

En el marco de la festividad de San Miguel Arcángel, santo patrono del cuerpo de seguridad, el Papa León XIV presidió una solemne Eucaristía dedicada específicamente a los integrantes de la Gendarmería Vaticana. La ceremonia litúrgica tuvo como escenario la emblemática Gruta de Lourdes, situada en el interior de los Jardines Vaticanos.
Durante su predicación ante los agentes de seguridad, el máximo representante de la Iglesia católica subrayó que la misión de los gendarmes va mucho más allá de la mera vigilancia física de recintos, perímetros o accesos institucionales. Según indicó el Pontífice, su labor diaria constituye “una manera de ser obreros en la viña del Señor”, cuyo enfoque principal debe centrarse en la protección y el resguardo de las personas.
La autoridad entendida como servicio y protección
El obispo de Roma valoró profundamente la actitud empática que caracteriza habitualmente a estos funcionarios en el ejercicio de sus funciones cotidianas dentro del Estado de la Ciudad del Vaticano. Al respecto, destacó un aspecto fundamental de su conducta profesional al señalar que “es hermoso ver cómo miran al otro no como un problema por resolver, sino como a una persona a la que respetar y custodiar”.
Profundizando en las lecturas bíblicas de la jornada, el líder religioso vinculó el mensaje evangélico de la parábola de los viñadores homicidas con las responsabilidades que asume cada miembro del cuerpo de seguridad. En este sentido, recordó a los presentes que las atribuciones institucionales y el poder conferido no deben interpretarse como un privilegio, sino como una encomienda que requiere de máxima humildad, discreción y sentido del deber.
Asimismo, el sucesor de Pedro enfatizó que el ejercicio del mando y el orden público deben manifestarse siempre a través de la capacidad de escucha, el equilibrio y el respeto mutuo, situando explícitamente a Jesucristo en el centro de sus vidas para guiar cada una de sus decisiones personales y profesionales.
Vigilancia interior y fortaleza espiritual
Abordando los desafíos psicológicos y emocionales que conlleva una profesión tan exigente, el Santo Padre citó las epístolas paulinas para recordar a los oficiales que la labor policial suele alternar momentos de tranquilidad con situaciones críticas e imprevistas que generan desgaste físico y mental. Frente a las tensiones inherentes al servicio, formuló una recomendación orientada al bienestar espiritual del personal.
“El gendarme no carga todo solo: ora, sabe encomendarse, sabe reencontrar en Dios esa paz que le permite actuar con lucidez y con corazón sereno”, afirmó el Pontífice, insistiendo en que la salvaguarda de terceros requiere ineludiblemente de un proceso previo de purificación y rectitud interior.


El obispo de Roma exhortó a los efectivos a velar rigurosamente por sus propias conciencias, cultivando valores esenciales como la justicia, la verdad y la bondad, al tiempo que fomentaban la cohesión y el apoyo mutuo dentro de la institución para evitar el aislamiento emocional.
Reconocimiento especial al entorno familiar
Hacia el tramo final de su alocución, el jerarca católico dedicó un espacio para expresar su profunda gratitud hacia los seres queridos de los funcionarios policiales, reconociendo el impacto que la carrera castrense y de seguridad genera en el ámbito doméstico.
“A los padres, a las esposas, a los hijos, a las novias: ¡gracias! Ustedes conocen los sacrificios, las ausencias, los horarios, las preocupaciones y también el peso de un servicio que no siempre se ve”, manifestó el Papa León XIV, cerrando de esta manera la solemne ceremonia litúrgica dedicada al cuerpo de seguridad de la Santa Sede.








