28 enero, 2023

 Jueves de la tercera semana de Pascua


Hch 8, 26-40

Sal 65

Jn 6, 44-51

    El texto de la primera lectura que hemos meditado el día de hoy es rico en varios sentidos. Nos hemos visto vislumbrados por muchos aspectos: hemos visto la docilidad de Felipe respecto a lo que el ángel del Señor le ha solicitado hacer; la muestra de amor del Señor por todos, incluso de los que menos se imaginaban; la actitud ejemplar de un hombre que se deja instruir; una catequesis ejemplar de Felipe, que termina con el bautizo del Eunuco. De todo esto debemos de aprender nosotros.


    En primer lugar, docilidad: Felipe un hombre totalmente abierto a escuchar la Palabra, no sólo para enseñarla, sino para dejarse conducir por ella. Es clara esa actitud que debemos de tener en nuestro interior. Tenemos que ser hombres de oración, dispuestos a dejarnos conducir por Dios. Podríamos pensar que esto no puede suceder en nosotros, que es imposible. Sin embargo, esta docilidad es un fruto que tenemos que trabajar, debemos de esforzarnos por mantenernos en sintonía con Dios.


    Después, podemos ver que el Espíritu le pide acercarse al carro. Felipe pudo haber puesto objeción: ¿qué van a pensar de mí? ¿y si me lastiman? O alguna otra objeción a esa petición. Pero no lo hace; no se detiene ante el temor del que dirá, de hacer el ridículo, del ser calumniado. Se fía completamente en Dios, absteniéndose de cuestionar sus ordenes y simplemente se lanza lleno de confianza y valentía a lo que el Espíritu le pide que haga.


    “¿Entiendes lo que estás leyendo?” El etíope pudo haber sido duro con Felipe y responder al respecto: ¿qué me crees un tonto o qué? Tuvo la oportunidad de llenarse de soberbia contestando: ¡Claro que lo entiendo! También pudo responder de una manera agresiva: a ti que te importa si entiendo o no entiendo. Pero no, su actitud fue de humildad y reconoció su ignorancia. ¿Cómo lo voy a entender si nadie me lo explica? Entonces invitó a Felipe a subir y a sentarse junto a él. También, nosotros, debemos dejarnos ayudar por los demás, reconocer con humildad nuestras limitaciones y permitir que otros nos echen la mano cuando sea necesario.


    ¿Qué tenía la manera de enseñar de Felipe, el cual llevó a ese Eunuco al bautizo? Por lo menos los elementos que hemos tocado anteriormente: docilidad, confianza en Dios y humildad. Felipe no se proclama a si mismo, sino al mismo Señor Resucitado. Jesús lo ha dicho en el Evangelio: “Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre”. Al igual que Felipe, Dios nos llama a nosotros a ser instrumentos que lleven la predicación de la Buena Nueva. Aquí lo importante no es el método que se emplea en la enseñanza de la Palabra, sino la total unidad de mi persona a la de Jesucristo.


    ¿Hay alguna dificultad en esto? Ninguna, sí crees de todo corazón. Creer en Dios, es tener plena disposición de adherirnos a Él, de aceptar su proyecto, el cual concluirá en gozo: “siguió gozoso su camino”. Esta alegría fluye del hecho de sentirse salvado por Jesucristo. 


    Hermanos, oportunidades de ser instrumentos del Señor habrá muchas en nuestra vida, sólo necesitamos empezar a ser dóciles a Dios, romper nuestros temores confiando en Jesucristo, nuestro Salvador, y la humildad de saber que toda nuestra labor, es acción guiada por el Espíritu Santo.



Pbro. José Gerardo Moya Soto

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Pbro José Gerardo Moya Soto

"Que la homilía pueda ser «una intensa y feliz experiencia del Espíritu, un reconfortante encuentro con la Palabra, una fuente constante de renovación y de crecimiento» (Evangelii gaudium 135). Cada homileta, haciendo propios los sentimientos del apóstol Pablo, reaviva la convicción de que «en la medida en que Dios nos juzgó aptos para confiarnos el Evangelio, así lo predicamos: no para contentar a los hombres, sino a Dios, que juzga nuestras intenciones» (1Ts 2, 4)". Directorio Homilético 2014 (Decreto)

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