

El Papa León XIV. | Crédito: Daniel Ibáñez/EWTN News.
Un encuentro crucial en el Vaticano
Durante la jornada del 12 de octubre, el máximo representante de la Iglesia católica sostuvo una audiencia privada en la Ciudad del Vaticano con Monseñor Carlos Herrera Gutiérrez, quien encabeza la Conferencia Episcopal de Nicaragua y lidera la diócesis de Jinotega. Como es habitual en este tipo de convocatorias diplomáticas y pastorales, la secretaría de comunicación de la Santa Sede emitió un reporte confirmando el encuentro, aunque optó por no divulgar pormenores de la conversación mantenida a puerta cerrada.
#AHORA 🇻🇦🇳🇮 El papa León XIV recibió este lunes en audiencia a monseñor Carlos Enrique Herrera, obispo de Jinotega y presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), desterrado por el régimen sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo. pic.twitter.com/JG5k2ktzij
— Gran Confederación Opositora Nicaragüense GCON (@GCONicaragua) October 12, 2026
Esta cita representa la segunda ocasión en que el actual pontífice recibe formalmente al jerarca nicaragüense. El antecedente inmediato tuvo lugar el 23 de agosto de 2025, fecha en la cual el prelado acudió a la sede papal en compañía de otros miembros del episcopado desterrado, específicamente Monseñor Silvio Báez e Isidoro Mora.
Cabe destacar que en aquella primera cumbre no estuvo presente Monseñor Rolando Álvarez, máxima autoridad eclesiástica en Matagalpa y figura clave de la resistencia pastoral, quien había sido forzado al destierro a comienzos de 2024. Sin embargo, Álvarez también logró reunirse con el Santo Padre posteriormente, consolidando un mapa de diálogo directo sobre la crisis humanitaria y eclesial que atraviesa la nación centroamericana bajo el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Especialistas en la materia han señalado la importancia capital de estas visitas institucionales. Al respecto, la reconocida investigadora y autora del informe especializado Nicaragua: Una Iglesia perseguida, Martha Patricia Molina, declaró que “Monseñor Herrera es uno de los obispos desterrados por la dictadura sandinista y esta ocasión es una excelente oportunidad para que el obispo le platique al Papa acerca de la realidad que se vive en Nicaragua en torno a la persecución religiosa”.
Nuevas ordenaciones bajo la sombra del exilio
La reciente reunión en la Sede Apostólica coincide temporalmente con acontecimientos significativos para la comunidad seminarista desterrada. Apenas un par de días antes del cónclave con el obispo, se celebró la ordenación diaconal del joven Alester de Jesús Sáenz Centeno, quien formaba parte del clero en formación de Siuna y fue expulsado de su territorio natal en el mismo operativo que afectó a la cúpula episcopal.
La ceremonia litúrgica se llevó a cabo el 10 de octubre dentro de la histórica Basílica de San Juan Letrán, cumpliendo el rol de catedral diocesana en Roma. La eucaristía solemne estuvo encabezada por el Cardenal Baldassare Reina, quien desempeña funciones como Vicario General para la diócesis de la capital italiana.
La situación administrativa de la Iglesia en el territorio nicaragüense enfrenta un bloqueo sistemático sin precedentes. Actualmente, al menos cuatro jurisdicciones eclesiásticas —Jinotega, Matagalpa, Estelí y Siuna— tienen vetada la celebración de sacramentos de ordenación sacerdotal y diaconal debido a la ausencia forzada de sus respectivos pastores titulares.
Analistas del fenómeno sociopolítico apuntan a que los efectos de estas medidas restrictivas dañan profundamente el tejido comunitario. De acuerdo con las estimaciones compartidas por la experta Martha Patricia Molina, la diócesis de Siuna intenta sostener sus compromisos pastorales operando únicamente con el 65% de su clero original, mientras el porcentaje restante permanece en el exilio forzoso.
Ante esta coyuntura restrictiva, los seminaristas y sacerdotes afectados han tenido que buscar alternativas complejas. Algunos optan por trasladarse a zonas administrativas donde las autoridades gubernamentales todavía permiten la consagración de ministros, mientras que otros deben salir del país para recibir la investidura de manos de sus propios obispos desterrados. Lamentablemente, un grupo considerable queda en un limbo profesional, ejerciendo labores de apoyo parroquial sin la plenitud del orden sagrado.
Molina profundizó en la gravedad del contexto actual al recalcar que “la persecución religiosa cada vez es más fuerte, pero sin visibilidad por el miedo de denunciar este tipo de arbitrariedades”, añadiendo que el caso del diácono Sáenz refleja la resistencia vocacional a pesar de los abusos policiales y paramilitares sufridos. “Esta ordenación ha llenado de júbilo al pueblo católico, y también a todas las personas que de una u otra manera vieron crecer esa vocación”, puntualizó.
Voces de resistencia desde la diáspora
Paralelamente a las gestiones diplomáticas en Europa, el obispo auxiliar de Managua, Monseñor Silvio Báez, aprovechó su mensaje dominical desde el exilio en Florida para enviar un mensaje de fortaleza espiritual a los fieles. Durante su homilía en la comunidad de Santa Agatha, reflexionó en torno a las parábolas bíblicas sobre los banquetes celestiales y la hostilidad de los poderosos frente a los emisarios de la fe.
El prelado nicaragüense comparó las actitudes de rechazo histórico con el comportamiento de las administraciones autoritarias contemporáneas. En su intervención pública, advirtió que “como aquellos invitados, los dictadores de nuestro tiempo tienen el corazón tan oscurecido por la ambición y la crueldad que no sólo rechazan la invitación, sino que también arruinan la fiesta de la vida, convirtiendo la convivencia social en una amarga vigilia de luto, sostenida por el miedo, la amenaza y la represión”.
Asimismo, el obispo cuestionó la narrativa oficial de los gobernantes al señalar que “dicen invocar a Dios, pero se festejan a sí mismos; dicen celebrar sus triunfos, pero se aíslan cada vez más. Su aislamiento revela la fragilidad de un poder que no tiene futuro”. Finalmente, cerró su intervención reafirmando una visión de esperanza institucional y comunitaria frente a la represión: “La última palabra sobre la historia no la tienen ellos, sino Dios. A pesar de todo, habrá fiesta”.








