25 abril, 2026

En un significativo encuentro celebrado en el Vaticano, el Papa León XIV recibió a miembros del Partido Popular Europeo (PPE), la principal fuerza política del Parlamento Europeo. Durante su discurso, el Santo Padre hizo un firme llamado a los legisladores para que la política se concentre en la construcción del bien común, siempre con la dignidad de la persona humana como eje central, y reconozca la profunda herencia cristiana que ha forjado la identidad del continente.

El Pontífice acogió a los diputados y representantes de la bancada del PPE, que agrupa a 188 parlamentarios europeos tras las elecciones de 2024. Este partido, de tendencia centroderecha y fuertemente europeísta, fue fundado en 1976 por movimientos demócrata-cristianos y conservadores, cuyo manifiesto subraya la importancia de “proteger nuestro estilo de vida europeo preservando nuestros valores cristianos y nuestros principios fundamentales”. La audiencia, en el Palacio Apostólico, subrayó la relevancia de los lazos entre la Santa Sede y las instituciones europeas.

León XIV extendió su agradecimiento a la organización por su reconocimiento constante de la herencia cristiana de Europa, calificándola como un “factor común y unificador”. En sus palabras, esta herencia ha permitido al continente trascender el “espíritu revanchista y conflictivo que había conducido a la Segunda Guerra Mundial”, sentando las bases para la cooperación y la paz que caracterizan a la Unión Europea moderna. Recordó que, en 2006, Benedicto XVI también había destacado la importancia de estas raíces históricas y culturales para el futuro de Europa.

El Papa León profundizó en la misión esencial de la actividad política, describiéndola como la capacidad de “ofrecer un horizonte ideal”. Enfatizó que la política auténtica “exige una visión amplia del futuro sin temor a tomar decisiones difíciles e incluso impopulares cuando sea necesario para el bien común”. Desde esta perspectiva, la acción política se eleva a la “forma más elevada de caridad”, al dedicarse plenamente al servicio y la construcción del bienestar colectivo de la sociedad.

Sin embargo, el Pontífice alertó sobre los peligros de confundir la búsqueda de un ideal con la exaltación de una ideología. “Perseguir un ideal no significa exaltar una ideología”, afirmó, explicando que esta última es una “mistificación de la realidad y su violencia”. Las ideologías, según el Santo Padre, distorsionan las ideas y “esclavizan a la humanidad a sus propios intereses, sofocando sus verdaderas aspiraciones, su búsqueda de libertad, felicidad y bienestar personal y social”. Por ello, reiteró que la actividad de los legisladores y de todo político debe orientarse siempre con “la persona humana en el centro”.

En este contexto, el Papa León XIV hizo hincapié en el papel activo de la ciudadanía. “El pueblo es el centro de su compromiso, y no pueden ignorarlo”, señaló a los eurodiputados. Definió al pueblo no como un mero “sujeto pasivo, receptor de propuestas y decisiones políticas”, sino como un “sujeto activo, participando en toda acción política”. Este compromiso directo y la involucración ciudadana constituyen, a su juicio, “el mejor antídoto contra los populismos que solo buscan el consenso fácil y los elitismos que tienden a actuar sin consenso”, fenómenos prevalentes en el panorama político actual. Una “política popular”, concluyó, “requiere tiempo, proyectos compartidos y amor por la verdad”.

Ante una realidad política a menudo marcada por “eslóganes y consignas vacías”, el Papa instó a reconectar con las personas “mediante el contacto personal y la reconstrucción de una red de relaciones en el ámbito local, para que todos se sientan parte de una comunidad y participen en su destino”. Esta cercanía es crucial para una política efectiva y humana.

Para los políticos de fe cristiana, el Santo Padre subrayó la necesidad de “redescubrir y hacer propia” la herencia cristiana de Europa, manteniendo una clara distinción entre el testimonio religioso profético –propio de la comunidad eclesial– y el testimonio cristiano en el ámbito de las decisiones políticas concretas. “Ser cristiano en política no significa ser confesional, sino permitir que el Evangelio ilumine las decisiones que deben tomarse, incluso aquellas que no parecen generar un consenso fácil”, explicó León XIV. Implica, además, “trabajar para asegurar que la conexión entre la ley natural y la ley positiva, entre las raíces cristianas y la acción política, no desaparezca”.

Finalmente, el Pontífice expuso desafíos concretos para una política comprometida. Destacó la importancia de una “perspectiva realista, partiendo de los problemas concretos de las personas”, priorizando “condiciones laborales dignas que fomenten el ingenio y la creatividad en un mercado cada vez más deshumanizador e insatisfactorio”. Asimismo, abordó la necesidad de superar el “temor —aparentemente muy europeo— a formar una familia y tener hijos”, y de afrontar “las causas profundas de la migración, cuidando a quienes sufren, pero también considerando las posibilidades reales de acoger e integrar a los migrantes en la sociedad”. Concluyó el Papa León enfatizando que “ser cristianos involucrados en la política significa invertir en la libertad, no en una libertad banalizada reducida al placer, sino en una libertad anclada en la verdad, que protege la libertad religiosa, la libertad de pensamiento y de conciencia en todo lugar y condición humana, evitando ‘alimentar un cortocircuito de los derechos humanos’, que termina dejando espacio para la fuerza y la opresión”.

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