La Iglesia Católica en Colombia ha puesto en marcha una ambiciosa iniciativa para estandarizar y enriquecer el canto en sus celebraciones litúrgicas. Se trata de la elaboración de un “cancionero litúrgico nacional”, un proyecto que busca consolidar criterios comunes y profundizar la expresión espiritual, teológica y comunitaria en la liturgia católica del país. Este esfuerzo se enmarca en la visión de alcanzar una celebración litúrgica que sea, ante todo, “seria, sencilla y hermosa”, según lo expresó el padre Jairo de Jesús Ramírez, director del Departamento de Liturgia del Episcopado colombiano.
El anuncio de este trascendental proyecto tuvo lugar durante el Congreso Nacional de Liturgia 2026, celebrado en Bogotá del 19 al 21 de mayo. Este evento congregó a más de 270 delegados provenientes de las 78 jurisdicciones eclesiásticas de Colombia, incluyendo obispos, sacerdotes, representantes episcopales de liturgia, líderes de ministerios de canto, músicos, religiosos y laicos. La diversidad de participantes subraya la voluntad de la Iglesia colombiana de integrar una amplia gama de perspectivas y experiencias en la construcción de este nuevo repertorio musical.
El padre Ramírez detalló que el material recopilado de las diversas ponencias y diálogos sostenidos durante el congreso será el punto de partida para la confección de este cancionero. Una vez elaborado, el compendio será distribuido entre todos los directores de canto litúrgico, sacerdotes y obispos del país, asegurando que el nuevo recurso llegue a quienes tienen la responsabilidad de animar la participación musical de los fieles. Este proceso no se limitará al ámbito nacional. El sacerdote indicó que las siguientes etapas incluirán la revisión por parte de la Asamblea Plenaria del Episcopado colombiano y, posteriormente, la remisión al Vaticano, específicamente al Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Esta instancia vaticana, bajo la directa autoridad del Papa León XIV, asegura la coherencia litúrgica global y la fidelidad a la doctrina católica en todas las iglesias particulares. La supervisión del Papa, a través de sus dicasterios, es crucial para que cualquier reforma litúrgica local se alinee con las directrices universales de la Iglesia.
Monseñor José Saúl Grisales, presidente de la Comisión de Liturgia del Episcopado, enfatizó la naturaleza del cancionero como un “instrumento”. Sin embargo, aclaró que no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para que aquellos encargados de guiar el canto litúrgico comprendan la profunda “vocación” que poseen. Para Monseñor Grisales, el canto litúrgico trasciende la mera función de un adorno musical en la ceremonia; se convierte en una vía esencial para “celebrar nuestra alegría de que el Señor nos comunica vida cuando nos encontramos con Él en la liturgia”. Esta perspectiva eleva el canto a una dimensión teológica y espiritual, considerándolo una parte integral de la experiencia de fe y del encuentro con lo divino.
El congreso contó con la notable participación de Monseñor Marco Frisina, una figura de renombre internacional en la música sacra, director del coro de la Diócesis de Roma, maestro de capilla de la Catedral de Roma y rector de la Basílica de Santa Cecilia en Trastevere. Su presencia aportó una valiosa perspectiva sobre la tradición musical de la Iglesia y las posibilidades de su renovación. Monseñor Frisina resaltó el potencial musical intrínseco de Colombia. “Creo que Colombia tiene por sí misma una vocación musical que debe cultivar”, expresó, haciendo alusión tanto a la rica tradición local como al “gran entusiasmo” observado durante los días del evento. Su visión refuerza la idea de que el nuevo cancionero puede ser un puente entre la tradición universal de la Iglesia y la particularidad cultural colombiana.
Además de la creación del cancionero, el Episcopado informó que el congreso también puso de manifiesto la necesidad imperativa de recuperar el valor de la “misa cantada”. Esta práctica, fundamental en la historia de la liturgia, busca fomentar una mayor participación activa y consciente de los fieles. El objetivo es promover celebraciones que no solo sean musicalmente cohesionadas, sino también “vivas, participativas y profundamente arraigadas en la espiritualidad litúrgica de la Iglesia”.
Este proyecto representa un paso significativo en la búsqueda de la Iglesia colombiana por revitalizar sus prácticas litúrgicas, asegurando que el canto sea una fuente de inspiración y comunión, que verdaderamente eleve el espíritu de los fieles y refleje la riqueza del misterio cristiano. La iniciativa, que cuenta con el respaldo de la máxima autoridad eclesiástica, el Papa León XIV, a través de sus dicasterios, aspira a dejar un legado duradero en la vida espiritual y cultural del catolicismo colombiano.








