27 junio, 2026

Quito, Ecuador – Con un llamado a la unidad y la corresponsabilidad, Monseñor Alfredo Espinoza, Arzobispo de Quito y Primado del Ecuador, instó a los fieles de su jurisdicción a adoptar un espíritu de “trabajo en equipo” para fortalecer la misión evangelizadora de la Iglesia local. Sus palabras resonaron durante la asamblea pastoral arquidiocesana, un encuentro crucial destinado a delinear la hoja de ruta de la comunidad eclesial en los próximos cinco años.

La asamblea, celebrada el pasado 23 de junio en el colegio Saint Dominic de la capital ecuatoriana, congregó a cerca de 400 participantes. Entre ellos se encontraban obispos auxiliares, sacerdotes, religiosos, seminaristas, diáconos y numerosos laicos, quienes se reunieron con el propósito de discernir colectivamente el rumbo pastoral y las estrategias para llevar el Evangelio a cada rincón de la vasta Arquidiócesis de Quito. Este encuentro subraya el compromiso de la Iglesia ecuatoriana con una pastoral participativa y adaptada a los desafíos contemporáneos.

En un discurso de bienvenida cargado de simbolismo y pronunciado en un contexto de fervor “mundialista” —apenas dos días antes de que la selección ecuatoriana se enfrentara a Alemania en un decisivo partido de la Copa Mundial 2026—, el prelado utilizó una poderosa analogía futbolística. Animó a los asistentes a asumir un rol activo y comprometido, trascendiendo la mera condición de “espectadores” en su vida cotidiana y en la construcción del Reino de Dios.

“Hablo de equipo, no de estrellas que buscan lucirse, anotar su gol o hacer la jugada personal para salir en los noticieros. ¡No! En la Iglesia, y en nuestra Arquidiócesis de Quito, estamos llamados a jugar en equipo”, enfatizó Monseñor Espinoza, marcando una clara directriz sobre la importancia de la colaboración y la humildad en la labor eclesial. Esta visión resalta que la misión evangelizadora no es tarea de unos pocos, sino una responsabilidad compartida que requiere la integración de todos los carismas y ministerios.

El Mundial de Fútbol, como referencia cultural dominante en ese momento, sirvió al Arzobispo para ilustrar su mensaje. “Pensemos en el Mundial: si se quiere levantar la copa, se necesita de todos. Está el que defiende con fuerza, el que recupera el balón en el mediocampo, el que asiste y da el pase preciso, y el que patea el balón al arco para hacer el gol”, detalló el líder religioso, equiparando cada rol en el campo de juego con las distintas vocaciones y funciones dentro de la comunidad de fe.

El arzobispo Espinoza subrayó que, en la Arquidiócesis de Quito, cada miembro “tiene una posición clave en la cancha”. Esta interdependencia se manifiesta en el apoyo mutuo: “Si uno se cansa, el otro lo apoya; si uno se cae, el compañero corre a levantarlo”. Esta visión de la Iglesia como un cuerpo cohesionado y solidario es fundamental para superar los desafíos y avanzar en la misión.

Continuando con la analogía, el prelado profundizó en el rol de la guía divina: “Nuestro director técnico es el Espíritu Santo, que nos guía, nos ordena y nos da la estrategia”. Concluyó que “nuestra meta, nuestra gran final, es llevar el Evangelio a cada rincón de esta enorme arquidiócesis, sedienta de paz, de justicia, de amor y de fe”. Este objetivo final enmarca la labor pastoral dentro de un propósito trascendente que busca impactar positivamente la sociedad quiteña.

El mensaje del Arzobispo Alfredo Espinoza hizo hincapié en la necesidad de la confianza y la cooperación fraterna: “Nadie gana un partido solo. El balón rueda cuando nos lo pasamos unos a otros, cuando confiamos en el hermano que está junto a mí”. Finalmente, cerró su intervención con una poderosa exhortación: “Juntos somos una Iglesia viva, una Iglesia que sale a la cancha sin miedo, con la camiseta de Cristo bien puesta y el corazón encendido. Juguemos hoy ese mejor partido de nuestras vidas”.

El impacto de las palabras del Arzobispo fue palpable entre los asistentes. Carlos Andrés Medina, seminarista de la Arquidiócesis de Quito, compartió en un video difundido por la institución que la asamblea es un recordatorio de que “la Iglesia siempre debe caminar en el sentido de vivir juntos, avanzar juntos para poder encontrar en nuestras vidas la presencia de un Jesucristo vivo y resucitado”. Esta reflexión subraya la dimensión comunitaria de la fe y la búsqueda de Cristo en la vida cotidiana.

Por su parte, el Padre Jesús Alberto Ortega calificó el encuentro con cientos de fieles quiteños como “una experiencia enriquecedora y maravillosa que, por supuesto como consecuencia, tendrá muchísimos frutos ya que nos hemos escuchado todos, sin desconocer la opinión de ninguno para construir una Iglesia mejor”. Este testimonio destaca el valor del diálogo y la escucha activa en la construcción de una comunidad eclesial más inclusiva y efectiva.

Finalmente, la religiosa Marina Aguilar expresó su entusiasmo, describiendo el evento como “un momento lleno de entusiasmo y fraternidad, porque estos momentos vividos son únicos” y animan a todos a “vivir como una Iglesia en corresponsabilidad”. Estas palabras encapsulan el espíritu de unidad y la renovada energía que impulsará el plan pastoral quinquenal de la Arquidiócesis de Quito, reafirmando el compromiso colectivo con la misión de la Iglesia en Ecuador.

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