El pontífice advierte sobre la crisis de violencia en América Latina desde un sector vulnerable de Montevideo
Durante su recorrido oficial por territorio uruguayo, el máximo representante de la Iglesia católica puso sobre la mesa uno de los desafíos más críticos que enfrenta el continente americano: la delincuencia armada y el crimen organizado. En un encuentro mantenido con vecinos de una zona de bajos recursos en la capital del país, el sumo pontífice cuestionó con dureza las consecuencias que la criminalidad genera en las familias y, de manera particular, en los menores de edad.
Ante la comunidad de una parroquia local situada en el norte montevideano, el líder católico alertó sobre la vulnerabilidad de los jóvenes frente al avance de las mafias. “No podemos pasar de largo cuando sabemos que hay niños en Uruguay que no van a la escuela por miedo a no volver”, expresó el Papa León XIV ante los fieles reunidos.
Asimismo, profundizó en su mensaje señalando que “un hijo de este país, tan rico en recursos, no debería irse a dormir sin comer, ni debería renunciar a recibir una educación y un futuro dignos debido a la inseguridad que reina en las calles. Mucho menos debería sufrir violencia hasta el extremo de llegar a perder la vida”, lamentó el obispo de Roma.
La crisis de seguridad en la región y el paralelismo con el buen samaritano
El fenómeno delictivo en esta región del mundo se encuentra fuertemente alimentado por el tráfico de drogas y las redes de delincuencia organizada. De acuerdo con los registros de las Naciones Unidas, la problemática de la violencia homicida alcanza niveles alarmantes, situando a la tasa de homicidios en América Latina y el Caribe en aproximadamente cuatro veces superior al promedio mundial, lo que la posiciona como la zona geográfica más peligrosa del planeta.
Para ilustrar esta compleja realidad social, el jerarca del Vaticano recurrió a la lectura bíblica de la parábola del buen samaritano, recordando que el personaje herido en el relato fue víctima de un asalto cometido por criminales que lo despojaron de sus pertenencias y lo abandonaron al borde de la muerte.
En este sentido, el líder religioso criticó la postura de quienes deciden ignorar el sufrimiento ajeno. Sostuvo que “esta historia la podemos ver muchas veces replicada también hoy en los numerosos casos de inseguridad y de violencia que lamentablemente amenazan la paz de nuestros barrios, e incluso la vida de nuestros seres queridos, y a los que tantas veces la sociedad responde con la indiferencia”.
Llamado a la unidad institucional y próximos destinos de la gira papal
Pese al panorama desalentador, el sucesor de Pedro destacó el trabajo solidario que realizan diversas organizaciones y ciudadanos comprometidos con el bienestar común. “Al mismo tiempo, podemos ver la otra cara, es decir, la acción de numerosas instituciones y personas de buen corazón que contribuyen a fomentar la paz y que ayudan a las personas a hacer frente a sus necesidades de manera concreta”, puntualizó durante su alocución en el templo católico.
El evento también sirvió para conocer historias de superación y desafíos cotidianos por parte de los residentes. En la misma línea, el pontífice reconoció el respaldo financiero brindado por una organización filantrópica estadounidense para la edificación de viviendas sociales dirigidas a los sectores más desprotegidos de la parroquia.
Para solucionar esta crisis, el líder católico abogó por un esfuerzo colectivo intersectorial. “Tenemos que trabajar unidos: la Iglesia, la comunidad civil y el Estado. Necesitamos despertar de nuestras inercias y abogar por el bien común”, enfatizó, al tiempo que instó a los presentes a “unir por tanto nuestros esfuerzos y responder con generosidad a la llamada a edificar juntos una patria de hermanos”.
Tras concluir sus actividades pastorales en Uruguay, la agenda del máximo referente católico contempla su partida hacia territorio argentino, donde cumplirá con una estancia de varios días antes de volar con destino a Perú, nación donde residió durante una etapa prolongada de su vida y en la que desarrollará una agenda extensa previo a su retorno definitivo a la Santa Sede.








