8 noviembre, 2026

El desafío pastoral en una de las naciones más secularizadas

Durante su última jornada de actividades en territorio uruguayo, el máximo representante de la Iglesia Católica presidió una multitudinaria eucaristía a las afueras del principal recinto mariano del país. Ante una plaza colmada de fieles congregados frente al templo del centro-sur del territorio nacional, el pontífice centró su mensaje en la urgencia de mantener encendida la llama espiritual frente a los profundos procesos de desconexión religiosa que experimenta la sociedad contemporánea.

Es importante destacar que el 28 % de la población se identifica como ateo o agnóstico, convirtiendo a esta nación sudamericana en una de las zonas con mayor índice de secularización en toda la región, donde amplios sectores ciudadanos no practican ninguna creencia organizada de manera formal.

Un recorrido histórico vinculado a la espiritualidad mariana

La ceremonia religiosa tuvo lugar en las inmediaciones del santuario que resguarda la histórica imagen de la Virgen de los Treinta y Tres, una venerada pieza tallada en madera cuyo nombre evoca la gesta independentista del siglo XIX, época en la cual los próceres locales encomendaron el destino de la patria a la protección divina.

Al respecto, el líder del Vaticano señaló con énfasis que tampoco la historia de los pueblos se comprende del todo cuando se prescinde de Dios, vinculando aquel acontecimiento fundacional con la persistente influencia de las mujeres en la transmisión de las creencias religiosas dentro del núcleo familiar.

El llamado a las madres y abuelas frente al desaliento

En uno de los momentos más emotivos de su predicación dominical, el sucesor de Pedro reconoció públicamente la fatiga y la tristeza que embarga a muchas mujeres mayores al observar la distancia espiritual que hoy mantienen sus hijos y descendientes más jóvenes respecto a la doctrina cristiana.

“Madres y abuelas: ¡no se cansen de transmitir la fe!”, expresó León XIV ante la multitud, pidiéndoles que mantengan la perseverancia a pesar de los obstáculos actuales. Asimismo, agregó: “Aunque sus seres queridos parezcan lejos de Dios, sigan poniéndolos ante Él. No dejen de bendecir, de acompañar, de recordarles con sencillez aquello que un día recibieron”.

El obispo de Roma profundizó en esta problemática al señalar los sentimientos de culpa que a menudo experimentan las progenitoras: “Sé que muchas cargan una pena muy concreta. Enseñaron a rezar a sus hijos y hoy esos hijos ya no rezan. Iban juntos a Misa y hace años que no entran en una iglesia. Hablaron a sus nietos de Dios y ahora no saben si aquellas palabras dejaron alguna huella. A veces se preguntan si hicieron algo mal o si todo aquello terminó perdiéndose”. Para contrarrestar este desaliento, propuso como modelo a Santa Mónica y su incansable esperanza.

Una invitación abierta a la evangelización cotidiana

El llamamiento del jerarca católico no se limitó al ámbito femenino, pues también instó de manera directa a los padres y abuelos a involucrarse activamente en la educación espiritual de las nuevas generaciones, recordando que el testimonio visual dentro del hogar resulta fundamental para el desarrollo de los jóvenes.

Para concluir sus actividades pastorales antes de rezar la tradicional oración mariana del Ángelus, el pontífice exhortó a la comunidad a redoblar los esfuerzos de apostolado en la vida diaria, instando a recuperar el dinamismo misionero en los entornos más cercanos:

“¡Hay que entrar de nuevo en las casas, acercarse a las personas, escuchar sus preguntas y llevarles a Cristo! Cada uno sabe hacia quién debe dar ese paso: quizá un hijo, un amigo, un vecino, alguien que dejó de creer hace mucho tiempo o que nunca ha tenido cerca a una persona que le hablara de Dios”, manifestó el Papa.

Como gesto final de devoción antes de despedirse de los fieles uruguayos, el líder religioso depositó una tradicional rosa de oro ante la histórica advocación mariana, recordando previamente los lineamientos doctrinales sobre la única mediación de Cristo y el papel de María dentro de la teología católica.

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