Uruguay se prepara para recibir al papa León XIV en medio de una profunda secularización social
Apenas restan diez días para el esperado arribo del papa León XIV a territorio uruguayo, un acontecimiento que genera gran entusiasmo y expectativa en la ciudadanía. Para una parte considerable de la población, esta será la primera oportunidad de presenciar un evento de esta magnitud, mientras que los sectores de mayor edad aún guardan en la memoria el paso histórico de san Juan Pablo II en 1987, la última ocasión en que un pontífice visitó la nación.
Este desplazamiento papal coincide con la conmemoración de la Virgen de los Treinta y Tres, patrona nacional y figura profundamente vinculada a la identidad espiritual del país sudamericano. Sin embargo, este acontecimiento ocurre en un contexto institucional y cultural muy particular, ya que Uruguay es ampliamente reconocido como la república más laica de la región.
La laicidad histórica y la colaboración institucional
El proceso de separación entre la Iglesia católica y el Estado uruguayo se consolidó de manera temprana entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Como resultado de esta impronta republicana, las instituciones públicas carecen de festividades o símbolos religiosos oficiales. En este país, las máximas autoridades políticas no prestan juramento sobre la Biblia, las fuerzas armadas no cuentan con capellanes castrenses, la festividad de la Semana Santa se designa oficialmente como Semana del Turismo y la Navidad es denominada Día de la Familia.
Pese a esta separación estructural, las autoridades estatales y eclesiásticas colaboran estrechamente para garantizar una recepción exitosa. Así lo explicó el arzobispo de Montevideo, cardenal Daniel Sturla, durante su participación en la conferencia titulada “Visita del Papa León XIV a Sudamérica”, un evento promovido por la organización Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN International).
El purpurado reconoció que, en comparación con el resto de un continente mayoritariamente católico, “Uruguay es la excepción, un país que hace más de 100 años ha vivido una muy fuerte secularización”.
Radiografía de una sociedad plural
Durante su intervención, Sturla compartió estimaciones demográficas y religiosas basadas en sondeos recientes, recordando el carácter relativo de estas mediciones. Según los datos expuestos, solo un 33% de los uruguayos se define como católico, un 28% manifiesta creer en Dios pero sin afiliarse a ninguna institución religiosa, un 11% practica otros credos y un 28% se identifica como agnóstico o ateo. Estas cifras contrastan notablemente con las realidades demográficas del resto de América Latina.
No obstante, el arzobispo describió a la sociedad uruguaya como una comunidad abierta, plural y democrática. De una población total estimada en tres millones y medio de habitantes, cerca de la mitad reside en la capital, Montevideo. En este entorno, la Iglesia disfruta de plena libertad de acción. Aunque históricamente ha ocupado un rol relegado en la esfera pública, el actual mandatario nacional viajó a Roma para formalizar personalmente la invitación al pontífice.
El jerarca eclesiástico admitió que el proceso de secularización ha calado hondo en la cultura nacional por razones históricas complejas; sin embargo, enfatizó que la institución religiosa mantiene una presencia activa en todo el territorio para transmitir su mensaje.
Una comunidad que “rema y rema” en los barrios vulnerables
Al definir el papel de la Iglesia local frente a estos desafíos socioculturales, el cardenal utilizó una metáfora muy gráfica: “A mí me gusta decir que en este contexto la Iglesia del Uruguay rema y rema. Es una Iglesia que yo describo como pobre y libre, pequeña y hermosa”.
Asimismo, detalló que el ejercicio del sacerdocio en el país no representa un privilegio ni una fuente de prestigio social, sino un servicio cotidiano que se desempeña con sencillez y entrega personal.
El sentido pastoral y la visita a la periferia
El programa del viaje papal combinará actos de índole civil con un marcado perfil pastoral. Uno de los momentos más significativos para el arzobispado será el recorrido del Santo Padre por el barrio Borro, situado en la cuenca Casavalle de Montevideo. Esta zona periférica se caracteriza por sus altos niveles de vulnerabilidad social y, paradójicamente, concentra la mayor densidad de iniciativas católicas en todo el país.
En las inmediaciones de la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, que será visitada por León XIV, operan cerca de una veintena de obras católicas, incluyendo capillas y centros dedicados a la asistencia habitacional, la educación, el apoyo a la tercera edad y la capacitación laboral. Para Sturla, este despliegue refleja una realidad comunitaria sumamente viva y comprometida.
Para concluir, el arzobispo destacó que el entusiasmo por la llegada del pontífice trasciende ampliamente el porcentaje demográfico de fieles católicos. Diversas mediciones indican que el 60% de los ciudadanos alberga esperanzas positivas respecto a este viaje, registrándose un clima generalizado de acogida y ausencia de oposición significativa hacia el evento.








