21 abril, 2026

En la frontera norte de México, un sacerdote de la Diócesis de Matamoros-Reynosa ha encontrado una singular expresión de su fe y creatividad. Se trata del Padre José Luis Piña Jaramillo, conocido en plataformas digitales como Padre Piña, quien dedica sus momentos libres a la meticulosa confección de sus propios ornamentos litúrgicos. Para él, esta labor artesanal es mucho más que una habilidad manual; es una profunda convicción de que “cada puntada es una oración”, un medio para “darle lo mejor al Señor” en cada celebración eucarística.

El Padre Piña, cuya parroquia es Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, enriquece su ministerio con la creación de piezas que buscan ser únicas, bellas y profundamente ligadas a la liturgia. En una reciente entrevista, explicó que su motivación reside en ofrecer algo que, desde el esplendor de la propia celebración, pueda disfrutarse y elevar el espíritu. Este arte, que ha desarrollado de manera autodidacta, refleja su compromiso con la dignidad del culto divino.

Su trayectoria vocacional es tan inspiradora como su incursión en la costura sacra. Desde su niñez, el Padre Piña sintió la llamada al sacerdocio, una inquietud que, lejos de desvanecerse, se reafirmó con el paso de los años. Su formación incluyó una valiosa experiencia misionera en Perú junto a la Fraternidad Sacerdotal San Miguel Arcángel, comunidad en la que permaneció ocho años y donde, según sus propias palabras, “empecé a amar toda la cuestión del arte, toda la cuestión de la liturgia”. Tras este periodo formativo, regresó a México, donde fue ordenado sacerdote en 2021.

El arte de la costura, sin embargo, no fue parte de su vida hasta bien entrado su ministerio. Fue en octubre de 2025 cuando surgió el interés, inicialmente motivado por la “cuestión económica”. Al observar los elevados precios de los ornamentos sacerdotales de su agrado durante una visita a Roma, se preguntó: “¿Por qué no los puedo hacer yo?”. Sin titubear, adquirió una máquina de coser y comenzó a buscar telas, embarcándose en este nuevo arte sin conocimiento previo alguno. Su aprendizaje fue totalmente empírico, apoyándose en tutoriales disponibles en plataformas digitales como TikTok y YouTube, lo que demuestra su determinación y capacidad de adaptación.

Su primera obra de gran envergadura fue una casulla, la vestidura principal del sacerdote para la Misa, destinada a Mons. Eugenio Lira, Obispo de Matamoros-Reynosa. Este proyecto le tomó dos meses de dedicado trabajo. Aunque la pieza no pudo ser utilizada en la festividad de Nuestra Señora de Guadalupe el 12 de diciembre de 2025 como estaba previsto, el Obispo Lira sí la vistió, junto con una mitra también confeccionada por el Padre Piña, en la significativa Misa Crismal del Jueves Santo, celebrada el 17 de abril de este año (2026). Para los sacerdotes, la Misa Crismal es un momento cumbre, un día en el que renuevan sus promesas ministeriales. La alegría del Padre Piña fue inmensa al ver su creación embelleciendo tan importante liturgia.

El Padre Piña subraya que el proceso de elaboración de ornamentos es, en sí mismo, un ejercicio espiritual. Cada puntada lo conecta con la dignidad del sacramento y con el deseo de ofrecer lo más excelso a Dios. Este 20 de abril, celebrará su quinto aniversario sacerdotal, un lustro de servicio que ha sabido complementar con esta original forma de evangelización a través del arte.

A pesar de su creciente habilidad, el Padre Piña mantiene una actitud de humildad, reconociendo que “es algo que todavía necesito seguir aprendiendo”. Su talento ha comenzado a resonar más allá de su diócesis, recibiendo solicitudes de otros sacerdotes, incluso de diferentes países. Sin embargo, por ahora, él vive esta labor como “algo muy personal”, un acto de profundo amor y devoción.

Para el Padre Piña, el arte sacro representa un tesoro que la Iglesia debe “rescatar”. Lamenta que en muchos templos no se preste la debida atención a la belleza artística, pues considera que “el orden y la belleza vienen de Dios”. Cuando una obra está bien hecha y se puede contemplar, sostiene, “nos acerca efectivamente a Dios”, transformando el espacio sagrado en un reflejo del divino.

Esta experiencia de aprender a coser y, ocasionalmente, a “descoser” cuando las cosas no salían como esperaba, le ha dejado valiosas lecciones de vida. Le recuerda que “todo en la vida tiene errores y hay que aprender de ellos”. Con esta sabiduría, anima a los jóvenes a “vencer nuestros miedos”, asegurando que, “cuando nos ponemos en manos de Dios, todo es posible”. El Padre Piña es un vivo ejemplo de cómo la fe y la perseverancia pueden fusionarse para crear belleza y significado, incluso en los oficios más inesperados.

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