30 octubre, 2026

Evangelizador digital advierte sobre los graves daños psicológicos provocados por el odio en internet

En la actualidad, las plataformas digitales se han convertido en un escenario fundamental para el desarrollo de las relaciones interpersonales, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Sin embargo, este fenómeno ha traído consigo una problemática creciente vinculada a la hostilidad virtual. Ante esta realidad, el sacerdote mexicano José Juan Montalvo, popularmente conocido como el «Padre Borre», hizo un llamado urgente a reflexionar acerca de las graves consecuencias que las burlas, los ataques y el acoso digital generan en el bienestar emocional de los usuarios.

Durante una conversación con la agencia EWTN News Español, el fundador de la pastoral digital perteneciente a la Arquidiócesis de Monterrey reconoció que estos entornos tecnológicos «ya son parte de nuestra vida, son un espacio más donde convivimos, nos relacionamos y buscamos sentirnos parte de algo». El presbítero señaló que, si bien la tecnología facilita aspectos positivos como el respaldo comunitario y la difusión de mensajes constructivos, existe una preocupante tendencia hacia la agresión cotidiana.

Según su perspectiva, la facilidad con la que se agrede radica en la distancia que impone la pantalla. Este escudo digital permite que los individuos se atrevan a «escribir cosas que probablemente nunca nos atreveríamos a decirle a alguien de frente», ignorando por completo «el daño que podemos provocar» en la psique de quien recibe dichos mensajes descalificadores.

El peligro de subordinar la autoestima al juicio virtual

Uno de los mayores riesgos detectados por el religioso ocurre cuando los usuarios otorgan un valor excesivo a la validación externa. En este escenario, «nuestra autoestima comienza a depender de la aprobación de los demás», un proceso que se mide estrictamente a través de la obtención de likes y comentarios favorables en las publicaciones.

Esta dinámica perniciosa impulsa a muchos jóvenes a distorsionar su cotidianidad, obligándolos a fabricar «un personaje, una versión de nuestra vida que queremos mostrar» que dista notablemente de la realidad. Como consecuencia de esta exposición constante, el equilibrio mental se vuelve sumamente frágil, al punto de que, aunque un usuario reciba múltiples elogios, «basta uno muy hiriente para que se quede pensando en él todo el día».

Lejos de proponer un aislamiento tecnológico o una desconexión radical, el sacerdote sugirió realizar una evaluación consciente sobre el peso que se le otorga a la virtualidad en la rutina diaria. Al respecto, puntualizó que «no se trata de dejar las redes sociales, sino de aprender a utilizarlas sin descuidar nuestra vida fuera de ellas».

El rol de la comunidad y la perspectiva de la fe ante el sufrimiento

El responsable de la pastoral digital también enfatizó la importancia de estar atentos a las señales de alarma que emiten aquellos individuos que atraviesan crisis emocionales profundas. Estas señales suelen manifestarse cuando una persona «cambia mucho su comportamiento, expresa que se siente solo, que ya no puede más o que su vida no tiene sentido».

Frente a estas circunstancias críticas, el presbítero recomendó una intervención cercana y empática, recordando que es vital reiterarles que su dignidad intrínseca «no depende de las redes sociales». En este sentido, sentenció con firmeza: «Tú no vales más porque tengas muchos seguidores, ni vales menos porque nadie le dio like a tu publicación».

Finalmente, el «Padre Borre» subrayó que los actores pastorales en el ecosistema digital tienen la misión primordial de llevar optimismo a las nuevas generaciones, reafirmando un mensaje fundamentado en la doctrina cristiana donde «somos amados por Dios por lo que somos, no por lo que aparentamos ser ni por lo que los demás piensan de nosotros».

Nuevos