El Papa León XIV evoca su etapa como misionero en tierras peruanas por el centenario del Domund
Con motivo de la celebración del centenario del Domingo Mundial de las Misiones, conocido popularmente como el Domund, el Papa León XIV ha querido compartir un mensaje muy personal dirigido a las Obras Misionales Pontificias en España. En esta intervención audiovisual, el máximo representante de la Iglesia católica profundizó en los recuerdos de su juventud y en cómo su paso por diversas comunidades eclesiásticas moldeó su vocación sacerdotal y religiosa.
El Pontífice centró una parte importante de su alocución en agradecer el impacto histórico que ha tenido esta jornada desde su establecimiento oficial impulsado por el Papa Pío XI. Según destacó, aquel mandato original buscaba incentivar en cada rincón parroquial una comprensión profunda de la labor de evangelización, fomentando la oración ferviente y el respaldo material a las instituciones encargadas de llevar el Evangelio a los lugares más apartados del planeta.
Las oraciones como preparación espiritual
Reflexionando sobre su propia trayectoria, el Santo Padre explicó cómo las plegarias comunitarias influyeron decisivamente en su decisión de unirse a la Orden de San Agustín. Recordando su juventud, el Pontífice señaló que las oraciones ofrecidas al Señor de la mies ayudaron a preparar mi corazón para escuchar el llamado de Jesús a seguirlo como misionero agustino.
Asimismo, reconoció que el apoyo constante y las contribuciones económicas de los fieles católicos de todo el mundo resultaron fundamentales para sostener no solo su propia labor apostólica en territorio peruano, sino también la de miles de sacerdotes, religiosos y laicos consagrados en diferentes naciones. Por este motivo, extendió su reconocimiento público a quienes han respaldado esta iniciativa solidaria durante décadas.
Una década de servicio pastoral en Perú
La relación del entonces sacerdote Robert Prevost con Perú comenzó formalmente en 1985, año en el que se instaló como misionero en la provincia de Morropón-Chulucanas, situada en el departamento de Piura. Durante esa primera etapa desempeñó funciones como vicario parroquial en la Catedral de la Sagrada Familia y colaboró estrechamente en la preparación de los jóvenes seminaristas locales.
Tras un breve paso por los Estados Unidos para asumir responsabilidades formativas dentro de su provincia agustina, el religioso retornó a tierras peruanas en 1988 para iniciar una estancia de una década en la ciudad de Trujillo. En este periodo asumió roles de alta responsabilidad, tales como prior de comunidad, profesor en el Seminario Mayor de San Carlos y San Marcelo, vicario judicial del arzobispado y párroco, además de guiar a los aspirantes agustinos provenientes de diversos vicariatos.
Años más tarde, tras asumir cargos de gobierno internacional en su orden que lo llevaron a residir en Roma, el sacerdote regresó al país sudamericano en noviembre de 2014, cuando el Papa Francisco lo designó administrador apostólico de la Diócesis de Chiclayo. Meses después adoptó la nacionalidad peruana y asumió la titularidad episcopal de dicha diócesis, a la que posteriormente se sumaría su labor al frente de la Diócesis del Callao, antes de su traslado definitivo a Roma para dirigir el Dicasterio para los Obispos en 2023.
Unidad y compromiso con la evangelización
Durante su mensaje conmemorativo por los cien años del Domund, el Obispo de Roma también puso el foco en el lema elegido para esta edición: “Uno en Cristo, unidos en la misión”. A su juicio, esta consigna convoca a los creyentes a reflexionar sobre la responsabilidad ineludible de fortalecer la comunión eclesial y difundir la enseñanza cristiana a todas las naciones.
El Papa recordó que mediante el sacramento del bautismo todos los miembros de la Iglesia adquieren un protagonismo activo en la obra salvífica, colaborando conjuntamente como una gran familia guiada por el Espíritu Santo. Finalmente, invitó a la comunidad global a contribuir, cada uno según su vocación y los dones recibidos, a la gran misión evangelizadora, que es siempre obra del amor.








