6 noviembre, 2026

El pontífice ensalza la figura del beato Jacinto Vera durante su encuentro con el clero uruguayo

Durante un solemne encuentro celebrado en la Catedral de Montevideo, el Papa León XIV colocó al beato Jacinto Vera como un modelo viviente de entrega pastoral ante obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas y miembros de congregaciones religiosas de Uruguay.

En el marco de la ceremonia de rezo de las vísperas, el máximo representante de la Iglesia católica reflexionó sobre la profunda huella espiritual que dejó el primer obispo del país sudamericano, cuya figura sigue resonando con fuerza en la comunidad eclesiástica local.

Un legado de cercanía y bondad pastoral

Ante los religiosos congregados en el principal templo capitalino, el Santo Padre recordó que bajo las bóvedas de esta Catedral descansa el cuerpo del beato Jacinto Vera, subrayando que su sepulcro resguarda aquellos restos mortales que sirvieron incansablemente para llevar el mensaje cristiano por todo el territorio nacional.

El pontífice detalló cómo el fraile y pastor recorrió los caminos uruguayos para socorrer a los más desfavorecidos y administrar los sacramentos. En su discurso, el Papa compartió un testimonio histórico sobre la profunda espiritualidad que caracterizaba al prelado:

“De verlo nada más parecía que estaba siempre en oración”

— Relato de una religiosa que conoció al beato

Asimismo, el líder de la Iglesia católica destacó que la comunión constante con lo divino moldeó por completo la personalidad, los gestos y la manera de relacionarse del religioso, logrando que los fieles experimentaran una cercanía genuina con los valores cristianos:

“Quienes se acercaban a él encontraban algo de la bondad de Cristo, incluso antes de escuchar una palabra de su predicación”

— Papa León XIV

Esta conexión con la grey católica tuvo uno de sus momentos más significativos cuando el 6 de mayo de 2023, el emblemático Estadio Centenario de Montevideo acogió la multitudinaria ceremonia oficial de beatificación del histórico pastor uruguayo.

Raíces y trayectoria del primer obispo de Uruguay

La historia de Jacinto Vera y Durán está marcada por los constantes desplazamientos y una vocación forjada en el esfuerzo rural. Nació el 3 de julio de 1813 en alta mar, a bordo de un navío que surcaba el Océano Atlántico mientras su familia emigraba desde las Islas Canarias con rumbo a tierras sudamericanas.

Durante su juventud, el futuro prelado desempeñó labores agrícolas y ganaderas en las zonas de Maldonado y Toledo. Sin embargo, su vocación religiosa maduró de forma definitiva a la edad de 19 años. Decidido a servir al altar, se trasladó a Buenos Aires para completar sus estudios eclesiásticos, recibiendo la ordenación sacerdotal el 5 de junio de 1841.

Su primera gran etapa pastoral transcurrió como párroco en la Villa de Guadalupe de Canelones, donde ejerció su ministerio durante 17 años, abarcando el periodo entre 1842 y 1859. Posteriormente, su liderazgo eclesiástico lo llevó a asumir responsabilidades de mayor envergadura a nivel nacional.

Conflictos, exilio y consolidación de la Iglesia uruguaya

En el año 1859 fue designado Vicario Apostólico de Montevideo. Desde este puesto impulsó una profunda renovación en la formación del clero, emprendió travesías misionales de gran alcance geográfico y asumió la defensa de la autonomía eclesiástica frente al poder político de la época.

Dicha postura firme le acarreó tensiones con las autoridades gubernamentales, derivando en un destierro que cumplió en territorio argentino entre octubre de 1862 y agosto de 1863. Superado este episodio, continuó ascendiendo en la jerarquía eclesiástica al ser nombrado obispo titular de Megara el 22 de septiembre de 1864, recibiendo la consagración episcopal el 16 de julio de 1865.

Su compromiso con la universalidad de la Iglesia quedó patente al participar en el Concilio Vaticano I entre 1869 y 1870. De regreso en Uruguay, destinó todos sus esfuerzos a mediar para poner fin a los enfrentamientos de la guerra civil, logrando un clima de pacificación que permitió reactivar la evangelización con el valioso apoyo de las congregaciones jesuita y salesiana.

El 4 de junio de 1875 consagró solemnemente a la nación uruguaya al Sagrado Corazón de Jesús. Tras la erección canónica de la Diócesis de Montevideo, fue nombrado su primer obispo titular el 13 de julio de 1878.

Su incansable labor pastoral continuó hasta el final de sus días. El 28 de abril de 1881 emprendió su último viaje misional hacia la localidad de Pan de Azúcar. Las rigurosas condiciones del trayecto deterioraron gravemente su salud, provocando su fallecimiento el 6 de mayo de 1881.

El proceso hacia su reconocimiento en los altares avanzó de manera firme cuando el Papa Francisco aprobó el milagro atribuido a su intercesión, consistente en la milagrosa curación de una niña registrada en 1936, culminando en la histórica ceremonia que hoy sigue inspirando a los religiosos de Uruguay.

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