Por qué la oración por los difuntos es el acto de amor más profundo, según este sacerdote
Durante las primeras horas de cada jornada, una comunidad numerosa de creyentes consulta sus teléfonos inteligentes para acceder a un contenido espiritual particular. Se trata de una cápsula de reflexión cotidiana basada en las enseñanzas del Evangelio, la cual es elaborada y difundida por el clérigo español Jesús Higueras, quien ejerce como párroco en el templo de Santa María de Caná, ubicado en la localidad madrileña de Pozuelo de Alarcón.
El sentido profundo del Día de los Fieles Difuntos
Con motivo de la conmemoración litúrgica dedicada a la memoria de todas las almas este 2 de noviembre, el presbítero ha querido recalcar la doctrina católica respecto a aquellos creyentes que fallecen requiriendo un tránsito de purificación espiritual. De acuerdo con su explicación, mediante las plegarias comunitarias y los actos de devoción se logra invocar la clemencia divina para facilitar la liberación de los pecados pendientes en estas almas.
El responsable parroquial hizo hincapié en la condición humana universal al señalar que todos morimos con defectos, ejemplificando que las debilidades van desde actitudes temperamentales hasta conductas individualistas. Por este motivo, resulta indispensable un tránsito corrector que garantice que la existencia eterna no arrastre aquellas imperfecciones terrenales acumuladas durante el paso por el mundo.
La visión consoladora del purgatorio y la enseñanza pontificia
Adoptando una postura centrada en la confianza y el optimismo cristiano, el religioso describió este estado de tránsito no solo como un espacio de dolor transitorio, sino fundamentalmente como un lugar de amor. Para respaldar esta perspectiva, recurrió a las reflexiones doctrinales plasmadas en la carta encíclica Spe Salvi, promulgada por el Papa emérito Benedicto XVI, quien definió este proceso de depuración espiritual como una mirada de fuego de Cristo que nos purifica de todo lo que en nuestra vida ha sido superfluo, que ha sido inútil, que nos ha podido hacer daño o ha hecho daño a los demás.
Asimismo, el párroco profundizó en el consuelo que genera saber que el destino final no es la condena, sino el reencuentro con un Dios clemente. Al respecto, reflexionó: Es bien bonito saber que después de mi muerte me está esperando la misericordia, y aunque yo muriera imperfecto, que es lo que me va a pasar, sé que alguien me mirará con amor, me comprenderá, me hará ver y me hará arrepentirme sinceramente, desde el fondo de mi ser, de todo lo que he hecho mal o de todo el bien que he dejado de hacer.
La intercesión como máxima expresión del afecto
Para la autoridad eclesiástica, la manifestación de la clemencia divina representa una fuente inagotable de esperanza para la comunidad de creyentes. Por esta razón, exhortó a los fieles a incrementar la entrega de sufragios, oraciones y responsos destinados tanto a los seres queridos que ya han partido como a aquellas almas que todavía precisan la intervención purificadora de la luz de Cristo.
Para cerrar su mensaje pastoral, el sacerdote sintetizó la trascendencia de encomendar a los difuntos afirmando lo siguiente: Yo siempre he aprendido que la oración es el mejor modo de amar, porque es invertir tu tiempo en alguien, dirigirte a Dios gastando ese tiempo precioso que tú tienes para pedirle a ese Dios ayúdale, confortarle, purificarle y que esté contigo. Por tanto, hoy es un día de rezar. Efectivamente, Señor, dales la paz, dales el descanso eterno.








