En un contexto de profunda reflexión sobre el sacrificio y la fe, la Iglesia universal conmemora el legado de los beatos Miguel Tomaszek y Zbigneo Strzalkowski, dos jóvenes sacerdotes franciscanos conventuales asesinados en los Andes peruanos por el grupo terrorista Sendero Luminoso en 1991. Este recuerdo cobra especial relevancia con las palabras del Papa León XIV, quien en un mensaje reciente ha subrayado la trascendencia de su martirio para la edificación de la Iglesia.
El sacerdote franciscano Giorgio Laggioni, al recordar el testimonio de estos mártires, resaltó la sencillez y el compromiso que caracterizaron sus vidas. “Su ‘culpa’ fue haber llevado a los campesinos la palabra del Señor, haber compartido su pobreza y haber sido ejemplos de humildad evangélica”, afirmó el P. Laggioni en un video conmemorativo difundido este abril. Esta dedicación al servicio, que les costó la vida en agosto de 1991, resuena con particular fuerza en la actual celebración de los “13 Martes de San Antonio de Padua”, una tradición franciscana de oración y preparación para la festividad del santo. En este año 2026, la tradición se enmarca además en el Año Jubilar por el octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís, fundador de la orden a la que pertenecían los beatos.
**La misión en el corazón de los Andes peruanos**
Los padres Michele Tomaszek, de 31 años, y Zbigneo Strzalkowski, de 33, habían dedicado once años de su vida a la misión en Perú. En la localidad de Pariacoto, en la región andina de Áncash, donde llevaban tres años de servicio pastoral, compartían la vida con las comunidades más vulnerables. Su labor evangelizadora trascendía las enseñanzas religiosas; implicaba un acompañamiento cercano, la promoción humana y el apoyo a los más pobres, quienes se sentían amparados por la presencia de los religiosos.
El Perú de principios de los años 90 era un país convulsionado. Una profunda crisis económica azotaba a la nación mientras la violencia terrorista de Sendero Luminoso sembraba el terror, buscando imponer un régimen comunista a través de asesinatos selectivos de autoridades, líderes comunales y miles de civiles en pueblos y ciudades, incluyendo la capital, Lima. Para los ideólogos de Sendero Luminoso, la influencia de los sacerdotes, su mensaje de esperanza y su cercanía con el pueblo representaban una amenaza directa a sus planes de captar adeptos y dominar las comunidades campesinas. La fe y la caridad de los padres Tomaszek y Strzalkowski se erigieron como un contrapoder moral frente a la brutalidad ideológica.
**Reconocimiento y legado papal**
El testimonio de los mártires de Pariacoto no pasó desapercibido para la Iglesia. El Papa San Juan Pablo II los definió en su momento como “los primeros mártires entre los santos de Perú”, una expresión que subraya la relevancia de su sacrificio en la historia de la fe en la nación andina. Su beatificación tuvo lugar en diciembre de 2015 en la ciudad norteña de Chimbote, un evento que marcó un hito para la Iglesia peruana y universal.
Un detalle significativo que conecta directamente con el Pontífice actual es la presencia del entonces obispo de Chiclayo, quien más tarde sería el Papa León XIV, en la ceremonia de beatificación de 2015. Su participación en ese momento clave revela su cercanía y comprensión de la realidad eclesial y social peruana, un país al que ha servido pastoralmente.
Ya como Sucesor de San Pedro, en diciembre de 2025, el Papa León XIV dedicó un mensaje emotivo y profundo a los mártires de Pariacoto. En su escrito, León destacó la resonancia de su martirio con su propia experiencia misionera: “Habiendo servido también en ese querido país, encuentro en ellos algo profundamente familiar para quien ha vivido la misión, y al mismo tiempo esencial para toda la Iglesia: la comunión que nace cuando historias tan distintas se dejan reunir por Cristo y en Cristo (…) para el bien y la edificación del pueblo de Dios”.
El Santo Padre enfatizó que la entrega de los mártires trasciende cualquier proyecto personal: “La sangre de los mártires no se derramó al servicio de proyectos o ideas personales, sino como una única entrega de amor al Señor y a su pueblo. Su martirio nos muestra —con la autoridad de la vida ofrecida— qué es la verdadera comunión: tantas procedencias, tantos estilos, tantos contextos, tantos dones… pero un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos”. Estas palabras de León subrayan la unidad en la diversidad que caracteriza a la Iglesia y que se manifiesta de forma suprema en el sacrificio de quienes dan la vida por Cristo.
Asimismo, en el extracto recordado por el P. Laggioni, el Papa León XIV reflexionó sobre la juventud de los mártires, desafiando la noción de fragilidad asociada a ella: “en esa juventud que a veces se considera inexperta o frágil, Dios le recordó una vez más a su Iglesia que la fecundidad de la misión no depende de la duración del camino, sino de la fidelidad con que se recorre”. Este mensaje inspira a las nuevas generaciones a vivir con compromiso y fe, independientemente de la etapa de la vida.
**Un legado que perdura**
La memoria de los mártires de Pariacoto sigue viva, no solo en la tradición franciscana de los “13 Martes de San Antonio” o en las reflexiones del Pontífice, sino en el corazón de la Iglesia peruana y universal. Su historia, marcada por la entrega total y la defensa de la fe en circunstancias extremas, se erige como un faro de esperanza y un recordatorio perenne de que la verdadera misión se nutre de la comunión, el servicio y el amor incondicional a Dios y al prójimo. El testimonio de Miguel Tomaszek y Zbigneo Strzalkowski, santificado por su sangre, continúa inspirando a creyentes de todo el mundo a vivir con valentía la misión evangelizadora.




