El pontífice conoce de cerca la realidad social francesa
Durante su reciente viaje a la capital gala, el papa León XIV mantuvo un emotivo encuentro con diversos migrantes y refugiados asistidos por la Iglesia local. El evento se desarrolló en un contexto sociopolítico marcado por la alta polarización en torno a la gestión migratoria, un asunto neurálgico en la agenda pública de la nación europea de cara a los próximos comicios presidenciales, donde las posturas restrictivas cuentan con un fuerte respaldo popular.
De acuerdo con las estimaciones del instituto nacional de estadística francés, alrededor de ocho millones de inmigrantes residen actualmente en el territorio, lo que equivalía al 11,6 % de la población total del país en 2025. Esta realidad demográfica contrasta con las tensiones institucionales y la compleja integración laboral y social que experimentan miles de personas procedentes de distintos rincones del planeta.
La labor humanitaria de Maison Bakhita en la capital
La máxima autoridad de la Iglesia católica acudió específicamente a las instalaciones de Maison Bakhita, una institución dependiente de la Arquidiócesis de París que conmemora su quinto aniversario prestando asistencia integral a colectivos vulnerables. El establecimiento rinde homenaje a Santa Josefina Bakhita, quien sufrió la esclavitud durante su infancia en Sudán, y desde su apertura a finales de septiembre de 2021 ha logrado socorrer a 2.500 personas de 84 nacionalidades distintas mediante el esfuerzo constante de cinco empleados permanentes y 100 voluntarios.
El centro destaca por su enfoque práctico, ofreciendo talleres especializados en áreas como costura, gastronomía, artes visuales y herramientas informáticas. Durante su discurso conmemorativo, el obispo de Roma valoró profundamente esta iniciativa comunitaria: “El nombre de su centro […], que remite a Santa Bakhita, nos inspira a reconocer el papel fundamental de las mujeres en la construcción de una civilización del amor, alternativa a una cultura que desgarra las comunidades y deja a las ciudades enfermas de soledad”.
Testimonio de resiliencia y superación personal
Uno de los momentos más significativos de la jornada fue la intervención de Blessing, una ciudadana nigeriana de 31 años que compartió su compleja trayectoria vital. Tras recibir el respaldo de la organización católica Aux Captifs, la Libération —enfocada en socorrer a personas en situación de calle y redes de prostitución—, logró reorientar su rumbo laboral hacia la hostelería tras confesar que en el pasado “me vi obligada a hacer cosas que no quería hacer”.
A pesar de las adversidades, la mujer enfatizó el motor espiritual que sostuvo su proceso de recuperación: “Dios ocupa un lugar importante en mi vida. Sin Dios, nada es posible”. Asimismo, añadió: “Incluso en medio de las dificultades que he vivido, nunca dudé de su presencia y sabía que algún día abriría un nuevo camino para mí. A veces desearía que Dios pudiera borrar todo como un mago, pero sé que hará todo a su debido tiempo”.
Por su parte, Meysam, un refugiado de origen afgano de 35 años, compartió cómo el centro parisino le permitió perfeccionar su dominio del idioma francés y adquirir competencias textiles. Actualmente, el joven colabora activamente como voluntario para asistir a otros exiliados carentes de documentación: “Salgo dos veces por semana a las calles para encontrarme con personas exiliadas y refugiadas sin documentos. Es una forma de devolver lo que yo mismo recibí”.
Un llamamiento a la solidaridad institucional
Al concluir su recorrido por las instalaciones diocesanas, el líder católico extendió su reconocimiento a todos los agentes humanitarios involucrados en la asistencia social a lo largo del territorio francés, instándoles a perseverar en su labor solidaria.
“Sigan dando testimonio de ese cuidado mutuo que, mediante la acogida fraterna, los programas de formación y el diálogo con la ciudad, eleva el espíritu y hace que el mundo sea más humano”, puntualizó el pontífice ante los congregados, culminando el acto con una plegaria conjunta encomendada a la intercesión de Santa Bakhita y los referentes históricos de la caridad eclesial en Francia.








