13 mayo, 2026

En un gesto que ha resonado profundamente entre los fieles, el Papa León XIV realizó este miércoles una parada inesperada con su papamóvil en la Plaza de San Pedro. El Santo Padre detuvo el vehículo, con el que habitualmente saluda y bendice a los peregrinos, exactamente en el lugar donde, hace 45 años, su predecesor, San Juan Pablo II, fue víctima de un terrible atentado. Este emotivo momento tuvo lugar el 13 de mayo de 2026, fecha cargada de un simbolismo especial por coincidir con el aniversario de las apariciones de la Virgen de Fátima.

Descendiendo del papamóvil, el Pontífice permaneció en silencio ante la placa de mármol blanco que marca el sitio donde el Papa polaco fue herido por cuatro disparos el 13 de mayo de 1981, efectuados por el turco Mehmet Alí Agca. Conmovido, León XIV se arrodilló y acarició la placa, en un acto de recuerdo y oración que capto la atención de los presentes y evocó la memoria de uno de los momentos más dramáticos en la historia reciente del Vaticano.

Aquel fatídico ataque contra San Juan Pablo II, ocurrido un 13 de mayo, adquirió una dimensión espiritual aún mayor por su coincidencia con la festividad de Nuestra Señora de Fátima. Esta fecha conmemora la primera de las seis apariciones de la Virgen María a los tres pastorcillos en Cova da Iria, Portugal, en 1917. Para San Juan Pablo II, esta coincidencia no fue casual; creía firmemente que su vida fue salvada por la intercesión de la Virgen de Fátima. Días después del atentado, aún convaleciente en el hospital, solicitó y leyó el Tercer Secreto de Fátima, hasta entonces un documento reservado solo para los pontífices y que sería hecho público años más tarde. Redactado por sor Lucía, una de las videntes, el secreto describe una visión en la que se muestra a un Santo Padre “afligido por el sufrimiento y la pena”, rezando “por el alma de los cadáveres que encontraba en el camino”, una imagen que muchos vincularon directamente con el intento de asesinato.

San Juan Pablo II nunca dejó de expresar su agradecimiento a la Madre de Dios por haberle salvado la vida. En una entrevista con el escritor francés André Frossard, el Papa polaco afirmó: “Una mano disparó y otra condujo la bala”, refiriéndose a la intervención divina. Tras recibir el alta y reanudar las audiencias generales en la Plaza de San Pedro, después de cinco meses de hospitalización, aseguró haber experimentado “la extraordinaria protección maternal que demostró ser más fuerte que el mortal proyectil”. Su devoción a Fátima se manifestó en varios actos significativos. En 1982, visitó el santuario portugués para celebrar la Santa Misa y consagrar el mundo a la Virgen. Posteriormente, el 13 de mayo de 2000, beatificó en el mismo santuario a los pastorcillos videntes, Jacinta y su hermano Francisco.

Hoy, León XIV ha querido recordar y subrayar que el atentado contra su predecesor no resultó mortal “gracias a la protección de la Virgen, como él mismo confirmó de muchas maneras”. Este mensaje de gratitud y fe mariana no es casual en el pontificado del Papa actual. Por este motivo, el Pontífice explicó que ha dedicado la catequesis de este miércoles a “La Virgen María, modelo de la Iglesia” y a su ilustre predecesor, cuyo lema personal, “Totus tuus” (Todo tuyo), era una expresión de su completa entrega a la Virgen María.

El Papa León continuó así su ciclo de catequesis sobre el Concilio Vaticano II, deteniéndose en el último capítulo de la Constitución dogmática sobre la Iglesia, *Lumen gentium*. En sus reflexiones, señaló que en María “se pueden reconocer tanto el modelo como el miembro excelente y la madre de toda la comunidad eclesial”. Profundizando en esta idea, el Santo Padre explicó que “María es modelo perfecto de lo que toda la Iglesia está llamada a ser: criatura de la Palabra del Señor y madre de los hijos de Dios, generados en la docilidad a la acción del Espíritu Santo”. Añadió que, al ser la creyente por excelencia, en quien se nos ofrece la forma perfecta de apertura incondicional al misterio divino en la comunión del pueblo santo de Dios, María se erige como “miembro eminente de la comunidad eclesial”.

Asimismo, el Papa León XIV destacó que la Virgen María es la “mujer icono del Misterio”, a quien se le concedió vivir “la extraordinaria experiencia de convertirse en la madre del Mesías”. Explicó que “en ella se realiza el doble movimiento de descenso y ascenso: en ella resplandecen tanto la elección gratuita por parte de Dios como el libre consentimiento de la fe en él”. Esto la convierte en la “mujer icono del Misterio, es decir, del designio divino de salvación, oculto en otro tiempo y revelado plenamente en Jesucristo”. En la figura de la Virgen María, continuó, también se refleja “el misterio de la Iglesia: en ella el pueblo de Dios encuentra representados su origen, su modelo y su destino”.

El Papa resaltó que en la Madre del Señor, la Iglesia contempla su propio misterio, “no solo porque encuentra en ella el modelo de la fe virginal, de la caridad materna y de la alianza esponsal a la que está llamada, sino sobre todo porque reconoce en ella su arquetipo, la figura ideal de lo que está llamada a ser”. Las profundas reflexiones recogidas en *Lumen gentium*, concluyó el Pontífice, enseñan a amar la Iglesia y a trabajar incansablemente por el cumplimiento del Reino de Dios, un reino que encontrará su plenitud en la gloria eterna.

Por ello, el Santo Padre invitó a todos los fieles a dejarse interpelar por el ejemplo de María, Virgen y Madre, a través de preguntas concretas y desafiantes: “¿Vivo con fe humilde y activa mi pertenencia a la Iglesia? ¿Reconozco en ella la comunidad de la alianza que Dios me ha dado para corresponder a su amor infinito? ¿Me siento parte viva de la Iglesia, en obediencia a los pastores dados por Dios? ¿Miro a María como modelo, miembro eminente y madre de la Iglesia, y le pido que me ayude a ser discípulo fiel de su Hijo?”. Con este llamado a la reflexión, el Papa León XIV unió el recuerdo histórico de un atentado con la riqueza teológica de la devoción mariana, reafirmando su centralidad en la fe católica.

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