La asociación Hakuna convoca jornadas sinodales en territorio español y europeo con motivo de su décimo aniversario
La comunidad católica Hakuna ha puesto en marcha un ciclo de reuniones preparatorias de cara al décimo aniversario de su reconocimiento canónico como asociación privada de fieles, un estatus que adquirió en la diócesis de Madrid y cuya primera década se cumplirá de manera oficial en octubre de 2027.
Durante la temporada otoñal, la entidad celebrará seis asambleas de carácter sinodal. Del total de citas previstas, cinco se desarrollarán en distintas regiones de España, mientras que la restante reunirá a los participantes a escala continental. Cada uno de estos eventos se extenderá a lo largo de un fin de semana completo, concebido como un espacio donde los integrantes podrán consagrarse a la oración comunitaria, el diálogo recíproco y la puesta en común de sus inquietudes acerca de la vocación y el compromiso eclesial, según informó la propia institución mediante un comunicado oficial.
Estos cónclaves territoriales servirán como cimiento indispensable para estructurar el tradicional gran evento anual de la organización, programado para el mes de febrero de 2027.
Reflexión sobre el camino recorrido y el futuro
Al convocar estas jornadas de reflexión, el sacerdote y fundador del movimiento, José Pedro Manglano, remarcó que “el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. Con la perspectiva que otorgan estos diez años de trayectoria, Manglano invitó a la comunidad a “parar, mirar hacia atrás y hacia adelante, y ver cómo responder mejor al Señor y cómo servir en la Iglesia y a la sociedad”.
Desde la directiva de la organización señalan que uno de los ejes fundamentales de estas reuniones girará en torno a los denominados “rincones oscuros”, un concepto que alude directamente a las periferias tanto materiales como existenciales de la sociedad actual.
Impulso renovado a los proyectos solidarios
Durante las sesiones de trabajo se instará a los asistentes a meditar sobre cómo dar respuesta, desde una actitud de salida y servicio, a la interrogante “¿Qué quieres que haga por ti?”, buscando que el dinamismo espiritual se materialice bajo el principio de “que no se pierda ninguno”.
Esta dinámica constituye el núcleo de los conocidos como “compartiriados”, una iniciativa mediante la cual los miembros traducen en hechos concretos la caridad cristiana. El objetivo es que el impulso vital recibido mueva a los fieles a socorrer tanto al prójimo inmediato como a aquellas personas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad extrema, tales como la pobreza, las adicciones, las enfermedades o la privación de libertad.
“Vamos con las manos abiertas: tenemos el convencimiento de que aquellos que viven en las periferias del mundo son carne de Cristo: acompañándolos aprendemos a vivir”, recalcan fuentes de la organización.
Metodología de escucha y discernimiento comunitario
Las jornadas preparatorias se regirán bajo los parámetros del método sinodal promovido por la jerarquía eclesiástica en los últimos tiempos. Se configurarán como entornos de escucha activa donde todos los asistentes tendrán la oportunidad de intervenir antes de realizar un discernimiento conjunto. Los ejes prioritarios de estas citas son propiciar el reencuentro personal, la oración litúrgica con la Eucaristía como eje central, la actualización de las novedades de cada núcleo y la puesta en común de inquietudes pastorales.
Bajo el lema “Seguirle en grupo”, la iniciativa responde a una premisa fundamental de la entidad. Catalina Felli, responsable de formación del movimiento, detalla que al tratarse de una familia eucarística se prioriza el seguimiento comunitario de Cristo, de modo que “el grupo no es un añadido a la vocación, sino el lugar donde se sostiene y se comparte”.






