Cada 7 de agosto, la festividad de San Cayetano congrega a miles de peregrinos en Buenos Aires, quienes acuden al santuario del barrio de Liniers para encomendarse al patrono del pan y del trabajo. Este año, la tradicional manifestación de fe estuvo marcada por un persistente pedido de dignidad laboral y por la creciente expectativa ante la próxima visita del papa León XIV a Argentina.
Desde la noche previa a la celebración, una marea de fieles comenzó a acercarse al templo porteño, formando extensas filas para llegar a los pies del santo. Rodeado de espigas de trigo y con el niño Jesús en sus brazos, San Cayetano se erige como un faro de esperanza para un pueblo que busca consuelo y respuestas a sus necesidades más apremiantes. La jornada, que había iniciado con lluvia, dio paso a un sol radiante en la mañana del viernes, permitiendo que la Eucaristía central se celebrara al aire libre, acogiendo a la multitud que se había congregado.
La ceremonia principal fue presidida por el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, quien inició su homilía con una contundente exclamación: “San Cayetano, aquí está tu pueblo”. El prelado describió el santuario no solo como un lugar de culto, sino como un “hogar” donde los creyentes pueden depositar sus angustias, anhelos y agradecimientos.
Durante su alocución, monseñor García Cuerva articuló una profunda reflexión sobre la situación social y económica del país. Dirigiéndose a San Cayetano en una suerte de oración colectiva, lamentó la situación de “un pueblo cansado de promesas incumplidas y dirigentes que hablan de los pobres, pero no están cerca de sus necesidades y se dan la buena vida”. El arzobispo enfatizó que el trabajo es un derecho inalienable y una fuente de dignidad, rechazando la resignación a verlo como una simple “mercancía” o la necesidad de acumular múltiples empleos para subsistir, lo que empuja a muchas familias a la trampa del endeudamiento.
El líder eclesiástico señaló directamente a la clase dirigente, criticando su aparente indiferencia ante los problemas económicos y sociales, y su tendencia a enfrascarse en “descalificaciones y debates estériles que no resuelven la vida de nadie”. Comparó la situación del pueblo argentino con las heridas que Jesús curaba: la parálisis ante la desesperanza y la división, la ceguera por los prejuicios y el ideologismo, y la mudez frente al aumento de precios o la indigencia. Sin embargo, en un mensaje de esperanza, el arzobispo instó a no bajar los brazos, a no maquillar el sufrimiento, y pidió a Dios la gracia de la empatía, la solidaridad y la amistad social.
En un llamado a la acción, monseñor García Cuerva animó a los fieles a ofrecer “lo poco que tenemos”, sus “siete panes y algunos pescados”, para que, inspirados en la fe, se logre construir “un poco más de amor, de paz, de justicia, de alegría” en Argentina. Concluyó su homilía invitando a todos a prepararse para la inminente visita apostólica del papa León XIV a la nación sudamericana. Para ello, citó palabras del Santo Padre sobre la centralidad de la persona humana en el ámbito laboral, recordando que “el centro de cualquier dinámica laboral no deben situarse ni el capital, ni las leyes del mercado, ni el lucro, sino la persona, la familia y su bien, respecto a los cuales todo lo demás es funcional”. El arzobispo pidió la intercesión de San Cayetano para que las enseñanzas del Papa León se materialicen en la realidad argentina.
En sintonía con estas reflexiones, la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) también se pronunció en la festividad de San Cayetano, resaltando el modelo de vida del santo para los empresarios comprometidos con la sociedad. La asociación recordó a su fundador, Enrique Shaw, cuya causa de beatificación avanza, como un ejemplo de líder empresarial que integró la fe y la gestión. ACDE retomó un mensaje reciente del papa León XIV dirigido a la Unión Industrial Argentina (UIA), donde el Pontífice valoró el “ejemplo luminoso y cercano” de Shaw. Según el Papa León, Shaw comprendió que la industria trasciende la mera producción y acumulación de capital, configurándose como una “verdadera comunidad de personas llamadas a crecer juntas”.
El Santo Padre destacó el liderazgo de Enrique Shaw por su transparencia, su capacidad de escucha y su empeño en que cada trabajador se sintiera parte de un proyecto compartido, demostrando que la Doctrina Social de la Iglesia no es una teoría abstracta, sino “un camino posible que transforma la vida de las personas y de las instituciones al poner a Cristo como centro de toda actividad humana”.
Siguiendo las directrices del Papa León, ACDE subrayó la necesidad de que el progreso y la innovación tecnológica estén al servicio de la dignidad humana y el bien común, ampliando oportunidades y fortaleciendo el trabajo en la sociedad. Finalmente, la asociación elevó una oración a San Cayetano por todos aquellos que buscan empleo, por los emprendedores y por quienes generan trabajo y contribuyen al desarrollo de Argentina, conectando así la devoción popular con el compromiso social y empresarial.








