27 junio, 2026

El Vaticano es, desde este 26 de junio, epicentro de un crucial debate eclesial. El Papa León XIV inauguró el Consistorio Extraordinario, una asamblea de dos días que congrega a cerca de 130 cardenales de diversas latitudes, convocados para abordar los principales desafíos que enfrenta la Iglesia contemporánea. La jornada comenzó con una significativa Misa presidida por el Santo Padre en la Basílica de San Pedro, donde, en su homilía, el Pontífice hizo un enfático llamado a la unidad de la fe, la promoción de la paz global y la obediencia a la Palabra viva de Jesús.

En un ambiente de profunda reflexión, el Papa León se dirigió a los purpurados congregados “en torno al altar del Señor, junto a la tumba de san Pedro”. Destacó la diversidad de procedencia de los cardenales, quienes traen consigo las realidades de sus comunidades y pueblos, junto con sus experiencias pastorales, tanto las exitosas como las desafiantes. Esta confluencia de sentimientos y pensamientos, subrayó el Pontífice, encuentra su centro luminoso en Cristo, la “vid verdadera” (Jn 15,1), de quien fluyen la gracia y la verdad para renovar la vida íntima y nutrir el trabajo del Consistorio.

El Pontífice enfatizó la advertencia del Evangelio: “Permanezcan en mí como yo en ustedes” (Jn 15,4), recordando que “separados de mí no pueden hacer nada” (Jn 15,5). No obstante, el deseo de Cristo es que sus discípulos den “mucho fruto” (Jn 15,8), un crecimiento exuberante que la gracia divina produce en quienes la acogen. León explicó que esta vida, iniciada en la fe, se fortalece incluso en la prueba, ya que es cultivada por la solicitud del Padre.

La elección de las fechas para este Consistorio no fue casual. El Santo Padre destacó que la asamblea se celebra en la víspera de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, figuras centrales de la Iglesia católica y romana. Estos dos misioneros mártires, cuya predicación y vida se fundieron hasta formar parte de las Sagradas Escrituras, son un faro para el discernimiento actual. Al escuchar las palabras de San Pablo a los Corintios, el Papa León estableció una clara consonancia con el Evangelio, al señalar que los diversos carismas, ministerios y actividades eclesiales son como sarmientos de la única vid, el único Señor, quien infunde el Espíritu Santo en su Iglesia para el bien común.

A partir de la Palabra de Dios, el Papa León XIV delineó tres indicaciones clave para el discernimiento de los cardenales. En primer lugar, la verdadera libertad se comparte en la fe, inspirada por Pedro y Pablo. Esta relación con Jesucristo libera del pecado y del miedo, enviando a los discípulos al mundo como sucesores de los apóstoles. El Pontífice afirmó que anunciar el Evangelio, celebrar los sacramentos y dedicarse al rebaño solo es posible y fructífero en la medida en que se cree en Cristo, el Buen Pastor. La fe, un don nunca dado por sentado, vivifica la Iglesia, pues corresponde a la gracia que nutre sus sarmientos. “La Iglesia viva es la Iglesia que cree”, dijo, animando a dar testimonio de esta misión con entusiasmo, teniendo a Cristo como principio y fin.

En segundo lugar, el Papa instó a pedir el don de la paz en la unidad. Ante las crecientes tensiones internacionales y conflictos que hieren a la humanidad, el Pontífice reconoció el surgimiento de iniciativas que defienden la dignidad humana, la justicia y el derecho. Subrayó que la guerra nunca es digna del hombre ni bendecida por Dios, ya que el Creador dotó a la humanidad de inteligencia y voluntad para resolver conflictos de manera humana, no animal. La unidad de la familia humana, más allá de naciones y pueblos, es un principio ético, y la paz un deber de justicia.

En este contexto, el Papa León XIV invitó a reflexionar sobre la encíclica *Magnifica humanitas*, que él mismo promulgó el pasado 15 de mayo. En ella, se retoma el camino trazado por San Pablo VI, quien en medio de la Guerra Fría y desequilibrios económicos, introdujo la “civilización del amor”, proponiendo un orden social donde justicia y caridad se entrelazan. De este modo, el testimonio cristiano se convierte en “profecía de un mundo nuevo, en evangelización y servicio”, promoviendo un desarrollo humano integral. El Papa enfatizó que la Iglesia, al anunciar el Evangelio, es “para todos”, sin tomar partido, ofreciendo a cada persona una palabra de conversión y salvación.

Finalmente, el tercer punto de la homilía de León XIV se centró en la concordia en la obediencia, que es escuchar y reconocer el don del Verbo encarnado. Este ejercicio permite al Espíritu Santo guiar a la Iglesia, señalando problemas y oportunidades pastorales, purificando intenciones y corrigiendo desviaciones. El Santo Padre vinculó esto con la puesta en práctica del Sínodo, que invita a avanzar en la unidad de la fe y la promoción de la paz. Recordó palabras de Francisco, quien en su exhortación apostólica *Evangelii gaudium*, señaló que “los enormes y veloces cambios culturales requieren que prestemos una constante atención para intentar expresar las verdades de siempre en un lenguaje que permita advertir su permanente novedad” (n. 41).

León concluyó que el Verbo, hecho hombre, se expresa en todas las lenguas, transformando culturas desde dentro a través de los cristianos. Así, mientras las ideologías mundanas se marchitan, el Espíritu Santo hace florecer en la Iglesia la comprensión fraterna, la caridad y el impulso misionero. El Pontífice destacó que el trabajo conjunto de los obispos, en su colegialidad, resume la sinodalidad en la que participan todos los bautizados. Subrayó que la ayuda que los cardenales le puedan prestar en el ejercicio del ministerio petrino es solicitada por quien pide, no por quien manda. La autoridad del primado, reafirmó el Papa, es propia de quien escucha para guiar, y aprende para enseñar, siempre siguiendo al único Maestro. Que la intercesión de los santos apóstoles Pedro y Pablo acompañe este camino, deseó el Pontífice.

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