26 octubre, 2026

Guía para católicos: qué elementos incluir y cuáles evitar en el altar de Día de Muertos

La tradicional celebración del Día de Muertos en México destaca por la instalación de altares u ofrendas domésticas, espacios decorados con retratos de los seres queridos fallecidos, flores de cempasúchil en tonos anaranjados, velas y diversos platillos típicos que evocan la memoria de quienes ya partieron.

Además de funcionar como un punto de encuentro para el recuerdo familiar, estos altares suelen combinar expresiones culturales con manifestaciones religiosas. No obstante, en ocasiones se introducen prácticas o creencias de carácter supersticioso que resultan contrarias a la doctrina católica.

Para brindar orientación a los fieles sobre esta festividad, diversos sacerdotes detallaron qué objetos pueden integrarse legítimamente en la ofrenda y cuáles deben descartarse por completo.

Las cuatro dimensiones de la muerte

El padre Luis Fernando Valdés, doctor en Teología por la Universidad de Navarra y director del área teológica en la Universidad Panamericana de México, explicó que la muerte, al igual que el nacimiento, no es un hecho puramente biológico, sino que se trata de un acontecimiento de naturaleza multidimensional.

De acuerdo con el especialista, este fenómeno abarca una fase biológica y metafísica, entendida como el cese de la vida terrenal y la separación entre cuerpo y alma; una dimensión afectiva y familiar, centrada en el duelo y los vínculos de amor; un ámbito cultural, que define cómo cada comunidad concibe la transición hacia la otra vida; y finalmente, una vertiente religiosa y trascendente.

Sobre esta última, el teólogo señaló que en nuestro caso como católicos, es la apertura a lo divino a través de Jesucristo, quien ha vencido a la muerte mediante su resurrección.

El sacerdote indicó que la convivencia armónica de fotografías familiares, elementos tradicionales y símbolos de fe dentro de una misma ofrenda refleja la riqueza integral de la persona humana, permitiendo manifestar conjuntamente la memoria, la cultura y la esperanza en la vida eterna.

Transformar el adorno en pedagogía de la fe

Por su parte, el padre Francisco Manuel Aguilar Ortega, canónigo de la Catedral de Puebla y secretario general del Pontificio Seminario Mayor Palafoxiano, enfatizó la necesidad de otorgarle a estas estructuras un sentido misionero alineado con las verdades del Credo.

El presbítero advirtió que toda creencia en una espiritualidad fatalista y reiterativa de la condenación es incompatible con la fe que confiesa nuestra amada Iglesia Católica, por lo que resulta indispensable purificar aquellas prácticas que se alejan del optimismo cristiano sobre la vida eterna.

Junto a los elementos habituales como alimentos de temporada, papel picado, velas y retratos, el canónigo recomendó añadir un crucifijo, ejemplares de la Sagrada Escritura y signos eucarísticos como trigo, uvas o pan ázimo. Asimismo, sugirió incorporar fragmentos del Nuevo Testamento referentes a la promesa de la vida eterna, como los textos del Evangelio de san Juan.

De esta manera, el altar se convierte en un espacio donde las familias pueden reunirse para rezar el Rosario, logrando que dejará de ser un adorno de temporada para ser una pedagogía en la fe de nuestra amada Iglesia Católica.

Altar monumental de Día de Muertos en Huaquechula, Puebla (México), con flores, velas, alimentos, fotografía del difunto e imágenes religiosas, el 1 de noviembre de 2025. | Crédito: David Ramos/EWTN News.
Altar monumental de Día de Muertos en Huaquechula, Puebla (México), con flores, velas, alimentos, fotografía del difunto e imágenes religiosas, el 1 de noviembre de 2025. | Crédito: David Ramos/EWTN News.

La delgada línea entre la piedad y la superstición

Al momento de diseñar la estructura conmemorativa, el padre Valdés recalcó la relevancia de distinguir entre un recuerdo cultural respetuoso y la superstición. Desde una perspectiva subjetiva, colocar los manjares preferidos del difunto o encender una veladora constituye un acto legítimo de afecto y una expresión de fe en Cristo como luz del mundo.

No obstante, advirtió que el problema surge cuando se le atribuye al objeto un poder mágico o una función que no tiene, como suponer que la ausencia de determinados alimentos provocará castigos o que las ofrendas tienen la capacidad de apaciguar a los difuntos.

Igualmente, el experto subrayó que existen elementos intrínsecamente incompatibles con la doctrina cristiana, tales como objetos vinculados a la magia negra, el esoterismo o representaciones del culto a la denominada “Santa Muerte”, los cuales atentan de manera directa contra la confianza en Dios.

Para concluir, el sacerdote recordó que la idoneidad de un altar se evalúa garantizando que los objetos sean coherentes con la fe y que la motivación principal de los creyentes sea el amor, la oración y la esperanza en la resurrección, evitando por completo el miedo o las prácticas mágicas.

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