24 septiembre, 2022

 San Matías, Apóstol

Fiesta


Hch 1, 15-17. 20-26

Sal 112

Jn 15, 9-17



    Hay cosas que son indispensables en la vida del hombre: el alimento, la bebida, el vestido, etc. En la vida del creyente un aspecto sumamente necesario vendrá a ser la oración. Esta acción viene a convertirse en un elemento fundamental en la vida de la Iglesia. Para muestra, basta un botón:


    El día de hoy, en los Hechos de los Apóstoles, contemplamos que, tras la ausencia de Judas, ven necesario elegir un nuevo miembro del colegio apostólico. ¿Cómo lo hacen? Se ponen en las manos del Señor y se encomiendan al Espíritu Santo por medio de la oración. Jesús mismo nos enseña que la oración debe de ser un elemento fundamental en la vida, ya que Él mismo se pasaba largas jornadas en oración.


    No sé si alguna vez ha escuchado a alguien decir: ¿no tengo tiempo para la oración”. Ah, pero eso sí, le sobra tiempo para hacer otras cosas que considera más importante. Nos hemos sobrecargado de tantas cosas mundanas, que hemos preferido dejar de lado los asuntos de Dios. A pesar del jornal tan intenso que podamos tener, debemos buscar espacios para dialogar con el Señor y mantenernos en cercanos con el Amado.


    Ser hombres de oración es permanecer en Dios, en su inmenso amor. Por medio de este diálogo, podemos aceptar su voluntad, abrirnos a sus proyectos, aún cuando no los comprendemos del todo. Así como le sucedió a Matías: un hombre que siempre se mantuvo cercano al Señor, que fue fiel toda su vida y que nunca se aparto de Él. ¿Cuál fue su recompensa? Ser elegido Apóstol.


    ¡Qué curioso! “Propusieron a dos: a José Barsabá, por sobrenombre ‘el Justo’, y a Matías”. De Matías no se dice nada; de José por lo menos se le da un apodo: “el Justo”. Esto puedo haber sido una pista que nos hiciera creer que Barsabá sería el elegido. Pero no fue así. El elegido fue Matías. “Echaron suertes, le tocó a Matías y lo asociaron a los once apóstoles” en realidad ¿fue suerte? Yo digo que no. Yo prefiero llamarle: “dioscidencia”.


    Nuestra vida no es un conjunto de buenas vibras o de días de suertes, sino que son un cúmulo de bendiciones de Dios. Recuerda que “Dios no se fija en las apariencias, sino el corazón” (cfr. I S 16, 7). Él sabe todos los esfuerzos que día a día hacemos por seguir sus pasos, por abandonarnos completamente a sus proyectos. Y ¿qué crees? Dios sabe recompensar cada uno de los esfuerzas que hacemos. Él tiene una misión especial para ti. ¡No tengas miedo y responde con generosidad!


    ¿Qué habrá sentido José por no haber sido elegido? Sería normal haberse sentido triste o desilusionado. Pero más que centrarnos en su sentir, es digno de admirar que todos aceptaron la elección del Señor y siguieron trabajando juntos, predicando la Buena Nueva. Ellos cumplieron con lo que el Señor les había pedido: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado”.


    Toda nuestra vida es una oportunidad para saber amar: no siempre va a estar al mando al que elegimos; no vamos a coincidir siempre con personas con las que podamos congeniar; tal vez no nos encontremos en el mejor lugar. A lo que sí estamos llamado siempre es a amar, a trabajar como Iglesia, sea quien sea el responsable, “el Señor lo puso entre los jefes del pueblo”.


    Aprendamos a descubrir que todo lo que estamos haciendo, no es obra del hombre, sino del mismo Señor. Él es el que nos elige, el que nos pone donde más nos necesita, el que nos sigue confiando su misión. Abandonémonos a Él por medio de la oración y respondamos con generosidad al llamado que nos hace.



Pbro. José Gerardo Moya Soto

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Pbro José Gerardo Moya Soto

"Que la homilía pueda ser «una intensa y feliz experiencia del Espíritu, un reconfortante encuentro con la Palabra, una fuente constante de renovación y de crecimiento» (Evangelii gaudium 135). Cada homileta, haciendo propios los sentimientos del apóstol Pablo, reaviva la convicción de que «en la medida en que Dios nos juzgó aptos para confiarnos el Evangelio, así lo predicamos: no para contentar a los hombres, sino a Dios, que juzga nuestras intenciones» (1Ts 2, 4)". Directorio Homilético 2014 (Decreto)

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