Un llamado urgente desde la asamblea plenaria
Los líderes de la Iglesia católica en la isla han manifestado su profunda inquietud ante el avance de lo que denominan una «oleada anti vida» que erosiona los valores fundamentales de la sociedad. Durante su 60° asamblea plenaria, llevada a cabo los días 4 y 5 de noviembre en la localidad de Aibonito, el episcopado instó a la ciudadanía a redoblar los esfuerzos colectivos para rescatar el bienestar común.
En un pronunciamiento público dirigido a toda la nación, los prelados señalaron que el territorio insular experimenta una dolencia que corroe la tradicional aprecio por la existencia humana, un legado cimentado en la historia de fe de la comunidad. Las estadísticas recientes respaldan esta preocupación institucional, evidenciando un panorama complejo en materia de seguridad y convivencia ciudadana.
Factores estructurales y vulnerabilidad social
Más allá de la violencia interpersonal, el mensaje episcopal puso el foco en las condiciones socioeconómicas que golpean con mayor crudeza a los sectores más desprotegidos, señalando directamente a los ancianos y los pobres como los principales damnificados. Entre los problemas estructurales mencionados figuran el encarecimiento general del costo de vida, las deficiencias críticas en la atención sanitaria y la persistente inestabilidad en el servicio eléctrico.
La problemática del suministro de energía se ha convertido en un obstáculo mayúsculo para el desarrollo diario, caracterizada por un déficit crónico de generación y tarifas que rebasan los estándares continentales. A esta situación se suman la crisis migratoria de quienes intentan alcanzar suelo estadounidense y los recurrentes escándalos de corrupción institucional que erosionan la confianza pública.
Ante este escenario, la jerarquía eclesiástica enfatizó que «la solución a nuestros males sociales agobiantes no provendrá en primer lugar de la estructura económica, del aumento de fondos federales o la vigilancia policíaca, sino, ante todo, de afianzar nuestro fundamento espiritual y cultural, reforzando la conciencia de la dignidad de cada persona, imagen y semejanza de Dios».
Propuestas de cambio y llamado al diálogo
Para contrarrestar la desesperanza y evitar la normalización de la violencia, los obispos propusieron elevar los estándares educativos, adaptándolos a los desafíos contemporáneos marcados por la irrupción de las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial. Asimismo, extendieron una invitación formal a los actores políticos para propiciar espacios de concertación que permitan identificar líneas y consensos en torno a vías de solución relativas a los numerosos problemas que nos aquejan.
Invocando el legado de figuras históricas como el Papa San Juan Pablo II, el episcopado recordó la necesidad de anteponer la centralidad del ser humano en cualquier proyecto de desarrollo. De cara al inicio del periodo litúrgico del Adviento, exhortaron a la grey católica a «asumirlo no como un momento de mera distracción o para decorar las casas o espacios públicos y de trabajo», sino como una oportunidad propicia para comprometerse activamente en la fraternidad.
El documento concluyó con una plegaria dirigida a la patrona nacional: «María, Madre de la Divina Providencia, nos acompañe, como hizo con su Hijo para renovar nuestra fe, esperanza y compromiso de dedicación en la construcción de un pueblo que ame y respete apasionadamente la vida».








