1 octubre, 2022

 Martes de la octava de Pascua 


Hch 2, 36-41

Sal 32

Jn 20, 11-18



    José Prado Flores, ya por muchos conocidos, es un erudito en las ciencias de la teología y de la Sagrada Escritura. Él decía: “En la antigüedad, bastaba un sermón para convertir a miles de personas al cristianismo; hoy, ni con mil sermones logramos convertir a una persona”. Esto se da debido a la poca convicción que tenemos en nuestra fe.


    En nuestra Iglesia, en el aquí y en el ahora, necesitamos hombres que estén convencidos de lo que Cristo ha hecho por medio de su resurrección. Por ello, deberíamos de preguntarnos nosotros: ¿qué debemos de hacer? Bastaría con arrepentirnos y testificar en nuestra vida ordinaria (escuela, trabajo, oficina, etc.) que vivimos conforme a la luz del Resucitado.


    No sigamos cerrados en nuestra tristeza, como María Magdalena. ¡Basta de llorar! Cristo enjuga las lagrimas de nuestros ojos, y nos hace las mismas interrogantes que a esta fiel discípula: ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas? Confiemos plenamente en Aquel que nos a liberado de la muerte por su sacrificio; abrámonos al gran acontecimiento que Dios ha llevado acabo en su Hijo muy amado. 


    Hermanos, que Dios nos conceda como María Magdalena y san Pedro ser instrumentos dóciles de su palabra. Que nos permita ser anunciadores y testigos de la resurrección de Cristo y podamos decir a todos: ¡está vivo, resucitó, yo lo he visto! Que el Espíritu de Dios nos conceda tener la certeza de que Jesús es nuestro Señor y Mesías.



Pbro. José Gerardo Moya Soto

Agregar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Pbro José Gerardo Moya Soto

"Que la homilía pueda ser «una intensa y feliz experiencia del Espíritu, un reconfortante encuentro con la Palabra, una fuente constante de renovación y de crecimiento» (Evangelii gaudium 135). Cada homileta, haciendo propios los sentimientos del apóstol Pablo, reaviva la convicción de que «en la medida en que Dios nos juzgó aptos para confiarnos el Evangelio, así lo predicamos: no para contentar a los hombres, sino a Dios, que juzga nuestras intenciones» (1Ts 2, 4)". Directorio Homilético 2014 (Decreto)

Nuevos