4 noviembre, 2026

Un recorrido por la fe y la historia del continente

El próximo periplo internacional del Pontífice por territorio sudamericano incluirá paradas clave en tres centros de profunda devoción mariana situados en Uruguay, Argentina y Perú. Cada uno de estos enclaves guarda una relación muy estrecha con la identidad de sus respectivas naciones y, en uno de los casos, con los años de servicio pastoral previos del máximo jerarca de la Iglesia católica.

La agenda papal no contempla idénticas actividades en todas las localizaciones. Mientras que en los destinos uruguayo y argentino el Obispo de Roma presidirá solemnes celebraciones eucarísticas abiertas a los fieles, la escala peruana priorizará un espacio de diálogo cercano con obispos, sacerdotes, consagrados y diversos agentes de la pastoral local.

Florida y los cimientos de la soberanía uruguaya

La primera escala de este viaje conducirá al Papa hasta la ciudad de Florida, un punto geográfico ineludible para comprender el proceso de emancipación del país. En este lugar se erige el Santuario Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres, cuya advocación es la patrona oficial de la nación.

De acuerdo con los registros históricos recopilados por la Iglesia local, la pequeña imagen de madera llegó a la región durante el siglo XVIII. Su impronta quedó grabada en la memoria colectiva cuando, en 1825, los próceres independentistas acudieron al templo tras proclamar la autonomía nacional para encomendar el destino patrio a la protección de la Virgen.

El historiador y religioso Esteban Puig Tarrats detalla en su obra La Aurora de América que los patriotas portaron la bandera tricolor hasta el altar. Años más tarde, en 1962, el Papa Juan XXIII ratificó su patronazgo y, en 1988, el recinto recibió al Papa Juan Pablo II. Ahora, el 8 de noviembre, León XIV presidirá una multitudinaria Misa en este histórico solar.

Luján: el milagro de la carreta y el legado del Negro Manuel

El segundo punto del itinerario se trasladará a la provincia de Buenos Aires, donde se encuentra la imponente Basílica de Nuestra Señora de Luján. Los anales de esta devoción se remontan a 1630, cuando un hacendado portugués solicitó el envío de dos imágenes religiosas desde el puerto porteño hacia su estancia.

La tradición sostiene que los bueyes que transportaban las tallas se detuvieron misteriosamente a la vera del río Luján y se negaron a continuar la marcha. El vehículo solo pudo reanudar su trayecto una vez que se retiró el cajón que portaba la representación de la Inmaculada Concepción, interpretándose el hecho como un deseo divino de la Virgen de permanecer en el sitio.

El relato histórico destaca la figura del Negro Manuel, un fiel custodio de origen africano que dedicó décadas de su vida a cuidar la imagen y recaudar fondos para edificar la primera capilla. La devoción creció hasta consolidar una de las peregrinaciones más convocantes del continente. La imagen fue coronada de forma solemne en 1887 y el templo neogótico se convirtió en símbolo de la fe argentina.

El 11 de noviembre, León XIV oficiará una eucaristía en la explanada de la basílica, congregando a millares de fieles devotos de la patrona nacional.

El reencuentro de León XIV con Nuestra Señora de la Paz en Chiclayo

La última etapa del viaje posee un cariz marcadamente personal. Para el actual Pontífice, Chiclayo representa el escenario donde ejerció su ministerio episcopal durante su etapa como obispo en tierras peruanas.

Su vínculo con el Santuario de Nuestra Señora de la Paz quedó sellado el 21 de octubre de 2015, fecha en la que dejó un mensaje manuscrito en el Libro de Oro encomendando su labor pastoral a la advocación mariana. Testigos de aquella época recuerdan su constante presencia en el templo para la oración personal y el encuentro con la comunidad religiosa.

Ya investido como Sumo Pontífice, el Papa ratificó esta conexión al designar el templo chiclayano como sede principal de la Jornada Mundial del Enfermo. El 13 de noviembre, el Santo Padre volverá a cruzar las puertas de este santuario para sostener un encuentro con los representantes de la Iglesia peruana, cerrando su gira en el mismo altar al que confió sus primeros años como pastor diocesano.

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