Un sismo de magnitud 5.1 sacudió la región Junín, en los Andes centrales de Perú, en la noche del pasado 18 de julio de 2026, dejando un rastro de destrucción, con un balance inicial de al menos cinco personas fallecidas, más de una veintena de heridos y cientos de familias damnificadas. El fuerte movimiento telúrico, cuyo epicentro se localizó en el distrito de Chongos Bajo, provincia de Chupaca, a unos 310 kilómetros al este de la capital, Lima, ha movilizado a las autoridades y a la comunidad en un masivo esfuerzo de rescate y asistencia humanitaria.
La madrugada del 19 de julio reveló la magnitud de la tragedia. Viviendas colapsadas, infraestructuras dañadas y comunidades enteras sumidas en la consternación marcaron el paisaje en las zonas más afectadas. El Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI) informó que las labores de rescate se iniciaron de inmediato, con equipos de primera respuesta desplegándose para auxiliar a los atrapados y brindar atención médica a los heridos. La zona de Pumpunya, en Chongos Bajo, figura entre las más golpeadas, con cerca de medio centenar de inmuebles comprometidos o completamente destruidos.
Ante la magnitud del desastre, la Iglesia católica peruana elevó su voz de consuelo y solidaridad. La Conferencia Episcopal Peruana (CEP), a través de un comunicado emitido el 19 de julio, expresó su profundo pesar y cercanía a las víctimas. Monseñor Carlos García Camader, presidente de la CEP, declaró: “Nos unimos al dolor de las familias que lloran a sus seres queridos, elevando nuestras oraciones por el eterno descanso de los fallecidos y pedimos al Señor que conceda a todos fortaleza, consuelo y esperanza”. El mensaje también manifestó la cercanía espiritual a quienes perdieron sus hogares y un reconocimiento a la labor incansable de los equipos de rescate. Los obispos instaron a la solidaridad de todos los peruanos y encomendaron a los afectados a la “Santísima Virgen María, Madre de la Esperanza”.
Desde la Santa Sede, el Papa León XIV no tardó en manifestar su profunda consternación y apoyo. En un mensaje de condolencias dirigido a la Conferencia Episcopal Peruana, el Pontífice expresó su pesar por las vidas perdidas y la devastación causada por el terremoto. León XIV aseguró sus oraciones por las almas de los fallecidos, por la pronta recuperación de los heridos y por el consuelo de todos los damnificados. El Santo Padre también hizo un llamado a la comunidad internacional para que brinde la asistencia necesaria a Perú en este momento de emergencia, reafirmando el compromiso inquebrantable de la Iglesia con quienes sufren.
En el ámbito gubernamental, la respuesta fue inmediata. El Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN) del INDECI coordinó el despliegue de ayuda y monitoreó la situación en tiempo real. La Policía Nacional del Perú, los bomberos y el Ejército Peruano se sumaron a las arduas tareas de búsqueda y rescate, trabajando sin descanso en las zonas de mayor riesgo. El primer ministro Luis Enrique Arroyo Sánchez, acompañado por el ministro de Defensa, Amadeo Flores, y el jefe del INDECI, Luis Enrique Vásquez, se trasladó ese mismo domingo 19 de julio al distrito de Chongos Bajo. Su objetivo era supervisar directamente las acciones de respuesta frente al sismo de magnitud 5.1 y coordinar la atención integral a la población afectada, garantizando que la ayuda llegue a quienes más la necesitan.
Expertos del Instituto Geofísico del Perú (IGP) han ofrecido una explicación sobre la severidad de los daños. Hernando Tavera, presidente del IGP, señaló que el nivel de destrucción en zonas como Pumpunya se atribuye en gran parte a la vulnerabilidad de las viviendas, muchas de ellas construidas con materiales precarios y sin seguir las normativas de edificación sismorresistente. “Cuando las construcciones se hacen con las normas, con la ingeniería, obviamente van a tener mejor resultado que cuando son construidas con material de la zona”, explicó Tavera, resaltando cómo la falta de una ingeniería adecuada puede llevar al colapso fácil ante un movimiento telúrico. Hasta el momento, el IGP ha registrado un total de 12 réplicas, siendo las más intensas de magnitud 3.7 y 3.4, lo que ha mantenido en vilo a la población y ha complicado las tareas de rescate en la región Junín.
La situación en Junín es un recordatorio de la vulnerabilidad de Perú ante la actividad sísmica. Mientras las labores de rescate y la evaluación de daños continúan, la prioridad es asistir a los damnificados con albergues temporales, alimentos, agua potable y atención médica. La solidaridad nacional e internacional, impulsada por las expresiones de la Iglesia y el compromiso gubernamental, será clave para la recuperación y la reconstrucción de las comunidades afectadas en los Andes peruanos. Este sismo en Junín subraya la urgente necesidad de implementar medidas de prevención y construcción seguras en las zonas de alto riesgo sísmico.








