1 octubre, 2022

 Martes Santo 

Is 49, 1-6

Sal 70

Jn 13, 21-33. 36-38

    Jesús se conmovió profundamente y declaró: “uno de ustedes me va a entregar”. Estas palabras, como a los Apóstoles, nos pueden dejar perplejos, desconcertados. Pero eso sucede cada ve que nosotros traicionamos a Jesús. Y ¿cómo es esto? Cuando no vivimos conforme el Evangelio, cuando nos buscamos a nosotros mismo al cometer pecado.

    Cuando nosotros traicionamos al Señor, tomamos la misma decisión de Judas, salimos del círculo de los amigos y las tinieblas comienzan a reinar en el corazón del hombre. Cada vez que nos alejamos de Jesús, repetimos el gesto del traidor. No podemos seguir con Él, salimos inmediatamente, en la oscuridad de la noche del pecado. 

    Pero es en ese momento dónde se va a dar perfectamente el plan del Señor: ahora que Judas ha salido, ha sido glorificado el Hijo del hombre. Por el pecado de la traición, se va a dar la entrega del Hijo en la cruz, para así manifestar su amor ilimitado a la humanidad.

    Por otra parte, nos encontramos en un escenario melancólico. Jesucristo se está despidiendo de los suyos, de sus amigos. Las despedidas siempre nos resultan duras, difíciles. Por ello, Pedro no tarda en respingar: “¿a dónde vas? Yo daré la vida por ti”. No podemos asegurar nada, pero probablemente a Simón Pedro le había ganado su explosividad, su inmediatez ante los asuntos del Maestro.

    Varias veces nos podemos desenvolver como Pedro, en donde nos gana la espontaneidad. Creemos que somos fuertes, que podremos estar siempre al pie del cañón. 

    El mismo Maestro nos pone en nuestro lugar: “¿Conque darás tu vida por mí? Iluso, está misma noche me habrás negado tres veces”. Jesús sabe de nuestra fragilidad, de nuestros miedos, de nuestras inseguridades. 

    Por eso nos garantiza que aún no podemos ir a donde Él va. Pero no cierra la puerta del todo. Sabe que con su gracia lograremos estar junto con Él: “a donde yo voy, no me pueden seguir ahora; me seguirán mas tarde”. El creyente tiene que experimentar una triple negación en su vida, para que después se dé una triple afirmación. Pedro negó a Jesús, pero después confirmó su amor por Él: Señor, tú lo sabes todo, tu bien sabes que te amo. 

    Hermanos, es el tiempo de salir al encuentro de Jesús. Seamos conscientes de las veces que lo hemos traicionado, reconozcamos que somos frágiles y vulnerables y confiemos que su gracia nos llevará a estar con Él.

Pbro. José Gerardo Moya Soto

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Pbro José Gerardo Moya Soto

"Que la homilía pueda ser «una intensa y feliz experiencia del Espíritu, un reconfortante encuentro con la Palabra, una fuente constante de renovación y de crecimiento» (Evangelii gaudium 135). Cada homileta, haciendo propios los sentimientos del apóstol Pablo, reaviva la convicción de que «en la medida en que Dios nos juzgó aptos para confiarnos el Evangelio, así lo predicamos: no para contentar a los hombres, sino a Dios, que juzga nuestras intenciones» (1Ts 2, 4)". Directorio Homilético 2014 (Decreto)

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