La historia de san Peregrino Laziosi, el protector celestial al que los fieles encomiendan la salud del papa León XIV
En medio de la preocupación global por el estado de salud del papa León XIV, quien convalece en el Hospital Gemelli de Roma tras una intervención quirúrgica que confirmó un cuadro de cáncer de pulmón, la comunidad católica ha intensificado sus plegarias. En este contexto de fe, miles de creyentes alrededor del planeta dirigen sus peticiones hacia una figura histórica concreta: San Peregrino Laziosi, un religioso del siglo XIV de la Orden de los Siervos de María, universalmente reconocido como el patrono de los enfermos de cáncer.
De la rebeldía juvenil a la conversión profunda
Los registros biográficos detallan que san Peregrino nació en 1260 en el seno de una familia adinerada de Forlì, Italia. Durante su primera juventud, el joven se alineó con los sectores políticos locales abiertamente contrarios a la autoridad pontificia.
El punto de inflexión en su vida ocurrió cuando san Felipe Benizi, representante de los servitas, arribó a Forlì con la misión de pacificar la región en nombre del papa Martín IV. En lugar de ser recibido con apertura, el fraile enfrentó el rechazo violento de los lugareños. En medio de la hostilidad, Peregrino agredió físicamente al religioso con una bofetada. La reacción de Felipe marcó al joven para siempre: lejos de devolver la agresión, le ofreció la otra mejilla y comenzó a rezar por él.
Profundamente arrepentido y transformado por aquel acto de misericordia, Peregrino buscó al fraile para pedirle perdón y juró enmendar su camino. La tradición señala que, poco después, experimentó una visión de la Virgen María en la catedral local, quien lo instó a unirse a la comunidad de los servitas en Siena.
Una vida de penitencia y servicio pastoral
Peregrino vistió el hábito religioso a partir de 1292 y destacó por un rigor espiritual extremo, al punto de que la tradición sostiene que evitó sentarse durante un periodo de 30 años. Hacia 1322, sus superiores le encomendaron regresar a su ciudad natal para establecer una nueva casa de la orden, donde se consolidó como un confesor y predicador incansable, siempre disponible para los fieles.
El milagro de la sanación antes de la cirugía
En la etapa final de su existencia, el religioso enfrentó una dura prueba física al desarrollar una severa y dolorosa lesión cancerosa en una de sus extremidades inferiores. La gravedad de la afección generó una fuerte descomposición tisular, lo que llevó al cuerpo médico a programar la amputación de la pierna.
La noche previa a la intervención quirúrgica, el fraile prolongó sus oraciones frente a un crucifijo hasta quedarse dormido. Durante el sueño, experimentó una visión en la que Jesús descendía de la cruz para tocar la zona afectada. Al despertar a la mañana siguiente, la dolencia había desaparecido por completo y los facultativos comprobaron que no quedaban vestigios de la patología.
San Peregrino falleció en 1345 a la edad aproximada de 80 años. Su beatificación se concretó en 1609 y fue elevado a los altares como santo por el papa Benedicto XIII en 1726, estableciéndose su festividad litúrgica el 1 de mayo.
Actualmente, sus reliquias reposan en la Basílica dedicada a su nombre en Forlì, aunque su culto traspasó las fronteras italianas. En ciudades como Chicago, lugar de nacimiento del pontífice actual, los devotos acuden al Santuario Nacional dedicado al santo para interceder por la sanación de los enfermos graves.








