17 febrero, 2026

Más de 45,000 jóvenes católicos de diversas regiones de México se preparan para participar en la Marcha Nacional Juvenil al Monumento a Cristo Rey, situado en el emblemático Cerro del Cubilete, Guanajuato. La peregrinación, programada para el 31 de enero, adquiere un significado especial al conmemorarse el centenario del inicio de la Guerra Cristera, un conflicto que marcó profundamente la historia religiosa y social del país. Los organizadores han detallado un programa de actividades que busca fusionar la devoción, la convivencia juvenil y una reflexión crítica sobre los desafíos actuales para la fe en México.

Las festividades comenzarán la noche del viernes 30 de enero con el “Cubifest”, un encuentro diseñado para la juventud en la comunidad de Aguas Buenas, a los pies del cerro. Este evento, que se extenderá durante toda la noche, promete ser un espacio de interacción y animación, con la participación de bandas nacionales, preparando el ambiente para la jornada de fe. Al amanecer del sábado, se llevará a cabo una Hora Santa, un momento de oración y recogimiento, antes de que se dé el banderazo oficial que marcará el inicio del ascenso hacia la imponente estatua de Cristo Rey. La culminación de esta jornada espiritual será la celebración de la Santa Misa en la cima del Cubilete, presidida por el Nuncio Apostólico en México, Mons. Joseph Spiretti, y concelebrada por el Arzobispo de León, Mons. Jaime Calderón Calderón, junto a un nutrido grupo de obispos y sacerdotes, lo que subraya la relevancia eclesial del evento.

**El Eco de un Conflicto Centenario**

La edición de 2026 de esta multitudinaria peregrinación juvenil se enmarca en la conmemoración de los cien años del inicio de la Guerra Cristera, un levantamiento armado que tuvo lugar entre 1926 y 1929. Este conflicto se gestó a raíz de la entrada en vigor, el 31 de julio de 1926, de la controversial “Ley Calles”. Dicha legislación intensificó las restricciones contra la Iglesia Católica, llevando al episcopado mexicano a suspender el culto público en protesta, lo que a su vez desencadenó un levantamiento espontáneo de católicos en varias zonas del país. Aunque el conflicto armado concluyó formalmente el 21 de junio de 1929 con los “Arreglos”, la persecución y los asesinatos de quienes participaron en el movimiento, conocidos como cristeros, persistieron durante varios años más, dejando una profunda cicatriz en la memoria colectiva nacional.

**Denuncia de una “Censura Sutil” en el Presente**

Durante una conferencia de prensa celebrada el 12 de enero, líderes de la agrupación Testimonio y Esperanza, encargada de la organización anual de la marcha, expresaron una de las motivaciones centrales de esta edición: denunciar lo que describieron como una “censura sutil pero creciente” hacia las manifestaciones católicas en el contexto actual mexicano. Los portavoces señalaron diversos incidentes, como ataques a recintos religiosos, el preocupante incremento en el número de sacerdotes asesinados en años recientes, y lo que calificaron como “intentos de reformas legislativas que buscan limitar la vida religiosa”. Estos hechos, a su juicio, son indicadores de una forma de “persecución” contemporánea.

“Elevamos nuestra voz ante una realidad que hiere profundamente la identidad de México. Vivimos tiempos en los que se busca silenciar la expresión de la fe, acallar a nuestros pastores y confinar a Cristo al ámbito privado, como si la dimensión espiritual fuera un obstáculo en la esfera pública”, manifestaron los organizadores. Argumentaron que, aunque las autoridades actuales no recurran a la fuerza bruta de antaño, “hieren con el mismo desprecio” a través de otras vías. “México no experimenta una auténtica laicidad, sino un ambiente que aspira a erradicar la presencia del cristianismo de la vida social, cultural y política de nuestra nación”, añadieron, en una clara crítica a la visión de laicidad que perciben prevaleciente. Enfatizaron que el propósito de la marcha no es revivir confrontaciones armadas, sino solicitar respeto y libertad para proclamar el mensaje de Cristo de manera pacífica, empleando “la cruz, el Rosario y la oración como instrumentos de paz”.

**La Marcha como “Resistencia Pacífica”**

En declaraciones adicionales, Rubén Loya, miembro de Testimonio y Esperanza, clarificó que el evento trasciende la mera conmemoración de una guerra, buscando más bien evocar “el inicio de la resistencia cristera”. Loya explicó que, mientras el término “guerra” evoca un enfrentamiento bélico, el concepto de “resistencia” abarca un espectro mucho más amplio, incluyendo el testimonio de incontables mártires que sacrificaron su vida por su fe, así como la perseverancia de familias que desde sus hogares “oraron y rezaron el Rosario por el cese de este conflicto”. Recordó también el heroísmo de los sacerdotes que continuaron celebrando la Eucaristía clandestinamente durante el periodo de persecución, como un símbolo de fidelidad y esperanza inquebrantable.

Por ello, Loya concluyó que la conmemoración del centenario de la Cristiada se presenta como un llamado a la paz y a la unidad. No se trata de celebrar un hito bélico, sino de construir “un momento en el que, como Iglesia, nos reencontramos y hallamos el sentido trascendente de nuestras acciones”, reafirmando la relevancia de la fe en la configuración del tejido social mexicano. La peregrinación al Cubilete se erige así no solo como un acto de devoción, sino también como una poderosa manifestación pública de fe y un llamado a la defensa de la libertad religiosa en el México contemporáneo.

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