26 abril, 2026

Ciudad del Vaticano – El Papa León XIV presidió este IV Domingo de Pascua, también conocido como el Domingo del Buen Pastor, la ordenación de diez nuevos sacerdotes en la majestuosa Basílica de San Pedro. Durante la solemne homilía, el Pontífice instó a los recién ordenados a ser facilitadores del encuentro y a asegurar que la Iglesia sea siempre una “puerta abierta”, nunca un “obstáculo” ni un “filtro” para quienes buscan entrar.

La ceremonia marcó un hito significativo, con ocho de los nuevos presbíteros destinados a la Diócesis de Roma, de la cual el Papa es obispo, y otros dos para diferentes jurisdicciones eclesiásticas internacionales. Con palabras firmes y un profundo mensaje pastoral, León enfatizó la misión fundamental de los sacerdotes en el mundo contemporáneo.

**Una Iglesia sin barreras, un canal para la fe**

“Nunca oculten esta puerta santa, no la cierren, no sean un obstáculo para el que quiere entrar”, declaró León XIV, resonando con las palabras de Jesús en el Evangelio de san Lucas: “No han entrado ustedes, y a los que quieren entrar, se lo impiden”. El Papa interpretó este pasaje como un “reproche amargo” a aquellos que, históricamente, han ocultado la clave de un camino que debe ser accesible para toda la humanidad.

En línea con el evangelio del día, donde Jesús proclama “Yo soy la puerta”, el Santo Padre delineó el perfil esencial de la misión sacerdotal: mantener el umbral de la Iglesia libre y accesible, sin necesidad de elaboraciones complejas. Subrayó que, a diferencia de otras afiliaciones donde la entrada puede ser fácil pero la salida casi imposible, la Iglesia del Señor respeta y promueve la libertad humana. Quien encuentra la salvación, según el mensaje de Cristo, “entra, sale y encuentra su alimento”.

El Papa León XIV extendió esta visión más allá de los confines eclesiásticos, recordando que la vida espiritual no se limita a la “parroquia, la asociación, el movimiento o el grupo”. Quienes son salvados están llamados a trascender estos espacios. “Queridos hermanos, salgan y encuéntrense con la cultura, con la gente, con la vida. Admiren aquello que Dios hace crecer sin que nosotros lo hayamos sembrado”, exhortó el Pontífice, animando a los nuevos presbíteros a una pastoral de salida.

En un momento donde las cifras pueden indicar una distancia creciente entre la sociedad y la institución eclesiástica, León XIV fue enfático: “Hoy más que nunca, especialmente cuando los números parecen marcar una distancia entre las personas y la Iglesia, ¡mantengan la puerta abierta! Dejen entrar y estén listos para salir”. El mensaje fue claro y directo: “Ustedes son un canal, no un filtro”.

**El servicio sacerdotal y el cuidado del amor**

La liturgia de ordenación, marcada por la imposición de manos, la oración consagratoria y la unción de las manos, simbolizó la entrega de estos hombres al servicio del pueblo de Dios. Los diez diáconos, ahora presbíteros, han sido llamados a predicar, celebrar los sacramentos y acompañar a las comunidades que se les confiarán.

Entre los ordenados para la Diócesis de Roma se encuentran Guglielmo Lapenna, Giorgio Larosa, Jos Emanuele Nleme Sabate, Giovanni Emanuele Nunziante Salazar, Antonino Ordine, Yordan Camilo Ramos Medina, Daniele Riscica y Cristian Sguazzino. Además, el Papa ordenó a Armando Roa Núñez, originario de México e incardinado en la Diócesis de Miao, en la India, y a Selwyn Pinto Loyce, nacido en Arabia Saudita e incardinado en el Instituto de Cristo Redentor, Misioneras y Misioneros Identes. El Papa resaltó la “generosidad y entusiasmo” en la disponibilidad de estos hombres para la vida sacerdotal, atribuyendo su llamado a la acción del Espíritu Santo, que “une personas y vocaciones en la libertad”.

El Papa León XIV dedicó también parte de su homilía a la reflexión sobre el celibato sacerdotal, comparándolo con el amor conyugal. “Ciertamente, como el amor de los esposos, también el amor que inspira el celibato por el Reino de Dios debe cuidarse y renovarse siempre, porque todo afecto verdadero madura y se vuelve fecundo con el tiempo”, afirmó.

El Santo Padre compartió además algunos “secretos” del servicio sacerdotal, destacando que una unión más profunda con Cristo se traduce en una pertenencia más radical a la humanidad común. Los exhortó a cultivar un modo de amar específico, delicado y exigente, y a permitirse ser amados con libertad. Este camino, aseguró, los convertirá no solo en “buenos sacerdotes, sino también en ciudadanos honestos, disponibles, constructores de paz y de amistad social”.

**La seguridad en Cristo y el rol de las comunidades**

Otro de los “secretos” que compartió el Papa León fue la valentía de no temer a la realidad. “El que nos llama es el Señor de la vida”, afirmó, pidiéndoles que su ministerio comunique la paz de quien, aún entre peligros, sabe por qué se siente seguro. Lamentó la tendencia actual de buscar seguridad en la agresividad, en el encierro de las comunidades y en la búsqueda de enemigos. “A menudo hay miedo a nuestro alrededor y quizás también dentro de nosotros”, reconoció.

Ante esto, León XIV subrayó que la seguridad de los sacerdotes no debe residir en su rol o posición, sino “en la vida, muerte y resurrección de Jesús, en la historia de salvación en la que participan con su pueblo”. Lo que anuncian y celebran los protegerá en tiempos difíciles. Las comunidades a las que serán enviados son, en sí mismas, lugares donde el Resucitado ya está presente y donde muchos ya lo siguen de manera ejemplar.

Para concluir, el Papa León animó a los nuevos presbíteros a apoyarse en sus comunidades, que los ayudarán a crecer en santidad. Asimismo, los exhortó a guiar a estas comunidades para que caminen unidas tras Jesús, el Buen Pastor, convirtiéndose en “lugares —jardines— de la vida que renace y se comunica”. En este contexto, la tarea de “facilitar el encuentro, ayudar a reunirse con quienes de otro modo no se conocerían nunca y acercar a los contrarios” cobra un significado profundo, estrechamente ligado a la celebración de la Eucaristía y del sacramento de la Reconciliación. “Reunir es, siempre y nuevamente, establecer la Iglesia”, finalizó el Pontífice.

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