9 diciembre, 2022

 Viernes de la cuarta semana de Pascua 


Hch 13, 26- 33

Sal 2

Jn 14, 1-6



    El Evangelio que hoy hemos meditado esta tomado del discurso de despedida de Jesús. Los discípulos ya saben que uno de ellos los va a traicionar, que Pedro lo negara tres veces. Se puede respirar un ambiente de tristeza. Por ello la primera afirmación que Jesús va a decirle es: “no pierdan la paz”. 


    Podremos decir que, ante alguna adversidad en la vida, lo primero que se pierde es la paz, la confianza en Dios. Podemos profundizar un poco en esto: cuando alguien pierde a un ser amado se llena de tristeza y pierde la estabilidad emocional; cuando tus proyectos y planes son truncados por alguna adversidad de la vida, pierdes la tranquilidad que había en tu corazón; cuando uno tiene una discusión con un ser amado, sus entrañas se llenan de sentimientos de enojos. Hoy de nuevo Jesús nos motiva a no perder la paz, a tener nuestra mirada y corazón enfocados sólo en Él.


    Ahora bien, el Señor anuncia que se irá a prepararnos un lugar en la casa de su Padre. Y no sólo eso, sino que ha prometido que volverá para llevarnos consigo, para estar donde Él está. De nuevo podemos experimentar el gran amor que Dios nos tiene y la compasión que Jesús tiene por los suyos. Si creemos en Dios y seguimos el camino trazado por Cristo, no habrá ninguna razón para angustiarnos, ya que tendremos un lugar en la casa del Padre.


    San Pablo ha dicho en su discurso en la sinagoga: “la promesa hecha a nuestros padres”, es decir, la de salvarnos y llevarnos al cielo, “nos la ha cumplido Dios a nosotros por medio de su Hijo”. Jesús siempre cumple lo que promete. Es necesario tener confianza y fe en sus palabras. 


    Jesús, que ha compartido nuestra naturaleza humana, sabe de nuestra condición y fragilidad. Por ello, siempre intercederá ante su Padre para que seamos discípulos fieles y así podamos seguirlo por el camino, la verdad y la vida que Él ha colocado delante de nosotros.


    Nosotros que conocemos esas verdades, no nos dejemos dominar por la incredulidad ni la inseguridad. Creemos y sabemos que Dios quiere lo mejor para nosotros. Por ello, entreguémosle nuestras dolencias y debilidades, para que podamos encontrar la paz y así confiar verdaderamente en el amor y la misericordia de Dios.



Pbro. José Gerardo Moya Soto

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Pbro José Gerardo Moya Soto

"Que la homilía pueda ser «una intensa y feliz experiencia del Espíritu, un reconfortante encuentro con la Palabra, una fuente constante de renovación y de crecimiento» (Evangelii gaudium 135). Cada homileta, haciendo propios los sentimientos del apóstol Pablo, reaviva la convicción de que «en la medida en que Dios nos juzgó aptos para confiarnos el Evangelio, así lo predicamos: no para contentar a los hombres, sino a Dios, que juzga nuestras intenciones» (1Ts 2, 4)". Directorio Homilético 2014 (Decreto)

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