

El director de OMP España, P. José María Calderón (i), la religiosa misionera Maricarmen Gutiérrez (c) y Carlos Bobillo, primer misionero de Hakuna (d). | Crédito: Nicolás de Cárdenas/EWTN News.
La religiosa Maricarmen Gutiérrez, con casi 50 años de experiencia, y el laico Carlos Bobillo, primer misionero de Hakuna, ponen rostro a la misión ad gentes desde España a punto de cumplir 100 años del Domund el próximo domingo 18 de octubre.
Durante un encuentro informativo organizado por Obras Misionales Pontificias en España, la hermana Maricarmen, de las Misioneras de Cristo Jesús, expuso cuál ha sido el secreto de su perseverancia a lo largo de casi cinco décadas.
“Toda mi vida lo he deseado desde la edad de siete años. Entonces lo que estaba viviendo era el sueño de mi infancia. La fidelidad, yo creo que es una gracia de Dios que me ha dado para todos estos años. Pero es porque Él ha sido fiel conmigo. Lo he dicho. Dios no me ha fallado nunca”, explicó a preguntas de EWTN News Español.
“¡Qué impacto hace el Evangelio en las personas cuando lo escuchan por primera vez!”
Al llegar a la República Democrática del Congo en 1969, la religiosa quedó impactada por que, subida en la trasera de un camión lleno de bidones de gasolina, los lugareños comenzaron a cantar en gregoriano.
Más allá de estas y otras anécdotas, la misionera destacó el gozo que le ha embargado cada vez que ha sido consciente de dar a conocer por primera vez la Palabra de Dios: “Eso sí que es precioso. ¡Qué impacto hace el Evangelio en las personas cuando lo escuchan por primera vez! Es una alegría grandísima, grandísima”.
También ha experimentado una alegría profunda cuando en su vida se han reproducido escenas de la vida pública de Jesús, como cuando unas niñas le pidieron que les enseñara a rezar. Al volver a su casa, rebozaba de gozo: “Por el camino no os imagináis cómo estaba mi corazón, a punto de un ataque cardíaco. ¡Tenía tanta alegría! Yo más que ellas. ¡Tanto gozo!, que iba a decir, Señor, gracias. Gracias por haberme mandado aquí. Qué suerte tengo de estar aquí. Gracias, Señor. Gracias. No me cansaba de dar gracias a Dios porque me había enviado allí donde está la primera evangelización”.
A lo largo de sus años de misión, unos pocos los pasó en Chad, donde fue secretaria del obispo del Vicariato de Mongo, uno de los territorios beneficiados por la ayuda recogida en el día del Domund. En ese tiempo comprobó cómo el dinero se destinaba con integridad a los proyectos presentados.
A sus 85 años, esta misionera está en Madrid una temporada para curarse una lesión del brazo, pero su corazón está deseando volver a África: “En cuanto esto se arregle, adiós. Me voy al África, que es a quien pertenezco. Yo siento que pertenezco a los demás, a otros y a los africanos”, antes de detallar que tiene “la maleta preparada”.
“No vuelvo al Congo porque soy fiel, no. Sino porque Dios es fiel conmigo. Siempre lo ha sido. Y aquí estoy, con un pie en el avión”, remató.
Carlos Bobillo, primer misionero de Hakuna
Carlos Bobillo tiene 37 años y procede de una familia atea. Sus padres están divorciados y él se educó en un colegio laico. Cuando estaba empezando sus estudios universitarios, un amigo le convenció para ir a Burundi. Ese amigo es hoy sacerdote y ha sido misionero: el P. Ignacio Amorós, impulsor de la plataforma de evangelización digital Se buscan rebeldes.
De aquél primer viaje ya han pasado casi dos décadas. A pesar de su falta de fe, la posibilidad de desarrollar una labor filantrópica le llevó hasta el país más pobre del mundo. Allí quedó interpelado por la felicidad de sus gentes, en medio de la necesidad material y la alegría profunda de los misioneros, “no de la sonrisa, sino de los ojos”, por su entrega.
Siguió cooperando durante los veranos y preparando proyectos. Tras una experiencia profesional fuera de España, algo rugía en su corazón “como un ancla, como un faro que me recordaba: Ahí has sido feliz, ahí has sido feliz. Tienes que volver. Tienes que volver”.
Así, en 2018 decidió quedarse dos años en Burundi, una etapa “de muchísima riqueza espiritual” en la que asentó las bases de su fe y experimentó una profunda conversión. El próximo mes de enero, volverá a Burundi, ya como misionero permanente, el primero surgido de Hakuna.
Hace dos años, tras muchas conversaciones con su iniciador, el sacerdote José Pedro Manglano, viajó con él hasta el país africano. Allí vieron la posibilidad de que el carisma de Hakuna ayude a que la fe del pueblo congoleño se haga más cercana a un Dios de misericordia a través de la capellanía de una universidad. El pasado mes de mayo volvieron los dos a Burundi y decidieron poner en marcha una maternidad, ya que en uno de cada diez partos muere la madre o el niño.
Carlos Bobillo explica cómo se convirtió en misionero laico: “Hay una decisión y una libertad, pero una llamada, por supuesto, de todo eso que he vivido en Burundi, que me ha ido conformando, me ha ido dando esa identidad, me ha dicho ‘quién eres y para quién eres’”.
Para Bobillo, en la vida en Burundi se experimentan “unas bienaventuranzas reales, encarnadas”, donde “cada día es un regalo continuo y un renovarse en ese abandono en Dios”. Un campo de cultivo ideal para la misión, porque “muchas veces un plato de comida, o un partido de fútbol habla igual de Dios que el Evangelio”.








