La diócesis de Catamarca ha marcado un hito significativo en su labor pastoral con la inauguración de Casa Nazareth, una innovadora comunidad dedicada al discernimiento vocacional. Este espacio, concebido para jóvenes que exploran la posibilidad de una vida sacerdotal o religiosa, fue oficialmente abierto al público el pasado miércoles 15 de abril mediante una Misa solemne presidida por el obispo diocesano, monseñor Luis Urbanc.
Ubicada estratégicamente junto a la parroquia San José Obrero, en el corazón del barrio La Tablada, Casa Nazareth se erige como un punto de encuentro y reflexión profunda. Su dirección está a cargo del padre Diego Manzaraz, quien ha estructurado el programa formativo en torno a tres pilares fundamentales: la oración constante, la vida en comunidad y el autoconocimiento. Estos elementos buscan ofrecer un ambiente propicio para que los jóvenes puedan escuchar la llamada divina con mayor claridad y autenticidad.
Actualmente, cuatro jóvenes, todos mayores de 23 años, residen en la Casa Nazareth. La particularidad de esta comunidad es que permite a sus integrantes mantener activas sus responsabilidades laborales, académicas y sus lazos familiares, integrando la experiencia de discernimiento en su vida cotidiana. De esta manera, se promueve un acompañamiento espiritual y una formación integral que se adapta a las realidades y compromisos de cada uno, ofreciendo un soporte continuo en su camino de búsqueda.
La ceremonia de inauguración, cargada de un profundo sentido espiritual, tuvo lugar en la parroquia San José Obrero y contó con la concelebración del vicario general de la diócesis, padre Julio Murúa; el padre Diego Manzaraz; y otros sacerdotes del presbiterio catamarqueño. La presencia de numerosos fieles y miembros de la comunidad reflejó el respaldo y la esperanza que este proyecto ha generado en la dióquita local.
Durante su emotiva homilía, monseñor Urbanc compartió que la materialización de Casa Nazareth representa la concreción de un sueño que ha atesorado desde los inicios de su ministerio episcopal. El prelado expresó su profunda gratitud, destacando el coraje y la disposición de los primeros cuatro jóvenes –Marcos, Lautaro, Gonzalo y Rodrigo– por embarcarse en este camino de discernimiento junto al padre Diego Manzaraz y el acompañamiento de toda la Iglesia local. También extendió su agradecimiento a las familias de los jóvenes y al párroco de Recreo, padre Humberto Carrizo, localidad de donde provienen dos de los participantes.
Con una pedagogía clara y directa, monseñor Urbanc reveló a los presentes el verdadero “secreto” de la experiencia que los jóvenes vivirán durante este año: “Es poner la mirada en Jesús. Nada más. No piensen en ser curas”, enfatizó. “Ustedes tienen que descubrir a Jesús y tener una experiencia profunda de Él. Si ustedes logran esto, lo que les pida Jesús lo van a hacer”, aseguró el obispo, instando a los aspirantes a centrarse en el encuentro personal con Cristo como cimiento de cualquier vocación futura.
El obispo de Catamarca también abordó el don del celibato, un aspecto crucial en la vida sacerdotal y religiosa. Animó a los jóvenes a implorar este don insistentemente al Señor: “Este año es para eso, para que ustedes, mirando a Jesús, descubran si tienen ese don y si están dispuestos a vivirlo con alegría. No tengan miedo. Jesús no quita nada, lo da todo. Y si Él les pide el corazón, es para llenarlo de un amor que no se acaba, de un amor que llega a todos, de un amor que nos hace verdaderamente libres”. Sus palabras buscaron disipar temores y alentar la confianza en la generosidad divina.
Para concluir su mensaje, el prelado encomendó a los jóvenes a la protección y guía de la Virgen del Valle, patrona de Catamarca, a quien describió como un ejemplo supremo de entrega total a Dios. “Ella también vivió este don de la entrega total a Dios, los acompañe en este camino, que Ella les enseñe a decir siempre ‘sí’ a la voluntad de Dios, con la misma confianza y el mismo amor con que Ella lo hizo”, oró monseñor Urbanc, inspirando a los presentes a emular la fe incondicional de la Madre de Dios.
Al finalizar la celebración eucarística, el padre Manzaraz se dirigió a la comunidad. Con humildad, admitió la existencia de los miedos inherentes a toda nueva experiencia, pero recalcó una verdad fundamental: “hay una certeza que sostiene siempre y es que el que lleva adelante la obra es Dios. Él es el que hace, conduce, guía, acompaña, hace fructificar. Es, entonces, en el Señor, en quien ponemos nuestra confianza”, afirmó.
El sacerdote enfatizó que esta iniciativa es mucho más que una residencia; es una oportunidad para un “encuentro más profundo con Jesús, que nos ayudará a tener esa certeza y esa claridad que es Cristo, que conduce la historia y que guía nuestras vidas”. Con palabras de aliento y compromiso, el padre Manzaraz concluyó: “Cuenten conmigo para lo que necesiten, para charlar, para rezar, para compartir la vida cotidiana. Vamos a pedirle al Espíritu Santo que nos guíe en cada paso que demos. ¡Bienvenidos y que sea un gran año para todos!”.
El sostenimiento de Casa Nazareth dependerá de la generosidad de la diócesis, las parroquias y las donaciones de la comunidad. En los próximos meses, se espera que se definan nuevas actividades y espacios formativos que enriquecerán la experiencia de los jóvenes en discernimiento. Esta inauguración representa un paso firme de la diócesis de Catamarca en su compromiso con la promoción y el cuidado de las vocaciones, vital para el futuro de la Iglesia.








