19 agosto, 2026

Confusión y suspensiones imprevistas en Italia

La anulación de última hora de las ceremonias fúnebres católicas correspondientes a dos prominentes figuras de la masonería en territorio italiano ha sacado a la luz un profundo desconcierto en torno a los vínculos entre la jerarquía eclesial y dicha organización clandestina. Esta controversia surge tras una década marcada por intentos de diálogo y acercamiento institucional con una entidad que ha permanecido proscrita por la institución religiosa durante siglos.

El primer suceso tuvo lugar a comienzos del mes de agosto, cuando se programó el servicio litúrgico para Bruno Battisti D’Amario, un reconocido guitarrista de 88 años vinculado al célebre compositor Ennio Morricone, fallecido el 5 de agosto. El evento religioso, previsto para el 7 de agosto en la célebre iglesia de Santa Maria in Montesanto en Roma, debió cancelarse luego de que la organización Gran Oriente de Italia difundiera un comunicado digital —posteriormente eliminado— en el que confirmaba la pertenencia del músico al grado 33 de la masonería.

Tras recibir una alerta procedente del medio especializado La Nuova Bussola Quotidiana, el sacerdote responsable notificó al rector del templo, Mons. Antonio Staglianò. Este último se comunicó de inmediato con el Cardenal Baldassare Reina, Vicario General de la Diócesis de Roma, quien consultó con el departamento jurídico antes de revocar el permiso. Según explicó Mons. Staglianò, el Cardenal Reina “no tuvo más alternativa que negar la autorización para la Misa exequial”.

Aplicación estricta del derecho canónico

Un episodio similar ocurrió apenas dos días más tarde, cuando el obispo de Sanremo-Ventimiglia, Mons. Antonio Suetta, interrumpió los preparativos fúnebres de Mario Tarducci, exgran maestro de 73 años, cuyos nexos masónicos salieron a la luz a través de la prensa regional. Ambas prohibiciones se fundamentaron en el canon 1184, el cual estipula la negativa de exequias eclesiásticas a pecadores manifiestos u opositores públicos de la doctrina, a menos que existan indicios de arrepentimiento previo.

La normativa eclesiástica prohíbe de manera tajante la afiliación de los fieles a sociedades masónicas desde la promulgación de la bula In eminenti en 1738, una postura que el Vaticano reafirmó formalmente en noviembre de 2023. Pese a estas directrices, las recientes cancelaciones han provocado intensos debates sobre los vacíos de información que permitieron planificar dichos eventos religiosos hasta instancias tan avanzadas.

Repercusiones y cuestionamientos al diálogo institucional

En el caso de Roma, el párroco aseguró encontrarse “completamente a oscuras sobre todo el asunto”, al igual que los familiares directos del artista. Aunque se denegó el rito litúrgico principal, se habilitó un espacio de oración privado conforme a las normativas canónicas y se autorizó la celebración de misas supletorias en su memoria tras el entierro, sin incluir las exequias solemnes.

Analistas del ámbito eclesiástico señalan que estos hechos reflejan la ambigüedad generada por cumbres previas de acercamiento, como el encuentro celebrado en Milán en febrero de 2024 entre representantes católicos y líderes masónicos. Durante aquella reunión, algunos sectores sugirieron una supuesta compatibilidad entre ambas membresías, bajo el argumento de aplicar criterios de flexibilidad similares a los implementados en otras áreas pastorales.

Para Riccardo Cascioli, director de La Nuova Bussola Quotidiana, estos sucesos evidencian una peligrosa convivencia doctrinal. “Sin duda existe una pretensión por parte de las logias masónicas de ser aceptadas por la Iglesia”, expresó, advirtiendo sobre la necesidad de una intervención directa desde la Santa Sede que disipe cualquier ambigüedad sobre la incompatibilidad absoluta entre el catolicismo y la masonería.

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