5 octubre, 2026

Mons. Alfonso Gerardo Miranda Guardiola en la peregrinación de la Diócesis de Piedras Negras a la Basílica de Guadalupe. Crédito: Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe.

Al cumplirse una década desde la divulgación de la exhortación apostólica Amoris laetitia, el responsable de la Dimensión Episcopal de Familia de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), monseñor Alfonso Gerardo Miranda Guardiola, analizó ante ACI Prensa los aspectos fundamentales que esta carta pontificia aporta a la labor eclesial actual.

El texto, dado a conocer de forma oficial el 8 de abril de 2016 por el Papa Francisco, consolidó los aportes de dos asambleas sinodales dedicadas a la institución familiar, abarcando cuestiones esenciales como la unión conyugal y la crianza de los infantes.

Desde su aparición, el documento generó profundas discusiones teológicas y pastorales. Un punto de inflexión ocurrió cuando los prelados de la Región Pastoral de Buenos Aires interpretaron que el escrito abría la puerta para que ciertos católicos en situaciones de divorcio y nueva unión civil pudieran acceder a la Reconciliación y a la Eucaristía, tras un riguroso discernimiento y bajo circunstancias específicas donde negarse implicaría dañar a los hijos del nuevo vínculo.

Posteriormente, en el año 2023, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe validó dicha interpretación al integrarla formalmente dentro de los Acta Apostolicae Sedis, ratificando su pertenencia al magisterio ordinario de la Iglesia.

1. Las familias como protagonistas y no solo como destinatarias

Para monseñor Miranda Guardiola, el texto papal mantiene total actualidad y funciona como una convocatoria permanente para anunciar la fe desde la propia cotidianidad de los hogares. El jerarca eclesiástico subrayó que el gran cambio de paradigma radica en comprender que la familia no es solamente destinataria de la acción pastoral de la Iglesia, sino que constituye un auténtico sujeto activo de evangelización y misión.

En este sentido, enfatizó que el cuidado pastoral debe trascender la fase previa al matrimonio, abarcando los primeros años de convivencia conyugal y extendiéndose de forma permanente a lo largo de las diversas crisis y etapas evolutivas del núcleo familiar.

“Hay una convicción que debemos fortalecer: las propias familias pueden acompañar a otras familias, transmitir la fe y convertirse en constructoras de comunidad y de paz”, aseguró el obispo.

2. El desafío de un acompañamiento preventivo y sin juzgar

Si bien el representante del Episcopado Mexicano reconoció progresos significativos en la formación prematrimonial, advirtió que el seguimiento a los recién casados continúa siendo insuficiente y fragmentado, lo que provoca que las comunidades eclesiales suelan reencontrarse con las parejas únicamente cuando la ruptura ya es inminente.

Por esta razón, recalcó que la verdadera dimensión del acompañamiento descrita en el documento pontificio todavía requiere mayor arraigo práctico, pues exige caminar junto a las personas de manera continua y no limitarse a intervenir ante emergencias.

Asimismo, admitió que todavía subsisten actitudes de juicio o rigorismo frente a realidades domésticas complejas, haciendo indispensable una mayor capacitación pastoral para afrontar problemáticas como la violencia intrafamiliar, los desafíos de la salud mental y la discapacidad.

“El reto es continuar avanzando hacia una pastoral más cercana, preparada y capaz de integrar, sin renunciar al discernimiento y a la responsabilidad”, afirmó.

3. Ofrecer a las nuevas generaciones un testimonio creíble de amor

Finalmente, el prelado mexicano reflexionó sobre la vigencia del documento frente a las inquietudes de los jóvenes de hoy, quienes a pesar de anhelar vínculos sólidos y verdaderos, experimentan constantes dudas, temor al fracaso o provienen de contextos familiares fracturados.

Ante este panorama, monseñor Miranda Guardiola concluyó que el matrimonio cristiano debe proyectarse más allá de las palabras, respaldándose en testimonios reales de parejas que demuestren cómo los lazos afectivos se edifican día a día superando obstáculos mediante la reconciliación, la fidelidad y la esperanza mutua.

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