21 julio, 2026

La Librería Editrice Vaticana (LEV) ha lanzado recientemente la primera edición en italiano de “Félix Varela. Una biografía”, una obra que ilumina la vida y el profundo legado de un sacerdote considerado una figura clave en la génesis de la identidad nacional cubana. Este texto, publicado el 9 de julio, es un tributo al presbítero que, a través de sus escritos y acciones, forjó los cimientos de la cultura de la isla.

La biografía, de 208 páginas, fue escrita por Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, una prominente figura de la Iglesia Católica en Cuba que falleció en La Habana en 2014. El prólogo estuvo a cargo del arzobispo Vincenzo Paglia, presidente emérito de la Pontificia Academia para la Vida, quien subraya en su texto la estrecha conexión entre el padre Varela y la sociedad cubana.

Según Paglia, el impacto de Varela radica en su capacidad para articular una identidad nacional que fusionaba la fe con un nuevo humanismo. Este humanismo priorizaba la primacía de la conciencia individual y defendía la condena de la esclavitud, junto con la imperiosa necesidad de la independencia de Cuba. Estas ideas resonaron profundamente en una época de transformación radical para los territorios americanos bajo el dominio del Imperio español.

El arzobispo describe a Varela como un sacerdote activamente comprometido con las cuestiones sociales de su tiempo. Su labor, a menudo calificada de “civilizadora”, abarcó una renovación pedagógica integral. Fue un innovador en la enseñanza de la filosofía, la teología, el derecho y las ciencias, logrando una síntesis magistral donde la fe y la cultura se entrelazaban como dimensiones inseparables. Considerado un “sacerdote ejemplar” y “patriota íntegro”, se le recuerda como “el primero que nos enseñó a pensar”, una frase que encapsula su revolucionaria contribución al pensamiento cubano.

Nacido en La Habana el 20 de noviembre de 1788, la influencia y el prestigio del padre Varela lo llevaron a ser elegido en 1821 como representante de Cuba ante las Cortes de Madrid. Allí, presentó propuestas legislativas audaces para la época, incluyendo la abolición de la esclavitud en la isla, la declaración de la independencia cubana y el establecimiento de un sistema de gobierno propio para las provincias de ultramar. Estas iniciativas le valieron un exilio forzoso en 1823, obligándolo a establecerse en Nueva York, Estados Unidos.

Durante su estancia en Norteamérica, el padre Varela continuó su labor pastoral como párroco y vicario episcopal. Monseñor Paglia destaca que, tanto en Cuba como en Estados Unidos, Varela fue un promotor incansable de la libertad y la justicia, siempre guiado por el amor al prójimo y una profunda compasión por los más desfavorecidos.

Su parroquia en Nueva York se distinguió por ser “interétnica e intercultural”, reflejando su visión inclusiva. Dedicó especial atención a la creciente comunidad de inmigrantes, para quienes desarrolló un innovador sistema de asistencia social y caritativa, sentando precedentes en los Estados Unidos. El sacerdote cubano estaba convencido de que una misión arraigada en los principios del Evangelio podía generar una sociedad más equitativa y solidaria.

El legado del padre Félix Varela trasciende su época. Entre sus obras más destacadas se encuentra “Cartas a Elpidio sobre la impiedad, la superstición y el fanatismo en sus relaciones con la sociedad”, que fue elogiada como un “verdadero monumento de enseñanza moral” por San Juan Pablo II durante su viaje apostólico a Cuba en 1998.

Para el arzobispo Paglia, la figura del padre Varela ofrece una luz de esperanza en el “mundo contemporáneo, donde a menudo nos enfrentamos a formas increíbles de violencia y peligrosas divisiones políticas”. Su mensaje, afirmó, representa la posibilidad de la unidad y la reconciliación. Fue, en esencia, un “sacerdote verdaderamente católico, es decir, universal”, cuyo pensamiento y acción encarnan el mensaje del Evangelio, que busca unir en lugar de dividir, respetando siempre las diferencias individuales.

El Pontífice León XIV y el Pontífice Francisco han encontrado en los principios del padre Varela una resonancia con su propio magisterio. El mensaje del sacerdote cubano, según Paglia, “acerca” a ambos pontífices, presentándolos como “tres testigos americanos que invitan a las Américas a un nuevo entusiasmo por una vocación misionera que pone la fe al servicio de una sociedad fervientemente arraigada en el Evangelio”. Esta conexión subraya la actualidad y la perenne validez de la visión de Varela para el continente.

La Iglesia Católica ha reconocido oficialmente la santidad de vida del padre Félix Varela. Fue declarado venerable por el Papa Benedicto XVI en marzo de 2012. El decreto vaticano destacó que “el siervo de Dios se alza en el horizonte de la historia de Cuba como una personalidad notable por sus dotes humanas y por sus virtudes cristianas y sacerdotales”, consolidando su lugar no solo en la historia cubana, sino en la historia de la fe universal.

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