La Iglesia católica en México y en el mundo despide a una de sus figuras más comprometidas con la construcción de la paz y el diálogo. Este 6 de agosto se conoció la noticia del fallecimiento de monseñor Carlos Garfias Merlos, arzobispo emérito de Morelia, a la edad de 75 años. Su deceso marca el fin de cinco décadas de un profundo y fecundo ministerio sacerdotal, caracterizado por una incansable dedicación a la reconciliación y la búsqueda de soluciones ante los desafíos sociales.
La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) fue la institución encargada de comunicar el sensible fallecimiento del prelado, emitiendo un mensaje donde extendía una invitación a todos los fieles para unirse en oración por su eterno descanso. En su declaración, la CEM expresó: “Rogamos a nuestro Señor Jesucristo que lo reciba en su Reino y recompense con la vida eterna su fecundo ministerio y su generosa entrega pastoral al servicio del Evangelio”. Este mensaje reflejó el profundo respeto y la gratitud por la labor de un pastor que siempre puso la esperanza en la resurrección, incluso ante las circunstancias más difíciles.
**Una trayectoria de servicio y formación**
Monseñor Carlos Garfias Merlos nació el 1 de enero de 1951 en Tuxpan, un municipio del estado de Michoacán. Desde joven, su vocación por el servicio divino se hizo evidente, llevándolo a ingresar al seminario. Fue ordenado sacerdote en 1975, iniciando así su ministerio en la Arquidiócesis de Morelia, capital de Michoacán, a la que dedicó gran parte de su vida pastoral.
Su formación académica no se detuvo tras la ordenación. Demostró un constante interés por enriquecer su comprensión del ser humano y su espiritualidad, obteniendo una Maestría y un Doctorado en Psicoterapia y Espiritualidad por la prestigiosa Universidad Intercontinental de la Ciudad de México. Esta sólida preparación multidisciplinaria sería clave en su posterior enfoque pastoral, especialmente en su trabajo por la paz y la atención a las víctimas.
Durante sus primeros veinte años como sacerdote, monseñor Garfias Merlos desempeñó diversas responsabilidades formativas en el Seminario de Morelia, guiando a futuras generaciones de sacerdotes. Fue formador del Seminario Menor de 1975 a 1985, y posteriormente profesor de Pastoral y Sacramentos, además de director del Curso Introductorio del Seminario Mayor de 1985 a 1995. Su liderazgo se extendió a cargos diocesanos importantes, incluyendo la pastoral familiar, la presidencia de la Comisión del Clero de Morelia y la delegación episcopal para la Formación Permanente del Presbiterio.
**Ascenso episcopal y el lema “Cristo es nuestra paz”**
La entrega y capacidad de monseñor Garfias Merlos fueron reconocidas por la Santa Sede. En 1996, el entonces Papa Juan Pablo II lo designó Obispo de Ciudad Altamirano, en el estado de Guerrero. Para su ministerio episcopal, eligió como lema “Cristo es nuestra paz”, una frase que no solo marcó su escudo, sino que se convirtió en la esencia misma de su servicio y liderazgo pastoral. Este lema prefiguraba la vocación pacificadora que definiría gran parte de su trayectoria.
Posteriormente, su servicio episcopal lo llevó a diferentes sedes. En 2003 fue nombrado Obispo de Nezahualcóyotl, en el Estado de México. Luego, en 2010, asumió como Arzobispo de Acapulco, también en Guerrero, una región que enfrentaba y aún enfrenta complejos desafíos de violencia social. Su labor en Acapulco cimentó su reputación como un líder eclesiástico comprometido con el diálogo y la búsqueda de justicia. Finalmente, en 2016, el Papa Francisco lo designó Arzobispo de Morelia, marcando su regreso a la arquidiócesis donde había iniciado su ministerio sacerdotal y donde continuaría su legado. El 19 de enero de 2026, el Papa León XIV aceptó su renuncia al cargo, permitiéndole el merecido descanso tras décadas de servicio.
**Un constructor de paz en un país convulso**
El trabajo de monseñor Garfias Merlos trascendió las fronteras de sus diócesis. Dentro de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), ocupó roles clave como presidente de la Pastoral Juvenil y representante de la Pastoral del Trabajo, ámbitos desde los cuales siempre promovió la dignidad humana y el desarrollo integral.
Sin embargo, fue su compromiso con la paz y la reconciliación lo que lo catapultó a ser una figura de referencia nacional e internacional. En un México aquejado por la violencia, monseñor Garfias Merlos impulsó activamente iniciativas de diálogo y mediación en diversos contextos, buscando tender puentes y sanar heridas. Su labor fue tan significativa que en 2016, la revista Líderes Mexicanos lo incluyó en su lista de los 300 líderes más influyentes del país, destacando su promoción de la paz “ante la difícil situación por la que atraviesa la ciudad de Acapulco”.
Entre 2016 y 2018, fue responsable de la Dimensión de Justicia, Paz y Reconciliación, Fe y Política de la CEM. Desde esta plataforma, lideró la promoción de cinco líneas estratégicas para abordar la violencia en México: la “oración por la paz” como fundamento espiritual; una “campaña mediática” para sensibilizar a la sociedad; el “acercamiento a los jóvenes” para ofrecer alternativas y esperanza; la atención integral “a las víctimas de las violencias, ofreciéndoles ayuda espiritual, psicológica y jurídica”; y el fomento de “diálogos sociales” para construir acuerdos y soluciones desde la base.
Esta intensa labor lo llevó a participar en importantes foros nacionales e internacionales dedicados a la construcción de paz. En 2018, coordinó la participación de los obispos mexicanos en los foros de consulta para el Pacto de Reconciliación Nacional, una iniciativa impulsada por el entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Su liderazgo en estos espacios fue fundamental para integrar la perspectiva de la Iglesia en los esfuerzos por pacificar el país.
El legado de monseñor Carlos Garfias Merlos perdurará como un testimonio de fe, servicio y un compromiso inquebrantable con la dignidad humana y la paz. Su vida fue un eco de su lema episcopal, dejando una profunda huella en la Iglesia y la sociedad mexicana.








