

Detalle del retablo de la capilla de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes de la Universidad Complutense de Madrid. | Crédito: Nicolás de Cárdenas / ACI Prensa.
Con motivo de los preparativos para conmemorar el octavo centenario del fallecimiento del religioso italiano, el fraile capuchino Víctor Herrero ofreció una disertación detallada sobre la trayectoria del patrono de los ecologistas y de los ingenieros de montes.
La ponencia se desarrolló en las instalaciones de la Universidad Complutense de Madrid, sirviendo como apertura para las actividades académicas y festivas dedicadas al santo, cuya partida física se registró concretamente el 3 de octubre de 1226.
Una evolución existencial radical
Durante su intervención, el especialista religioso profundizó en la compleja personalidad del santo más allá de las cronologías tradicionales. El punto de inflexión en su historia consistió en dejar atrás la concepción de la existencia entendida como un trofeo o una disputa constante, para empezar a valorarla plenamente como un obsequio inmerecido, lo que representa la verdadera esencia de su conversión personal.
La influencia de una crianza competitiva
En su etapa formativa, el joven experimentó la presión directa de su progenitor, un acaudalado mercader textil que depositó grandes ambiciones sobre sus hombros. Bajo este esquema mental orientado al triunfo social, la premisa consistía en destacar individualmente por encima de los demás. Su popularidad juvenil llegó a ser tan notable que sus coetáneos lo proclamaron líder de la juventud local.
El impacto transformador del cautiverio
El estallido bélico entre las localidades vecinas de Asís y Perugia involucró al joven en el frente de batalla, sufriendo una prolongada reclusión como prisionero que se extendió por espacio de un año. Esta vivencia drástica despojó al antiguo referente juvenil de todos sus privilegios, sumergiéndolo en condiciones insalubres y de total vulnerabilidad, un periodo de silencio interior que marcaría profundamente su mentalidad.
La crisis existencial y el doble descubrimiento
A raíz de aquella dura experiencia carcelaria, el futuro santo atravesó una profunda crisis que lo condujo a habitar en los márgenes de la sociedad urbana. Fue en ese entorno donde experimentó un doble acercamiento decisivo: primero, al contemplar el rostro sufriente de los leprosos y marginados; y segundo, al hallar una representación deteriorada y humilde de la cruz en un templo abandonado.
El compromiso con la fraternidad y la Iglesia
Paulatinamente, el religioso asumió una vocación marcada por la humildad y la hermandad universal. Lo que comenzó como un peregrinaje individual mendigando y compartiendo un mensaje sencillo de fe, pronto congregó a antiguos conocidos. Fiel a sus principios eclesiales, acudió ante las autoridades pontificias para validar su estilo de vida, rechazando cualquier intento de escisión y reafirmando su pertenencia absoluta a la comunidad católica.
El desafío administrativo del crecimiento masivo
La rápida expansión de la naciente comunidad religiosa por diversos territorios europeos y norteafricanos generó nuevos retos logísticos y espirituales. Al superar ampliamente las previsiones iniciales y alcanzar miles de adeptos, la orden requirió la redacción de normativas más estructuradas para gestionar adecuadamente a semejante masa de seguidores sin perder el radicalismo evangélico original.
Una particular concepción de la propiedad
Para ilustrar el entendimiento franciscano sobre los bienes materiales, el conferenciante recordó la aceptación del monte Alvernia. El santo comprendió que la obsesión por acaparar genera conflictos globales, de modo que poseer un espacio natural adquiere sentido únicamente cuando este se mantiene accesible para todos los seres vivos, transformándose en un regalo que se recibe sin cercas ni exclusiones.
La dimensión espiritual de la convivencia humana
Para el religioso medieval, el vínculo fraternal trascendía la mera biología para convertirse en una categoría netamente espiritual. La convivencia armónica no constituía una opción prescindible ni una utopía inalcanzable, sino un mandato esencial que exige celebrar las diferencias ajenas manteniendo una actitud vital permanentemente optimista hacia el prójimo.
Una mirada integradora hacia toda la creación
Finalmente, la perspectiva universalista del santo quedó inmortalizada en sus composiciones poéticas, donde otorgaba la condición de hermanos a los elementos naturales. Lejos de posturas politeístas, su sensibilidad reflejaba la convicción profunda de que la divinidad se manifiesta y se entrega a través de la existencia entera, unificando a la humanidad y al entorno bajo un mismo lazo de hermandad.








