27 septiembre, 2026

Un mensaje de esperanza frente a las corrientes actuales

Durante la eucaristía dominical celebrada en la pradera del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, el Papa León XIV dirigió un mensaje en el que posicionó a la Gruta de Massabielle como un faro de la fe cristiana. Ante miles de peregrinos congregados el 27 de septiembre de 2026, el pontífice advirtió sobre las tendencias contemporáneas que intentan devaluar la dignidad de las personas en situaciones de vulnerabilidad.

“Frente a las corrientes actuales que pretenden redefinir el valor de la vida humana ante la enfermedad, el sufrimiento o la vejez, la Gruta de Massabielle se erige como un santuario de la esperanza cristiana”, afirmó el Obispo de Roma al inicio de su predicación ante una multitud llegada desde distintos puntos de Francia y del mundo.

La llamada a la conversión y la urgencia del arrepentimiento

Analizando las lecturas litúrgicas de la jornada, el Santo Padre profundizó en la exigencia evangélica de volver la mirada hacia Dios. Recordando pasajes bíblicos del profeta Ezequiel y del Nuevo Testamento, subrayó que el Creador no desea la destrucción de sus hijos, sino que aspira a que cada ser humano abandone los senderos equivocados para alcanzar la plenitud.

En este sentido, el líder católico citó directamente las palabras evangélicas: “y ustedes […] no se arrepienten”, enfatizando que el tiempo de la gracia es el presente. Explicó además que la felicidad terrenal suele ser efímera, recordando la promesa que la Virgen María le hizo en su día a santa Bernardita: “No te prometo que serás feliz en este mundo, sino en el otro”.

La sacralidad de la fragilidad humana

Uno de los ejes centrales de la homilía giró en torno a la acogida de los enfermos y marginados. El pontífice destacó que en este enclave mariano las dificultades físicas no representan ningún impedimento, sino todo lo contrario. Las muletas, las sillas de ruedas y las lágrimas ocultas se transforman en testimonios tangibles de un amor divino que respeta y abraza la vulnerabilidad.

“Aquí no se rechaza ninguna fragilidad. Sus muletas, sus sillas de ruedas, sus lágrimas ocultas no son obstáculos: son el lugar, por excelencia, donde ustedes son respetados plenamente, acogidos y transformados por el amor infinito de Dios”, recalcó el Papa, insistiendo en que la existencia humana constituye un regalo divino destinado a florecer eternamente.

El triple llamamiento a la penitencia y la misión de la Iglesia

Al abordar la histórica manifestación de la Virgen sobre la necesidad de la penitencia —repetida en tres ocasiones a Bernardita—, el Papa indicó que este ejercicio espiritual trasciende el ámbito estrictamente personal. Supone también un acto de solidaridad hacia una humanidad quebrantada por los conflictos y el dolor.

Asimismo, el sucesor de Pedro señaló que la propia institución eclesiástica debe someterse a un examen de conciencia constante para sanar sus propias heridas y errores históricos. Recordó al respecto las palabras de san Agustín: “Que te desagrade siempre lo que eres si quieres llegar a lo que aún no eres”.

Un llamamiento final a los peregrinos y enfermos

Hacia el tramo final de su intervención, el Papa León XIV dirigió unas palabras de aliento especial a los enfermos presentes en la celebración litúrgica. Les recordó que su sufrimiento, ofrecido en unión con la Pasión de Cristo, posee un valor redentor insustituible para toda la Iglesia.

El pontífice concluyó exhortando a los asistentes a convertirse en auténticos embajadores del mensaje recibido en suelo francés. Los peregrinos, aseguró, abandonan el santuario transformados para llevar la paz, la fortaleza espiritual y la esperanza a sus respectivas comunidades de origen.

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