

El Papa León XIV durante el rezo del Ángelus este domingo 4 de octubre en el Vaticano. | Crédito: Vatican News.
Durante la tradicional oración dominical desde el Palacio Apostólico, el máximo jerarca de la Iglesia católica recordó la profunda huella dejada por el santo de Asís, enfatizando que su ejemplo continúa generando frutos espirituales notables en la actualidad. Ante una multitud congregada en la Plaza de San Pedro, el Obispo de Roma instó a los presentes a fomentar la concordia y a suplicar de forma constante por la pacificación global.
“Comprometámonos sinceramente a construir la concordia entre los pueblos”, afirmó el Pontífice frente a los fieles.
En el marco de su alocución dominical, el líder religioso analizó las lecturas del día y reflexionó sobre cómo la misión redentora de Jesucristo encontró oposición justamente en aquellos sectores que debían recibirlo con beneplácito. Al respecto, indicó que la historia humana suele registrar episodios de incomprensión y hostilidad hacia lo divino, aunque la intervención providencial siempre opera mediante la misericordia.
“Él es el Hijo de Dios enviado al mundo, pero es rechazado precisamente por aquellos que deberían haberlo acogido con los brazos abiertos. El que ha venido a traer la salvación recibe una condena; el que quiere dar la vida es condenado a muerte”, señaló.
Asimismo, el sucesor de Pedro transmitió un mensaje de esperanza al asegurar que la divinidad interviene constantemente en los momentos de mayor dificultad para la sociedad, transformando el dolor en oportunidades de salvación y acompañando los tropiezos de cada individuo sin descartar a nadie.
La relevancia histórica del santo de Asís
Conectando el relato evangélico con las celebraciones litúrgicas recientes, el Papa trajo a la memoria la figura del histórico religioso italiano, recordando la misión histórica encomendada de restaurar la institución eclesiástica a través de la conversión personal y comunitaria.
“Deseo recordar a un trabajador que se dedicó con gran fruto en la viña del Señor: San Francisco de Asís, a quien el propio Jesús pidió que reparara su Iglesia”, expresó el Santo Padre.
El líder del Vaticano profundizó en las virtudes que caracterizaron al fundador de la orden mendicante, puntualizando que su labor de renovación comenzó modelando su propia existencia bajo los preceptos de la doctrina cristiana, la humildad y la aceptación del sufrimiento hasta la experiencia mística.
“Inspirado por el Crucificado, Francisco edificó ante todo su propia vida sobre el fundamento de Cristo, compartiendo su pobreza, su alegría y sus sufrimientos, hasta recibir el signo místico de los estigmas”, recordó.
De igual manera, el Papa definió al religioso medieval como un ferviente devoto y un difusor incansable de la fraternidad universal, cuyos primeros discípulos adoptaron una postura de profunda austeridad como método legítimo para revitalizar la estructura eclesiástica de su época.
Para concluir su intervención dominical, el jerarca subrayó que el carisma franciscano mantiene intacta su vitalidad y continúa beneficiando a la comunidad eclesial a través de sus múltiples expresiones contemporáneas.
“De ello dan testimonio no sólo la gran y dinámica familia franciscana, sino también los numerosos dones que su legado espiritual difunde entre el Pueblo de Dios”, concluyó.








