8 junio, 2026

Ciudad del Vaticano – El Papa León XIV enfatizó este miércoles, durante la Audiencia General celebrada en la Plaza de San Pedro, la importancia fundamental de una liturgia “viva y devota” como el recurso más efectivo para reavivar la conexión con la divinidad. Ante miles de peregrinos congregados bajo el sol del 3 de junio de 2026, el Pontífice continuó su ciclo de catequesis dedicado a los “Documentos del Concilio Vaticano II”, centrándose en la Constitución *Sacrosanctum Concilium* y, en particular, en los elementos esenciales del rito, el signo y el símbolo dentro de la sagrada liturgia.

“La experiencia de una liturgia viva y devota es el mejor recurso para volver a despertar en todos esa apertura al encuentro con Dios que, en la lógica de la encarnación, solo puede tener lugar involucrando a todo el hombre: espíritu, alma y cuerpo”, afirmó León XIV. Con estas palabras, el Santo Padre subrayó la necesidad de una participación integral en las celebraciones litúrgicas, no como meros espectadores, sino como actores conscientes de un don divino.

La catequesis de León XIV se adentró en la rica tradición del Concilio Vaticano II, que, influenciado por el valioso Movimiento Litúrgico, redescubrió una verdad central en la Iglesia primitiva: los ritos cristianos no son simples ornamentos ceremoniales o un conjunto de actos arbitrarios. Por el contrario, explicó el Papa, constituyen la mediación eclesial a través de la cual la gracia divina se hace presente. El Concilio, según el Pontífice, invita a los fieles a comprender el *Mysterium fidei*, el misterio de la fe, que se realiza de manera tangible a través de los ritos y oraciones litúrgicas, tal como lo indica la *Sacrosanctum Concilium* (SC, 48).

**El Rito: Forma para la Acción Litúrgica y la Vida**

El Papa León XIV desglosó el concepto de rito, explicando que este confiere forma a la acción litúrgica y, por extensión, a la vida de los creyentes. Al hacerlo, genera una sensibilidad espiritual que capacita a las personas para saborear la presencia de Dios a través de Jesucristo. Sin embargo, esta experiencia transformadora requiere una participación activa y consciente, que va más allá de la mera observación. “Si nosotros no nos quedamos al margen o como espectadores mudos respecto a la liturgia, sino que participamos con todo nuestro ser – cuerpo, mente y corazón –, en obediencia al mandato del Señor”, es cuando el rito revela su verdadero poder, aseveró el Obispo de Roma.

A través del rito sagrado, los fieles se forman en la escucha de la Palabra de Dios, en la acción de gracias y la adoración, en el compartir fraterno y en la comunión eclesial. El rito, con su secuencia definida de gestos y oraciones, rompe con la tendencia individualista a la espontaneidad, no para encorsetar la libertad, sino para reconducir a lo esencial. “Con la sobriedad solemne de sus ritmos, el rito interrumpe actividades frenéticas, reconduciéndonos a lo esencial”, explicó León XIV, destacando cómo permite una lógica de gratuidad y un descanso que regenera el corazón, al tiempo que facilita la experiencia de un ritmo habitado por el Espíritu Santo. En la liturgia, se descubre una dimensión de la acción que trasciende los cálculos productivos y una experiencia del tiempo y el espacio con un sentido renovado.

**Signos y Símbolos: La Gramática del Rito**

El Santo Padre prosiguió su exposición analizando la “gramática del rito”, que se entrelaza intrínsecamente con los signos y símbolos propios de la liturgia. El Concilio, recordó, afirma que “los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre” (SC, 7). Citando el Catecismo de la Iglesia Católica, León XIV enfatizó que el significado de estos signos arraiga en la creación, la cultura humana, los acontecimientos de la Antigua Alianza y se revela plenamente en la persona y obra de Cristo. Como ejemplo, mencionó el agua, que desde los orígenes de la creación hasta el bautismo, simboliza purificación y nueva vida.

Aunque los términos “signo” y “símbolo” a menudo se usan indistintamente, el Papa puntualizó su distinción en el contexto litúrgico. Un signo se vuelve simbólico cuando no solo remite a una idea, sino a todo un sistema de significados y valores. Así, el agua bendita no solo es un signo, sino un símbolo que reaviva la conciencia del don del Bautismo y la adhesión a la vida en Cristo. Los símbolos, además, poseen un carácter esencialmente práctico, manifestándose en acciones sencillas como arrodillarse o darse la paz, o en actos más complejos que constituyen cada Sacramento. Estos símbolos poseen una dimensión performativa y transformadora, afectando tanto a los elementos materiales como a quienes entran en contacto con ellos, generando pertenencia, tocando el corazón y la mente, y suscitando auténticas relaciones eclesiales.

**La Relevancia de Francisco: Ser Capaces de Símbolos**

En este punto de su reflexión, León XIV recordó la Carta Apostólica *Desiderio desideravi*, donde el Papa Francisco, haciendo eco de la visión de Romano Guardini, identificó “la primera tarea del trabajo de la formación litúrgica: el hombre ha de volver a ser capaz de símbolos” (n. 44). Esta cita del Pontífice emérito resalta la urgencia de reeducar a la humanidad en la comprensión y vivencia de la simbología.

El Papa León XIV concluyó su catequesis invitando a los fieles a dejarse formar por los ritos de la liturgia, cuidando con delicadeza la belleza de las celebraciones y comprometiéndose con una auténtica mistagogía, es decir, una iniciación progresiva y guiada a los misterios de la fe. Una liturgia participativa y una catequesis mistagógica adecuada son, para León XIV, la combinación ideal para reavivar la apertura al encuentro con Dios, involucrando al ser humano en su totalidad: espíritu, alma y cuerpo.

Al finalizar, el Pontífice saludó afectuosamente a los peregrinos de habla española, animándolos a participar activamente en las celebraciones litúrgicas para que estas se conviertan verdaderamente en un encuentro vivo con el Señor, y les impartió su bendición.

Nuevos