7 agosto, 2026

Este 7 de agosto marca el nonagésimo aniversario de un episodio brutal que selló la memoria del Cerro de los Ángeles, el punto geográfico central de la península ibérica. En esa fecha, durante el convulso inicio de la Guerra Civil española en 1936, milicianos del Frente Popular, en un acto de profunda carga simbólica, profanaron y destruyeron el imponente monumento al Sagrado Corazón de Jesús, ante el cual el rey Alfonso XIII había consagrado España años antes. La historia de esta edificación es un testimonio de fe, devoción y, lamentablemente, también de la furia de un conflicto fratricida.

El monumento original, una obra maestra concebida por el arquitecto Carlos Maura y el escultor Aniceto Marinas, no era solo una estructura, sino la manifestación tangible de un sentir popular. Financiado íntegramente por suscripción pública, solo la imagen central de Jesús, de notable tamaño, fue una donación del conde de Guaqui, Juan Marino de Goyeneche. Erigido en el Cerro de los Ángeles, un enclave de gran significado geográfico y espiritual, el conjunto monumental alcanzaba una altura de 28 metros. Se componía de la figura central de Cristo y de dos grupos escultóricos que representaban visualmente el camino hacia la santidad: uno mostraba a la humanidad santificada, con figuras como Santa Margarita María de Alacoque, San Agustín, San Francisco de Asís, Santa Teresa de Jesús, el Beato Bernardo de Hoyos y San Juan Evangelista, entre otros; el segundo evocaba a la humanidad en su peregrinar hacia la santidad, a través de la caridad, la virtud y el amor como pilares de la conversión y la elevación espiritual.

La inauguración, inicialmente prevista para 1918, se pospuso a causa de la pandemia de la gripe española. Finalmente, el 30 de mayo de 1919, el rey Alfonso XIII, en una ceremonia de gran solemnidad y trascendencia, pronunció la fórmula de consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús. El acto contó con la presencia de miembros del Gobierno, del nuncio apostólico monseñor Francos Ragonesi y de un nutrido grupo de obispos y cardenales, así como miles de fieles. Las palabras del monarca resonaron con un profundo sentido de nación y fe: “España, pueblo de tu herencia y predilección, se postra hoy reverente ante ese trono de bondades que para Ti se alza en el centro de la Península. Reinad en el corazón de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y de las letras y en nuestras leyes e instituciones patrias”. Esta consagración sellaría un vínculo entre la monarquía, la nación y la devoción religiosa que marcaría décadas de historia española.

Sin embargo, la paz y la devoción se vieron brutalmente interrumpidas con el estallido de la Guerra Civil española el 18 de julio de 1936. Apenas cinco días después del inicio del conflicto, un trágico presagio de lo que estaba por venir, cinco jóvenes que se habían congregado en las inmediaciones del monumento para protegerlo de posibles profanaciones fueron asesinados. La escalada de violencia alcanzó su punto culminante el 7 de agosto, primer viernes de mes y fecha simbólica para la devoción al Sagrado Corazón. Ese día, milicianos del Frente Popular llevaron a cabo un macabro simulacro de juicio sumarísimo contra la imagen de Jesús. Tras una sentencia previsible, procedieron a fusilar el monumento al grito de “¡Apuntad con odio! ¡Disparad con ira!”, un momento inmortalizado en impactantes fotografías históricas.

No satisfechos con el fusilamiento, los milicianos intentaron derribar y demoler el conjunto monumental con cables y mazas, pero la robustez de la estructura resistió los envites. Ante la imposibilidad de derribarlo por medios manuales, optaron por dinamitarlo. Para añadir mayor escarnio, la cabeza del Cristo fue arrastrada atada a un caballo. El lugar, despojado de su simbolismo original, fue rebautizado por los milicianos como “Cerro Rojo”. La situación cambiaría meses después, cuando el 6 de noviembre de 1936, también un primer viernes de mes, el Cerro de los Ángeles fue reconquistado por el bando nacional. Las tropas, bajo el mando del General José Enrique Varela, participaron en una Misa de desagravio oficiada por el capellán castrense, restaurando así, al menos simbólicamente, la dignidad del lugar.

Concluida la Guerra Civil en 1939 y superados los primeros y difíciles años de la posguerra, la reconstrucción del monumento y el recinto comenzó en 1944. Ese año coincidía con el veinticinco aniversario de la consagración de España, un acontecimiento que la Santa Sede conmemoró con la concesión de un año jubilar. Para la creación de la nueva imagen del Sagrado Corazón, de 11,5 metros de altura y ubicada sobre un pedestal de 26 metros, se recurrió al mismo escultor del original, Aniceto Marinas, quien aportaría su visión renovada. Alrededor del pedestal, se dispusieron cuatro grupos escultóricos adicionales, esta vez obra de Fernando Cruz.

Estos nuevos conjuntos escultóricos enriquecieron el simbolismo del monumento. El primero, “España Misionera”, representaba figuras clave de la evangelización y la expansión cultural española, incluyendo a Isabel la Católica, Cristóbal Colón, Hernán Cortés y San Junípero Serra. El segundo, “España Defensora de la Fe”, honraba a aquellos que lucharon por la identidad católica de la nación, con personajes como el Obispo Osio de Córdoba, Don Pelayo, Diego Laínez, Juan de Austria y el Beato Anselmo Polanco, obispo asesinado durante la guerra. El tercer grupo, dedicado a la “Iglesia Militante”, se centraba en las virtudes de la caridad, la virtud y el amor, mientras que el último conjunto, la “Iglesia Triunfante”, reproducía a los santos presentes en el monumento original, conectando la nueva obra con su predecesora.

El renovado monumento fue finalmente inaugurado en 1965, emplazándose en el mismo lugar que ocupaba el original. Curiosamente, las ruinas de la estructura primigenia se conservan al otro lado de la gran explanada del recinto, sirviendo como un recordatorio silencioso de la historia. Diez años después, en 1975, se añadió al complejo un santuario cuyo templo fue excavado directamente en la roca, ofreciendo un espacio de recogimiento y oración.

El monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles no es solo una estatua, sino un símbolo resiliente de la historia de España, de su fe profunda y de los momentos de división y reconciliación. Noventa años después de su destrucción, su presencia reconstruida sigue siendo un faro de devoción y un recordatorio de un pasado complejo y fundamental.

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