23 julio, 2026

Madrid ha sido testigo de un momento de profunda emotividad y fe durante la reciente visita del Papa León XIV. Entre la multitud que esperaba al Pontífice en el aeropuerto de Barajas, una escena capturó la atención de miles: la pequeña Alma, de doce años, en su silla de ruedas, recibió una bendición personal del Santo Padre, un gesto que se ha convertido en símbolo de esperanza y resiliencia. Este encuentro, marcado por la ternura y la humanidad, es el último capítulo en la larga y valiente batalla de Alma contra un tumor cerebral, una lucha que su familia ha afrontado con una fe inquebrantable.

La historia de Alma comenzó como la de cualquier bebé, llena de descubrimientos y la tierna curiosidad que caracteriza a la infancia. Su madre, Alina, atesora los recuerdos de su hija gateando, explorando cada rincón de su hogar y emitiendo balbuceos llenos de significado. Sin embargo, a los diez meses de vida, una serie de vómitos recurrentes y una debilidad progresiva encendieron las alarmas, presagiando un futuro incierto. “Empezó a vomitar mucho. Muchísimo. Cada vez estaba más débil, más delgada”, rememora Alina con la voz cargada de un dolor que el tiempo no ha logrado borrar del todo.

Dos meses después de esos primeros síntomas, la vida de esta familia dio un giro dramático con un diagnóstico devastador: un tumor cerebral. La noticia desencadenó un torbellino de decisiones urgentes; la operación fue inmediata, seguida por casi dos años de intensa quimioterapia. Desde entonces, el camino de Alma ha estado jalonado por recaídas, incontables horas en hospitales y un sinfín de tratamientos. “Llevamos toda la vida con cirugías, tratamientos, quimioterapias…”, explica su madre, describiendo una realidad que se ha prolongado durante más de una década.

Durante los últimos cuatro años, Alma ha participado en una sucesión de tratamientos experimentales, en una incansable pugna contra la enfermedad. A pesar de los desafíos y los momentos de desesperanza que inevitablemente acompañan una enfermedad tan grave, Alina y su esposo han encontrado consuelo y fortaleza en su profunda fe. “Para mí, más terrible que la enfermedad sería no creer en Dios, como les pasa a otras familias que he conocido”, confiesa Alina, revelando una perspectiva que le permite enfrentar el futuro con una serenidad sorprendente.

La actitud de la familia ante la adversidad es un testimonio de su convicción: “Que sea lo que Dios quiera, siempre”. Esta frase, que podría parecer resignación, es para ellos una manifestación de confianza y abandono en la providencia divina. Miran al pasado con gratitud, convencidos de haber recibido señales tangibles de la presencia de Dios en los momentos más oscuros. “Dios es bueno y siempre nos ha puesto una buena persona al lado. El Señor se ha encargado de todo”, asegura Alina. “En los momentos más oscuros siempre estaba Él. Venía a través de una persona que te decía algo, llegaba una buena noticia, un rayo de luz. Nunca hemos estado solos”, añade, destacando cómo la fe ha sido su brújula en el laberinto de la enfermedad.

Una parte fundamental del apoyo que han recibido proviene de los cuidados paliativos pediátricos del Hospital Niño Jesús de Madrid. La atención especializada y el acompañamiento constante han sido un “lujo” para la familia, que expresa su profunda gratitud. “Nos han atendido súper bien, nos han cuidado muy bien y nos han arropado muchísimo. Es como un ingreso domiciliario. La ven en casa médicos y enfermeros. Tenemos atención telefónica las veinticuatro horas, los siete días de la semana”, detalla Alina, resaltando la calidad y cercanía de este servicio.

La esperanza de la familia se nutre también de una vida de fe muy arraigada, vinculada a la parroquia de la Natividad de Nuestra Señora, en Mejorada del Campo, y al santuario de Lourdes, en Francia. Este pequeño pueblo pirenaico, célebre por las apariciones marianas a Bernardita Soubirous, es un refugio espiritual para ellos. “Intentamos ir por lo menos una vez al año. Estar allí, en la gruta, es como un rinconcito del cielo aquí en la tierra”, describe Alina, evidenciando la profunda conexión que sienten con este lugar de peregrinación.

Hoy, Alma tiene doce años y continúa sus estudios desde casa gracias a un programa de apoyo educativo de la Comunidad de Madrid. Su día a día incluye sesiones de fisioterapia y logopedia, esenciales para mitigar las secuelas de su enfermedad y los tratamientos. “Vamos pasito a pasito. Todos los días trabajamos muchísimo y ya vemos evolución”, comenta su madre con optimismo. Acompañada siempre por sus dos hermanos menores, de ocho y seis años, Alma vive rodeada de un amor incondicional. “Aquí buscas un ratito de soledad y no lo hay. Estamos muy entretenidos y muy acompañados”, bromea Alina, mostrando la calidez del hogar.

El encuentro con el Papa León XIV fue un “regalo del cielo” inesperado para Alma. Ella puede jactarse de haber sido la primera persona en recibir su bendición al llegar a España. La imagen de León acercándose a la niña en silla de ruedas en Barajas con una ternura especial conmovió a millones. Semanas antes de la visita papal, una colaboradora de la Hospitalidad de Lourdes, una red de voluntarios que asisten a enfermos y que ha apoyado a la familia de Alma en varias ocasiones, contactó con Alina. “Me llamó y me dijo: ‘Me han pedido un niño o una niña de unos doce años y la primera persona en la que pensé fue Alma’”, relata Alina.

La confirmación llegó al día siguiente de la festividad de Nuestra Señora de Fátima. El ansiado encuentro con el Papa León tendría lugar en el aeropuerto, a los pocos minutos de pisar suelo español. “No pensábamos que se fuera a acercar. Sabíamos que tenía mucha prisa y que iba directo al Palacio Real. Pero cuando le vimos cada vez más cerca… se nos puso la piel de gallina”, rememora Alina. La emoción embargó a Alma, dejándola sin palabras. “Estaba temblorosa, súper emocionada. Fue un regalazo”, describe su madre. Lo que más impactó a Alina fue la profunda humanidad que percibió en aquellos breves instantes. “Se acercó con muchísima ternura. Se le notaba muy emocionado también. Fue un intercambio de miradas. Hablaron los corazones”, concluye, describiendo un momento de profunda conexión espiritual. El siguiente sueño de Alma es poder viajar a Roma para reencontrarse con el Papa.

Nuevos