Abril en Siria trasciende la mera conmemoración del Día Mundial del Patrimonio. Para la conciencia colectiva del país, este mes se erige como una profunda temporada de renacimiento cultural, una amalgama de raíces ancestrales que se entrelazan desde las celebraciones de Akitu hasta la solemnidad de la Pascua y la festividad de San Jorge, sin olvidar la memoria de las masacres de 1915 y el Día de la Independencia Nacional. En este periodo cargado de simbolismo, la restauración de los iconos sirios se manifiesta como un acto fundamental para la salvaguarda de la identidad nacional. Va más allá de reparar el paso del tiempo; se trata de devolver a estas figuras sagradas el esplendor de una historia milenaria, afirmando que proteger este acervo cultural no es un lujo, sino una lucha silenciosa por la supervivencia, impulsada por manos sirias.

En este contexto, la artista visual y restauradora Lia Snayej, compartió con ACI MENA —la agencia en árabe de EWTN— su inspirador recorrido hacia este delicado campo. Snayej relata cómo la experiencia de ver iconos dañados por el fuego, con marcas de disparos o cubiertos por densas capas de hollín durante una exposición, se convirtió en un punto de inflexión. Aquel encuentro visual con la vulnerabilidad del patrimonio la impulsó a investigar la restauración con mayor profundidad, antes de consolidar su especialización académica con una maestría en Rusia.

Para Snayej, la restauración de iconos es una disciplina que entrelaza la historia, la química y el arte. Subraya que la esencia de proteger un icono radica en preservar la historia misma, una narrativa visual que ha perdurado a través de generaciones. La meticulosidad es clave en este proceso. Snayej enfatiza que la documentación es el paso más crítico y acompaña cada etapa del trabajo. Cada detalle, desde el estado inicial hasta las intervenciones realizadas, se registra en un archivo específico que acompaña al icono, funcionando casi como su “tarjeta de identidad” permanente.

El proceso restaurador se inicia con un estudio exhaustivo de la historia de la pieza y su contexto artístico, lo que permite elaborar un plan de restauración preciso y adaptado. La artista aclara que no todos los iconos requieren una restauración intensiva; algunos solo necesitan medidas de conservación para detener su deterioro. Cada imagen presenta una condición única, lo que asemeja el trabajo de restauración a un tratamiento médico, donde cada “paciente” exige un diagnóstico y una terapia específica. Las etapas principales incluyen la estabilización de la capa de pintura mediante materiales especializados, como el “papel japonés”, seguida de una cuidadosa limpieza y esterilización. Snayej describe esta fase como extremadamente delicada, advirtiendo que un error mínimo podría resultar en la pérdida irreversible del color original. El proceso culmina con el retoque de las áreas dañadas y la aplicación de una nueva capa protectora que asegura la preservación de la obra para el futuro.

Al evaluar la situación actual de los iconos sirios, Snayej advierte que el mayor peligro reside en la escasez de atención que reciben. Señala que muchos iconos históricos son vendidos fuera de Siria a precios irrisorios, mientras que los originales son una rareza en los hogares, donde predominan las reproducciones impresas. Además, la restauradora critica la negligencia de algunas iglesias en cuanto a la conservación de sus propios tesoros. Recordó un incidente en Líbano, donde encontró dos iconos históricos almacenados en condiciones deplorables, en un almacén húmedo, antes de asumir su restauración. También alerta sobre prácticas cotidianas que, inadvertidamente, causan daños severos a estas obras de arte, como la colocación directa de velas bajo ellos o el uso de materiales de limpieza inadecuados.

A pesar de las múltiples dificultades, incluyendo la compleja obtención de materiales de restauración y su elevado coste, Snayej mantiene un compromiso inquebrantable con su vocación. Explica que su profunda pasión a menudo la impulsa a trabajar de forma gratuita con tal de preservar una obra de arte amenazada, demostrando un altruismo admirable en su misión. El mes pasado, su labor fue destacada en una exposición organizada por la Iglesia Ortodoxa Griega en Damasco, donde presentó dos iconos históricos que había restaurado. Entre ellos, una notable obra rusa de San Nicolás y un icono compuesto por cuatro partes que representaban a la Virgen María, con la imagen de Jesús crucificado en el centro.

Lo que más sorprendió a Snayej de aquel evento no fue la exposición en sí, sino el genuino interés y la gran cantidad de preguntas formuladas por los visitantes sobre la historia de los iconos y las intrincadas técnicas de restauración. Para ella, esta respuesta pública reflejó un deseo notable de redescubrir y reconectar con este inestimable patrimonio. Snayej concluye que el trabajo con los iconos le ha infundido un profundo respeto por la labor artística y la investigación rigurosa, transformando su especialización en un compromiso personal que trasciende las fronteras de una mera profesión, consolidándola como una guardiana de la memoria cultural de Siria.

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