6 noviembre, 2026

Las huellas de una vocación forjada en tierras peruanas

Mucho antes de asumir la máxima jerarquía de la Iglesia católica como León XIV, Robert Prevost recorría los caminos del norte peruano con una cercanía pastoral que dejó una huella imborrable. Lejos de los despachos formales, el entonces religioso trabajó incansablemente como profesor, formador, párroco y obispo, involucrándose de lleno en la realidad social del país.

Uno de los testigos privilegiados de esta trayectoria es el P. Alexander Lam, agustino peruano y actual vicario general de la Orden de San Agustín en Roma. Durante más de tres décadas, Lam ha compartido diversas etapas de la vida religiosa junto al actual Pontífice, a quien conoció cuando apenas comenzaba su noviciado.

“Lo conocí cuando yo era novicio de la Orden y él ya era formador en Trujillo”, recuerda el sacerdote en una entrevista con EWTN, rememorando los años en que Prevost dirigía la formación de nuevos religiosos y ejercía la docencia en el Seminario Mayor San Carlos y San Marcelo.

La presencia de Prevost en Perú comenzó en 1985, cuando llegó a Chulucanas con apenas 29 años para integrarse a la misión agustiniana. Aquella primera vivencia marcó profundamente su visión pastoral. Posteriormente, su labor se extendió hasta 1999 en la ciudad de Trujillo, consolidando el periodo más extenso de su etapa misionera en territorio peruano.

Una cercanía paternal que marcó a toda una generación

Al evocar sus primeros años de convivencia, el P. Lam destaca la calidad humana y el talante dialogante del entonces superior. A pesar de provenir de formaciones distintas, el religioso peruano resalta que siempre se sintió respaldado y comprendido.

“Me sentí escuchado en mis decisiones, en mis aciertos y también en mis errores. Él era muy paternal. Creo que esa fue la primera impresión que tuve de Robert Prevost”, asegura el sacerdote, quien subraya que el Pontífice mantiene intacta esa misma prudencia y capacidad de guía.

Para el vicario general, el conocimiento que posee el Papa sobre las dificultades cotidianas de las comunidades vulnerables proviene de su experiencia directa en las periferias. Al haber encabezado una diócesis tan extensa y geográficamente diversa como la de Chiclayo, con realidades contrastadas entre la costa y la sierra, Prevost comprendió a fondo los retos estructurales, sociales y económicos del país.

El compromiso absoluto de quien adopta una patria

El vínculo entre el actual Papa y la nación sudamericana trascendió lo meramente administrativo. Para el P. Lam, la decisión de nacionalizarse peruano al asumir el obispado chiclayano representó una entrega total, comparable con los afectos más profundos de la vida.

“Cuando se hizo peruano al asumir la diócesis de Chiclayo fue como cuando amas a alguien: te comprometes con todo lo que esa persona es”, afirma el sacerdote agustino, quien considera que esta vivencia comunitaria y participativa moldeó de forma definitiva la concepción eclesial de Prevost.

Este arraigo emocional cobra especial relevancia ante su próxima visita oficial al país, programada del miércoles 11 al lunes 16, la cual incluirá paradas significativas en Lima, Cuzco, Pucallpa y la entrañable ciudad de Chiclayo, considerada por el Pontífice como su verdadero hogar.

El testimonio vivo de la cercanía con el pueblo

La sintonía de Prevost con los ciudadanos no se limitaba a los actos litúrgicos formales. Un claro ejemplo de su vocación de servicio ocurrió en enero de 2018, durante la visita del Papa Francisco a Perú, cuando el entonces obispo de Chiclayo decidió pasar la vigilia a la intemperie junto a los miles de fieles que acampaban para presenciar la histórica misa.

“Cuando Francisco viajó a Perú, Robert Prevost acompañó a los fieles y pasó la vigilia con ellos. Ese gesto reflejaba muy bien su estilo: estar cerca de la gente y compartir sus experiencias”, concluye el P. Lam, reafirmando que la expectativa generalizada ante el regreso del Pontífice se resume en una sola frase compartida por todo el pueblo: “Vuelve a casa”.

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