A la temprana edad de 38 años, el Cardenal Rafael Merry del Val asumió una de las responsabilidades más influyentes dentro de la jerarquía católica al ser designado secretario de Estado por San Pío X. Para cualquier individuo, alcanzar el segundo puesto de la Santa Sede habría sido un motivo de vanagloria; sin embargo, este aristócrata español lo interpretó como una nueva oportunidad para practicar la modestia y el servicio desinteresado.
Destacado diplomático, políglota y dotado de una brillante preparación intelectual, se ganó la absoluta confianza pontificia gracias a su lealtad reservada y a una intensa vida espiritual. Su trayectoria en la Curia romana se consolidó durante el pontificado de León XIII y continuó tras su fallecimiento, cuando actuó como secretario del cónclave de 1903. Aquella elección estuvo marcada por el veto del emperador austrohúngaro contra el Cardenal Mariano Rampolla del Tindaro, un giro histórico que propulsó al solio pontificio al Cardenal Giuseppe Sarto, el futuro San Pío X.
Un cónclave marcado por la incertidumbre y la cercanía
En el momento de su elección, el nuevo Papa experimentó profundas dudas sobre su propia idoneidad para guiar a la Iglesia en un periodo de fuerte hostilidad política y social. “Cuando le nombran Papa, él se va a la Capilla de las Lágrimas a rezar e incluso llora. Eran momentos de gran persecución a la Iglesia y sentía que quizá no estaba a la altura porque se necesitaba una persona de gran fortaleza”, relata a EWTN News Español el sacerdote Álvaro Serrano Bayán, autor del libro Crecer en humildad. 7 pasos con el cardenal Merry del Val (Editorial Monte Carmelo), una publicación que recupera la dimensión mística del purpurado.
Ante aquel escenario de vértigo institucional, Merry del Val acudió junto al pontífice electo para infundirle ánimos y disipar sus temores, consolidando así un vínculo de profunda confianza recíproca. “Estaba en el momento más duro, más íntimo. Supo llegar y él vio que era una persona de confianza”, explica el presbítero.
Siete años de investigación sobre un gigante espiritual
El autor de la obra, un sacerdote extremeño formado como ingeniero aeroespacial y licenciado en Historia y Comunicación, dedicó siete años a rastrear correspondencia privada, homilías y escritos dispersos del autor de las célebres letanías de la modestia. El resultado de esta minuciosa labor documental es un volumen que recopila 380 consejos espirituales diseñados para el creyente actual.
El interés del investigador comenzó de manera fortuita durante sus años de seminario al descubrir las oraciones atribuidas al purpurado. “Cuanto más conocía Merry del Val, más me gustaba sus escritos, sus homilías, sus direcciones espirituales, sus cartas a la gente que dirigía o cartas a personas que conocía”, recuerda. Este entusiasmo propició una investigación exhaustiva en archivos y publicaciones que hoy coincide con el avance de la causa de canonización del Siervo de Dios y la conmemoración del aniversario de su nacimiento en Londres en 1865.
El significado profundo del humus y la tierra fértil
Con un prólogo redactado por el Cardenal Pietro Parolin, actual secretario de Estado vaticano, el volumen estructura su propuesta en siete etapas inspiradas en el término latino humus, que se traduce como tierra fértil. “Humus significa tierra fértil. De ahí viene la palabra humildad”, detalla el P. Serrano.
A través de esta metáfora agraria, el texto compara el cultivo de la tierra con el desarrollo interior del alma, la cual requiere ser trabajada y receptiva para dar frutos duraderos. El libro se presenta como una herramienta versátil que puede leerse de manera consecutiva, emplearse como guía de oración o utilizarse “como un libro de cabecera de noche de adoración del Santísimo”, apuntando finalmente hacia la figura de la Virgen María como modelo supremo.
Una respuesta a la cultura de la egolatría contemporánea
Para el sacerdote investigador, las enseñanzas del cardenal conservan una vigencia extraordinaria en una sociedad dominada por la exposición digital y la necesidad constante de validación externa. “La humildad es andar en la verdad, ser bueno, decir lo que hay. No, elevarnos mucho, ni bajarnos mucho”, sostiene, citando a Santa Teresa de Jesús.
Asimismo, advierte contra el error frecuente de confundir esta virtud con el menosprecio propio. “La humildad no es el no valgo para nada, la humildad es valemos para mucho. Dios nos ha creado, pero que todo viene de Dios y que tampoco necesitamos el reconocimiento continuo de los demás para sabernos lo que somos”, puntualiza.
La coherencia entre la alta responsabilidad y la sencillez
Uno de los aspectos más notables del biografiado fue su capacidad para conservar la sencillez pese a ocupar uno de los puestos de mayor poder en la estructura eclesiástica. “Merry del Val no buscó el cargo de secretario de Estado ni construyó su identidad en torno a él. Sabía que las responsabilidades son pasajeras, mientras que el sacerdocio constituye una realidad permanente. Los cargos terminan; la vocación permanece”, subraya el autor, recordando que el valor de una persona no reside en su estatus profesional o social.
Frente a la lógica actual de las redes sociales y la búsqueda de aplausos, las célebres palabras del cardenal —“Líbrame, Señor, del deseo de ser amado, estimado o preferido”— adquieren el carácter de un antídoto contra la soberbia. “Una persona que es humilde, el día que no tenga like o que nadie lea su artículo le va a dar igual porque no lo ha hecho para que lo lea la gente ni para que le den like”, concluye el sacerdote.








