entre lo que sucede en su familia y lo que les define como persona.

“Nadie los va a juzgar”

Teresa Sarabia, la coordinadora del COF de Cuenca y del programa, expone que también se ayuda a los chicos a “entender qué es un duelo y por dónde están pasando ellos”, a gestionar los sentimientos y a abordar la relación con Dios y el perdón, “pues a veces se oscila entre la culpa y el perdón”.

“Este espacio es de absoluta confidencialidad, en el que todos los niños y sus padres pueden ser libres de expresarse libremente. Nadie los va a juzgar. Los acogemos desde un punto de vista auténtico, sincero, no fingido. Nosotros esto lo hacemos por amor, a mayor gloria de Dios, no a nuestra mayor gloria”, añade la directora del COF.

Por el momento, el programa lo hacen con hijos mayores de edad, porque en ocasiones uno de los padres no daba su consentimiento, pero también porque “pensamos que era lo más urgente, porque son los que en breve van a crear ya una familia”, detalla Sarabia.

Por otro lado, la coordinadora recuerda que el foco es el hijo, “pero la idea es trabajar con toda la familia”, por lo que se mantiene al tanto a sus padres del camino que sus hijos recorren, “para que luego ellos en casa puedan hablar. La idea es crear puentes entre ellos y que esto sea algo que se pueda poner sobre la mesa”.

Un programa para la Iglesia

La presentación del programa “Niño equilibrista” se ha realizado tras ocho años de preparación en los que han participado numerosos expertos de España y el extranjero, con el deseo de que se generalizara y que sirviera “para dar visibilidad a este dolor tan específico de los niños equilibristas, al margen de la edad que tengan. Que sepan que su dolor nos importa, que tiene infinito valor”, señala Marta Guillén.

Al mismo tiempo, buscan que cualquier otra diócesis pueda acogerlo: “No es un programa que queramos implantar solo nosotros. Somos parte de una sola Iglesia y todo lo que hacemos es para toda la Iglesia”, enfatiza.

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