Huancavelica, en el corazón de la cordillera de los Andes peruanos, vibró con la emoción del fútbol clerical al consagrarse campeón de la Champions Clero 2026. La diócesis anfitriona se alzó con la copa tras una final de infarto definida por penales contra Cusco, en un torneo que, más allá de la competencia deportiva, celebra la fraternidad sacerdotal y promueve las vocaciones en el sur del Perú.
La épica jornada del jueves 2 de julio de 2026 culminó con un momento cargado de simbolismo y esperanza. Con el sol ya ocultándose tras los imponentes cerros andinos, el Padre Santiago Salazar, quien días antes había sufrido la dolorosa pérdida de una hermana, se enfrentó al punto penal decisivo. Con admirable serenidad, el sacerdote huancavelicano colocó el balón con precisión junto al poste, desatando la euforia colectiva. Decenas de seminaristas invadieron la cancha mientras clérigos de siete diócesis del sur del país celebraban el merecido título de Huancavelica.
Más de 150 sacerdotes de Puno, Cusco, Abancay, Ayacucho, Huancavelica, Huancayo y Tarma se dieron cita en este campeonato, una tradición que se ha consolidado a lo largo de una década. El Padre José Raúl Ayuque Tornero, sacerdote de la Diócesis de Huancavelica y uno de los principales organizadores del evento, destacó a ACI Prensa que la iniciativa surgió de la amistad entre presbíteros formados en el Seminario Mayor de Abancay. Con el tiempo, este encuentro deportivo se ha convertido en un pilar para el clero de la región, trascendiendo la mera competición para ser una plataforma de unión y evangelización.
El ambiente en la final fue extraordinario, con una notable afluencia de fieles, familias y seminaristas que llenaron las gradas. El Padre Ayuque rememoró la energía contagiosa de los seminaristas menores, quienes, junto a las bandas de música del Seminario Menor San Juan María Vianney y la institución educativa Teresa de la Cruz (dirigida por las Madres Canonesas), amenizaron la jornada. Sus melodías y cánticos alentaban por igual a ambos finalistas, creando una atmósfera festiva y de sana rivalidad.
El partido, que comenzó alrededor de las 5:00 p.m., se vio envuelto en la rápida oscuridad que cae sobre la geografía huancavelicana, añadiendo un dramatismo particular al encuentro. La tensión crecía con cada jugada, y el empate sin goles forzó la definición desde los once metros. Cusco inició la tanda, pero el destino quiso que el arquero local atajara el quinto y último penal, dejando la responsabilidad del triunfo en los pies del Padre Santiago Salazar. Su remate colocado, más allá de la fuerza, fue un testimonio de precisión y fe, sellando la victoria y desatando el jubiloso festejo.
Tras el gol, la cancha se convirtió en un torbellino de celebración. Los sacerdotes, unidos en la alegría, entonaron el himno de San Juan María Vianney, una emotiva composición del fallecido Obispo emérito de Huancavelica, Mons. William Molloy. El Padre Ayuque subrayó la vitalidad del clero huancavelicano, con un promedio de edad cercano a los 35 años, lo que se traduce en un entusiasmo palpable durante estos encuentros fraternos.
La ceremonia de premiación, celebrada ya entrada la noche, confirmó la transferencia de la sede para la próxima edición a la Arquidiócesis de Huancayo. Abancay recibió el cuarto lugar, Ayacucho el tercero, Cusco el segundo y, finalmente, Huancavelica levantó la codiciada copa. “Más allá de la competencia, en todos vi alegría y el gozo de compartir la misión que Dios nos da como sacerdotes”, afirmó el Padre Ayuque, resumiendo el espíritu del torneo.
Daniel Jorge Cruz Olarte, el árbitro del campeonato, destacó la deportividad ejemplar de los participantes. “Lo más grato de ser parte de esta copa fue ver cómo se respetan. Son personas muy sanas; respetan al árbitro, respetan al compañero y viven el deporte con un espíritu de fraternidad”, comentó.
Lo que hoy es un evento consolidado que congrega a siete jurisdicciones eclesiásticas, e incluso cuenta con la participación de obispos, tuvo orígenes humildes. Hace aproximadamente una década, la Champions Clero nació como un encuentro informal entre las diócesis más cercanas: Abancay, Ayacucho y Huancavelica. El Padre Ayuque explicó que, con el tiempo, “poco a poco fue tomando consistencia y ahora ya podemos decir que este encuentro se ha institucionalizado en los Andes peruanos”. Los organizadores tienen la ambición de expandir el torneo, buscando incorporar en el futuro a diócesis como Ica, Arequipa y Tacna, para que represente verdaderamente a todo el sur peruano.
Para los sacerdotes participantes, la Champions Clero va mucho más allá de un simple torneo de fútbol. “Estos encuentros fortalecen nuestra propia santificación como sacerdotes. Nos encontramos con sacerdotes mayores, jóvenes y recién ordenados, de distintas procedencias, y vemos cómo el Señor sigue llamando a cada uno en circunstancias diversas”, reflexionó el Padre Ayuque. Considera que el deporte es una herramienta auténtica para despertar vocaciones, enseñando a vivir en equipo, a construir la comunión, a compartir y a solidarizarse, siempre sintiendo la presencia del hermano.
El Padre Doroteo Borda López, otro de los participantes, enfatizó que la Champions Clero es una profunda experiencia de comunión. “Es una forma de participar como sacerdotes, como Iglesia particular, de encontrarnos. Reunirse alguna vez en la vida con casi 150 sacerdotes y comprobar que el deporte une, el deporte sana y que también forma parte de la espiritualidad es algo muy valioso”, afirmó. Para el Padre Borda, el torneo también es una muestra a los jóvenes de que la Iglesia está viva y que sus ministros son “personas tan normales como cualquier otra”. “En la cancha nos enfadamos, jugamos, corremos, tenemos nuestras diferencias, pero después seguimos compartiendo la vida”, añadió.
El Padre Ayuque cree que la mayor enseñanza para los jóvenes es mostrarles que la misión del sacerdote no se limita únicamente a la piedad o a la oración. “Todas las realidades de la vida pueden y deben ser ofrecidas a Dios. El sacerdote está llamado a llevar la gracia de Dios a todas las personas y a todas las ocupaciones humanas. Por eso hacen falta más obreros para la mies, más jóvenes que entreguen su vida”, sentenció.
Finalmente, el sacerdote defendió la práctica deportiva como una necesidad en la formación integral. “En nuestros seminarios procuramos dedicar al menos una hora diaria a la práctica deportiva, ya que la persona humana es alma y cuerpo”, explicó. Aseguró que el deporte disciplina el cuerpo, lo hace más ágil y ayuda a eliminar toxinas. Una buena condición física facilita la atención a la oración y el encuentro con Dios. Un cuerpo descuidado, advirtió, termina influyendo también en la vida espiritual. En este sentido, el Pontífice Francisco solía referirse a la acedia, una especie de pereza espiritual que a menudo emana de un cuerpo excesivamente cómodo. “El deporte prepara nuestra naturaleza para el encuentro personal con el Señor y nos ayuda a mirar el mundo con más alegría y optimismo en la vida”, concluyó el Padre Ayuque, resumiendo el profundo impacto de la Champions Clero 2026.








